La última entrevista en armas.es a Santiago Abascal y sus declaraciones en torno a la libertad de tenencia de armas han sido uno de los grandes trending topic mediáticos de la semana, dándonos la comidilla que todos estábamos esperando para hablar de algo al margen del manido juicio a los políticos presos.

La dejadez de funciones por parte del Estado en lo referente  a la inseguridad ciudadana, cuya tendencia al alza es confirmada por las propias instituciones, es ya más una cuestión de urgencia que evidencia: Según la última estadística de criminalidad del Ministerio del Interior, los asaltos y robos se han incrementado entre un 40 y un 80% en el último año en municipios de Madrid como Las Rozas, Majadahonda o Galapagar, un aumento que se extiende por toda España, donde Barcelona lidera las estadísticas nacionales con un incremento de los robos violentos del 19,4%.

No se le puede quitar la razón a Abascal cuando afirma lo dramático de que «la ley está tratando a estas personas (los que se defienden) como villanos, y a sus asaltantes como víctimas», y postula como solución «un cambio radical urgente en la ley» que permita a los españoles «disponer de un arma en su casa» y «usarla en situaciones de amenaza real».

Parece ser que está de moda en nuestros días aplicar cierto gradualismo, aludir a la prudencia y el consenso político para tomar ciertas medidas, argumentando una imposibilidad para alterar determinadas leyes en cortos espacios de tiempo, todo depende de que se considere «urgente». Quizá sería más prudente, en este caso «establecer un consenso social» pro-armas previamente a su aplicación (sic).

Esta urgencia social, que lo es, como muestran las cifras, tiene como toda urgencia el peligro de que al tratarla, la pasión prime a la razón, olvidando que «toda pasión es un movimiento del espíritu que carece de razón o que la desobedece» como advertía Cicerón siglos atrás.

Fuera como fuese, los espectáculos de testosterona en Abascal comienzan a ser dignos rivales de los pronunciamientos de Putin o Trump, altamente eficaces para ocupar las portadas de los periódicos pero que pasan por alto las fatales consecuencias de dejar de lado la razón en toda actuación política. No sin motivo, alguna díscola artista le trata ya de Semental.

La ingeniería social a la que el sistema lleva décadas sometiendo a los españoles comienza a hacer visibles los fatales efectos de la división y enfrentamiento que constituye su yunque particular. Descomposición de la nación y división entre sus habitantes. Ruptura de las familias. División en la educación. División entre el hombre y la mujer. Dialéctica ideológica. Abismos económicos… El español está adquiriendo todo lo necesario para que en su modus vivendi solo haya un objetivo a eliminar: otro español.

Estas últimas declaraciones a las que nos referimos han implicado sin duda un tirón mediático, seguramente un aumento en los índices de popularidad, está aún por ver si también le supone fortuna en los índices de voto. Seguramente han sido fruto de la espontaneidad, sin buscar los efectos mencionados pero… ¿se ha parado Abascal a pensar en las consecuencias de armar a un pueblo enfrentado? Es extraño que no haya caído en que lo primero a esconder cuando dos ex-novias se juntan, son los cuchillos. Ante la evidente situación de inseguridad ciudadana, solo caben dos opciones. La primera de ellas, devolver la autoridad, competencias y soberanía a quienes han sido preparados para velar por la seguridad de los españoles, que son las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. La segunda, armar a un pueblo enfrentado. Lo que sí es una evidencia es que a lo largo de 2017, casi 40.000 personas murieron en Estados Unidos como consecuencia directa de las armas de fuego. ¿Quién define cuáles son las «situaciones de amenaza real» en que el español medio puede usarlas? ¿Estaríamos dispuestos a asumir las consecuencias numéricas en bajas de estos actos? ¿Qué porcentaje del millón de musulmanes españoles «sin antecedentes y en pleno uso de sus facultades mentales» es o puede ser radicalizado y hacer uso de este derecho? ¿Y de las hordas nacionalistas dispuestas al uso de armas? ¿Qué es para estos dos colectivos una «situación de amenaza real»? ¿Permitirá el criterio de proporcionalidad a los FCSE hacer uso de la violencia caso de ser atacados por ciudadanos armados o seguirán con las pelotas de goma?

La postura expuesta por Abascal así como su argumentario, es ya una reivindicación tradicional que el liberalismo más férreo en España, representado por el mal llamado Instituto Juan de Mariana, viene reclamando desde hace años. En este sentido, uno de sus miembros más destacados, Albert Esplugas, afirmó en un alarde de demagogia que «la verdadera disyuntiva» debe ser «entre una sociedad donde criminales y ciudadanos de bien van armados, y una sociedad donde solo van armados los criminales». Una concepción que muestra a las claras como el fin pretendido por toda ideología es más la ¿libertad? frente a la injerencia estatal y no tanto la seguridad de los habitantes. No se pretende como «verdadera» o si quiera posible «disyuntiva» la paz de unos y la anulación de otros: No queda ya solución para este buen salvaje corrompido por la sociedad.

Es curioso como en pleno momento de fractura social, en lugar de reclamar la autoridad y competencias arrebatadas a los héroes que arriesgan su vida cada día, se aboga por la universalización de las armas entre los mediocres que ni conocemos su funcionamiento, ni tenemos el criterio para emplearlas. La explicación, lejos de ser sencillamente la seguridad, radica en que «el Estado monopoliza la capacidad de defensa» y, como todo monopolio del Estado, debe ser arrebatado: «Laissez faire et laissez passer, le monde va de lui même», decían.

Nos vamos quedando sin alternativas. O bien la inquietud de Abascal por esta regulación armamentística elude todo criterio prudencial, armando a todo un pueblo con el enfrentamiento sobre la mesa, o bien se debe a lo ideológico que pretende, simplemente, eliminar (en lugar de reforzar) un monopolio más del Estado.

Miremos el vaso medio lleno y no medio vacío: Esperemos que, al menos, si los deseos del Semental se hacen realidad, sean un primer paso para acabar con la dichosa proporcionalidad que tanto está costando a los garantes de nuestra seguridad. ¿Aumento en las condiciones y medidas de seguridad de los españoles? Todo el posible. ¿Privatizar y subjetivar la justicia? Quizá el remedio sea peor que la enfermedad. Día a día vemos como el poder coactivo del Estado es prácticamente ilimitado, el problema es que no se aplica ni como, ni cuando, ni con quien se debería. Pero hay muchas alternativas antes de tamaña propuesta.

El complejo mundo de los americanismos en el bueno de Abascal no tiene sentido aparente. Si lo que pretende es la seguridad ciudadana, la edificación del prometido muro habría sido sin duda un avance. Resultó ser «una especie de metáfora». Confiemos, en esta ocasión,  que el gatillo fácil de Abascal acabe nuevamente en gatillazo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

You May Also Like

Vox: ¿votarlo o no votarlo? Esa es la cuestión.

Leí varios artículos días atrás sobre Vox y su problemática para un…