El presente artículo pretende comentar la tesis idealista sobre la evolución del pensamiento religioso. En efecto, Strauss, que fue discípulo de Hegel, y toda la escuela exegética que le siguió, parte de un falso presupuesto, que consiste en suponer que un dogma religioso se forma con el paso del tiempo y no es una verdad transmitida desde los inicios. Así, por ejemplo, la divinidad de Cristo sería algo que inventaron los cristianos en el siglo II y al principio únicamente se creía que Jesús era un gran maestro humano. Por eso, Strauss dice que hay que buscar el Jesús histórico y desmitologizar la figura de Jesús que las primeras comunidades idealizaron.

Como puede entrelucir nuestro lector, un razonamiento como el anterior es eminentemente idealista: parte de un falso prejuicio del autor (la figura de Jesús está idealizada) e intenta aplicarlo a la realidad. Para poder rebatirlo son necesarias dos cosas: primero, mostrar las fuentes históricas (crítica externa); segundo, analizar el estilo lingüístico de los códices que nos han llegado (crítica interna) para comprobar si existen añadidos posteriores.

No obstante, no pretendemos ocuparnos aquí del tema de la divinidad de Cristo, sino de los orígenes del monoteísmo, debido a que es un asunto al que se le suele aplicar el mismo esquema del razonamiento idealista anterior. En efecto, es común leer en revistas científicas que primero fue el politeísmo y luego el monoteísmo, es decir, que el pensamiento religioso de las culturas se fue sofisticando yendo de un fetichismo a la adoración de un solo Dios. La pregunta que nos hacemos aquí es si eso fue realmente así, esto es, si aconteció históricamente. O más bien habría que pensar en una degeneración del pensamiento religioso de las culturas, en un paso de un monoteísmo primitivo a un politeísmo posterior.

Para realizar nuestro propósito acudimos a la historia antigua y comprobamos que destaca el pueblo hebreo como representante del monoteísmo . En el libro que cuenta los orígenes de su historia religiosa (Génesis) se nos narra que en un principio fue la adoración de un único Dios, pero luego los pueblos se alejaron de Él y cayeron en la idolatría. Sin embargo, los exégetas de nuestro tiempo, que están imbuidos de racionalismo idealista, tergiversan la historia del pueblo elegido. El neoyorquino Steinmueller nos dice que estos idealistas suelen afirmar que la religión pre-mosaica de Israel fue al principio un simple naturalismo religioso, como una especie de fetichismo, de magia o totemismo . Más adelante, este fetichismo evolucionaría a una especie de animismo, para después llegar al politeísmo o culto de muchos dioses. Y finalmente, con Moisés o con David, se inicia un cuarto periodo, que es el monolátrico y abarca hasta los profetas del s. VIII a.C. No obstante, en esta fase el pueblo hebreo vio en Yahveh su dios nacional, pero no el único dios. Es decir, reconocían también a Baal como dios nacional de los fenicios. Sin embargo, a partir del s. VIII a. C. los profetas escritores nos brindan un nuevo concepto de Yahveh, y entonces aparece el monoteísmo puro. A partir de este momento los hebreos veneran a Yahveh no solamente como su divinidad nacional, sino como el único y verdadero Dios, el Dios Legislador.

Como puede comprobar nuestro querido lector, una explicación como ésta violenta el sentido de los textos bíblicos. No hay en ella lugar para la doctrina del pecado original y pone seriamente en duda la historicidad del Pentateuco. Y también de paso se anula el concepto de inspiración, que para un auténtico racionalista no existe. Las consecuencias que se derivan de este moderno modo de pensar son catastróficas para el catolicismo. “Destruid a Adán y Eva y al pecado original, y entre los escombros hallaréis los lamentables despojos del Hijo de Dios”, opinaba Richard Bozart y no le faltaba razón.

Lo cierto es que estos nuevos exégetas se dejan llevar, consciente o inconscientemente, de sus prejuicios derivados de la filosofía de Hegel. A lo mejor ellos no lo saben, pero esa es raíz del árbol de donde brota el fruto de sus palabras. En efecto, la idea de un progreso hacia formas más complejas y mejores atraviesa la filosofía de la historia de Hegel, y de aquí bebe Strauss, tal y como hemos visto al inicio del artículo. No es lícito presuponer antes de la investigación histórica que el monoteísmo es posterior al culto de muchos dioses, sino que debemos esperar el fruto de dicha investigación y luego dar las conclusiones.

Pero vayamos al grano. ¿Acaso puede un exégeta argumentar que el politeísmo es anterior al monoteísmo? ¿Dispone tal vez de algún códice que avale su postura? Negativo. Lo que nos dicen los documentos antiguos es lo contrario y la crítica externa en este punto es determinante. Entonces, ¿qué pruebas presentan? Los exégetas racionalistas se aferran fuertemente meras a conjeturas léxicas o internas al texto, las cuales son perfectamente discutibles y contestables. Una de ellas es la que hace referencia al tema de los nombres divinos (Yahvé, Elohim, etc.), que según estos autores reflejaría diversas corrientes de pensamiento religioso (yahvista, elohista, etc.), unas más antiguas y otras más nuevas. Sin embargo, ¿es esto cierto? ¿Existieron realmente dichas corrientes de pensamiento? ¿O es un invento de un autor (Wellhausen) cuarenta siglos después de los acontecimientos? Parece que más bien es esto segundo. En el mundo judío no hay ninguna referencia a dichas corrientes de pensamiento religioso y prueba de ello es que Flavio Josefo no nos da ninguna información sobre ellas, ni tampoco los autores antiguos. A este respecto, el profesor Straubinger anota:

Los críticos han llamado la atención sobre el hecho de que en este capítulo y en el siguiente, el escritor sagrado use el nombre de Yahvé, combinándolo con Elohim y formando un compuesto “Yahvé Elohim”. Los más avanzados han atribuido a este fenómeno tanta importancia, que sostienen que en este versículo comienza a escribir otro autor, el “yahvista”. De esta manera destruyen la unidad del Pentateuco y lo reparten entre diversos autores: yahvistas, elohistas y otros, llegando al extremo de negar por completo su origen mosaico…Hoy sabemos que esa particularidad tiene poco peso, pues las versiones antiguas, los Setenta y el Samaritano, no coinciden en este punto con el texto hebreo masorético, lo cual prueba que el uso distinto de los nombres de Dios no tiene tanta importancia como le atribuyen los críticos, si bien se puede admitir que Moisés tuvo a mano fuentes de diverso estilo y diversos nombres de Dios. En todo caso, ha de sostenerse que Moisés es el autor del Pentateuco .

Por otro lado, en modo alguno podemos sostener la tesis de estos racionalistas que hacen de la monolatría la culminación del evolucionismo religioso. Grandes antropólogos han dicho lo contrario. El P. W. Schmidt, por ejemplo, ha demostrado cómo el rasgo principal de las religiones primitivas es el monoteísmo, esto es, la creencia en un Ser Supremo. Y tanto Landon como el P. Lagrange afirman que los sumerios y los semitas fueron originariamente monoteístas.

En fin, creemos que el politeísmo es una degeneración del monoteísmo primitivo. Los griegos al principio veneraban con el nombre de Júpiter, Poseidón, Venus…a las grandes fuerzas naturales como manifestaciones de un dios inaccesible, el Caos. No es pues el monoteísmo el que surgió después del politeísmo. No fueron así los hechos históricos, que son los que verdaderamente importan y no las ideas de un profesor alemán que desde su estudio especula (o inventa). Ratzinger decía que “los grandes problemas de la exégesis del siglo XX son problemas filosóficos” y lo prueba la existencia de un idealismo en la exégesis de la Biblia.

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