Leí varios artículos días atrás sobre Vox y su problemática para un católico. Algunos artículos traslucían mayor inteligencia que otros, pero por lo general, defendían la casi-obligación moral de votar a Vox, como mal menor que era y como única posibilidad de regenerar España.

En las conversaciones de bar y los grupos de WhatsApp efluye el tópico de los partidos políticos, generando acaloradas disputas que rara vez logran hacer cambiar de pensar al oponente. Pensando en ello fue que decidí escribir este artículo, no tanto de los partidos políticos en general, sino sobre Vox en concreto, que es lo que incumbe o preocupa hoy al votante católico. Decidí plasmar mis argumentos en un artículo más que nada por poner en orden mis ideas  que no fuesen un cúmulo de argumentos falaces, y también por si a otro, a dos días de las elecciones, le sirviera de algo.

He leído varias cosas que querría refutar, como que Vox es «el único programa político (…) que no conculca los principios no-negociables de Benedicto XVI» (vida, familia natural, libertad de enseñanza y bien común). También he podido leer a aquellos que, viendo algunas cosas malas que propone Vox, muestran un nivel más alto de formación que los anteriores. Pero esa formación se ve anulada por el clásico argumento de dos palabras ante el que todos se rinden: mal menor. Es curioso ver cómo la gente esgrime este argumento sin saber bien qué es el mal menor, teniendo una idea amorfa de qué puede implicar o qué requisitos requiere para su aplicación.

Querría hacer un par de consideraciones al respecto, y brevemente demostrar por qué considero inmoral para un católico votar a Vox.

En primer lugar, quería reflexionar sobre la idea de «principios no-negociables» de Benedicto XVI. Probablemente se haya sacado de contexto o desquiciado esta afirmación del Pontífice, pero resulta evidente que ningún principio es negociable. Parece, entonces, que no puede haber principios no-negociables. Básicamente porque no puede haber principios negociables. Sólo hay principios sin más. O ¿acaso alguien podría negociar con el principio de no-contradicción (algo no puede ser y no ser la misma cosa, a la vez y en el mismo sentido)? ¿Y con el principio de obrar bien y evitar el mal? Sucede lo mismo con el principio de que el fin no justifica los medios, o con otros tantos principios que, por serlo, no son sujetos de negociación, sino que son fundamento del pensar y del obrar.

En segundo lugar, quería abordar el tema del mal menor. Se ha dado un fenómeno muy curioso, aunque triste: el católico medio ha caído en las redes del partidismo actual y está siendo arrastrado al progresismo, modernismo y liberalismo en virtud del llamado principio del mal menor. Uno piensa en Alianza Popular en sus albores y ve al PP hoy, y cuesta creer que los mismos votantes permanezcan en el PP votando cosas contradictorias respecto de las que votaban 40 años atrás. El lector me dirá: «no, no, los que votaban a Alianza Popular son los que ahora votan a Vox, se mantienen fieles a lo que votaban». Querido público, Vox no le llega al talón a Alianza Popular. Y Alianza Popular no es santo de mi devoción, que conste.

Pero, ¿qué es el mal menor[1]? Se dice de aquella doctrina ética que defiende la elección del menor de los males cuando son dos los males entre los que se puede elegir. Voy a intentar resumir al máximo para no alargarme. El principio del mal menor requiere que la elección sea binaria, es decir, entre dos cosas. También que la elección sea forzosa, es decir, que a uno no le quede otra que elegir una cosa u otra. Y, por último, que las dos cosas entre las que se elija sean malas. Esto lo respalda tanto Aristóteles, como Santo Tomás, como el Beato Kempis y otros muchos que no enumeraré por no hacerme tedioso.

Por tanto, cabe plantearse si Vox es un mal como para poder ser considerado mal menor. La respuesta es afirmativa. Vox es un partido liberal hasta la médula. Y todos los lectores sabrán ya que el liberalismo fue condenado por Pablo VI bajo forma de Declaración de los derechos del hombre; o por Gregorio XVI en su encíclica «Mirari vos»; y de forma mucho más contundente por Pío IX en su encíclica «Syllabus». Recoge bien toda esa doctrina católica respecto del liberalismo un sacerdote llamado Félix Sardà i Salvany en su libro «El liberalismo es pecado».

Además de ser liberal, Vox defiende la vida poco a poco, si se pudiera decir así. Quieren volver a la antigua ley del aborto, y ya después prohibirlo. El argumento es que tiene que haber una transformación social para prohibirlo, es decir, que todos estén de acuerdo. Si tienen mayoría para volver a la ley anterior, ¿por qué no para prohibir el aborto de primeras? Porque quieren que haya consenso. Es una barbaridad que, pudiendo prohibir el asesinato infantil, no se haga. Eso es comisión por omisión. También Abascal dijo en una entrevista que si una mujer es violada, ya no es lo mismo en materia de aborto.

Sobre el tema de la homosexualidad, son conocidas las declaraciones de Abascal, de que él no estaría en contra de que dos homosexuales adoptasen a un niño.

Al final, de los «cuatro principios innegociables», Vox sólo defiende la enseñanza. Porque en el tema del bien común son liberales, que es casi peor que ser comunista. En el tema de la defensa de la vida, si hay violación… En fin. Y sobre el tema de la familia, al permitir la adopción de niños por homosexuales, no sé qué concepto de familia manejan.

Por tanto, sabiendo ya que Vox es un mal, ¿le sería aplicable el principio del mal menor? Sólo si se cumpliesen los dos requisitos antes señalados: elección entre dos cosas, y entre dos cosas malas. Ahora bien, la elección no es binaria, pues hay multiplicidad de partidos entre los que elegir (son más de 70 partidos). La elección no es obligatoria, pues se puede decidir no votar (a nadie le ponen una pistola en la cabeza para ir votar y, aún en ese caso, no es obligatorio). Por último, las cosas entre las que elegir no son todas malas. Hay partidos inocuos, por más pequeños que sean, que se pueden votar. Por tanto, el principio del mal menor no es aplicable al voto a Vox.

A lo que se quiere referir el votante de Vox es al llamado voto útil, tan condenado por ellos refiriéndose al PP, y tan condenado por León XIII. Es decir, el voto útil es un pseudo-principio del mal menor que ya no tiene en cuenta la totalidad de opciones, sino sólo las que tienen más posibilidades de salir.

Habiendo visto que Vox no es un mal menor, sino que es un mal (y muy malo). Cabe ya un último argumento como zarpazo antes de morir: si no votamos a Vox, saldrá algo peor. Aquí respondo con un principio y con una cita y ya concluyo. El principio que se vulnera al obrar así es aquel antes mentado: el fin no justifica los medios. O, lo que es lo mismo, como diría Sócrates en el Critón: «no se debe cometer una injusticia, ni siquiera para evitar una injusticia mayor».

[1] Para leer más del autor sobre el tema, en el segundo número de la Revista Hispánica, se publicará un artículo titulado «El problema del mal menor en su aplicación política».

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