Resumen del original que se publicará en el segundo ejemplar impreso de Revista Hispánica.

Durante las pasadas elecciones del 28 de abril, asistimos a un fenómeno que sin duda puede calificarse de esperanzador, más allá de que caiga o no en saco roto, lo que por cierto dependerá de nosotros. El votante medio de las formaciones asociadas a la derecha otorgó un peso específico a sus creencias a la hora de votar. Mayor o menor, definitivo o no, por miedo o esperanza, pero se tuvo en cuenta. Y se tuvo en cuenta porque, todo sea dicho, algunos de los líderes políticos hicieron alusiones bien directas, bien veladas, al Credo de los españoles.

También hicieron alusión y llamamiento a este curioso fenómeno conocido como <<voto católico>> diversos medios de comunicación digital. En algunos de ellos, cuyo nombre de cabecera omitiremos, emplearon una serie de citas doctrinales de Santos, Pontífices y Cardenales como argumento para dar el voto a una formación política concreta como es Vox.

Fake News, bulos, sensacionalismos, marketing político, promesas vacías, tesis falsas incluso artículos escritos hace décadas con opiniones a años luz de las actuales… todo eso vale en la partitocracia como vemos cada día.

Pero si entre católicos al margen de esta partitocracia, sacamos la doctrina de la Iglesia a relucir como argumento, debemos recordar siempre que esta ha de ser transmitida en su integridad, en su contexto, matizando a quien se dirige y a quien no, y sobre todo, aportando las citas completas y las condiciones que los autores de las mismas impusieron para su validez y aplicación.

Santo Tomás, tolerancia y aborto.

Santo Tomás de Aquino ha sido uno de los grandes santos cuya doctrina se ha empleado para que los católicos, en razón de su doctrina, den su voto a la formación de la que hablamos.

En este sentido, la cita que a continuación se reproduce ha sido un argumento de peso para sufragar lo que ahora parece ser el Mal Menor: <<los que gobiernan en el régimen humano rectamente toleran algunos males para que no sean impedidos otros bienes o para evitar males peores>>. Desconocemos si se emplea esta cita para justificar el voto al mal menor que por lo visto representa Vox o tan solo algunas de sus medidas. Sea como fuere, corramos un tupido velo sobre la evidencia de que ya se comienza presentando a Vox como ese manido mal menor y no un bien persé.

Más allá de esto, son varias las cuestiones que se han debido pasar por alto a quienes emplean estos argumentos y citas: La totalidad de la sentencia, y por primera vez, pero no la última, su contexto y contenido. La totalidad de la sentencia de Santo Tomás, ya que parece haberse olvidado incluir la frase inmediatamente anterior a la citada, según la cual <<el gobierno humano proviene del divino y debe imitarle[1]>>.

No podemos olvidar el contexto y el contenido del texto de Santo Tomás, un fragmento de la Suma Teológica, parte II-IIae, Cuestión 10 sobre la Infidelidad en general. Más concretamente, es la respuesta a la pregunta 10ª sobre si <<¿se deben tolerar los ritos de los infieles?>>. Cuesta, ciertamente, sostener que dicho argumento pueda ser aplicable para justificar el voto a una opción política determinada. Lo que desde luego no creemos es que en pleno sigo XXI Vox cuestione <<los ritos de los infieles>>.

Entra en juego, a continuación, la cuestión de la tolerancia en Santo Tomás. Quienes emplean este fragmento como legitimación del mal menor, debieron olvidar su final, al igual que su comienzo: <<Quienes gobiernan toleran también razonablemente algunos males para no impedir otros bienes, o incluso para evitar peores males. Así lo afirma San Agustín en II De Ordine: Quita a las meretrices de entre los humanos y habrás turbado todas las cosas con sensualidades>>. Se expone aquí una condición básica de la tolerancia: se tolera (pasivamente) algo que existe para evitar un mal mayor, pero no entra en la naturaleza de la tolerancia regresar a otro mal o idear otro nuevo (en este caso de modo activo)[2]lo que se verá también en el caso de León XIII.

En este sentido, cosa distinta de la tolerancia (soportar un mal existente) sería el cambio de una ley por otra que sea considerada menos nociva, como es cambiar una ley abortista por otra. Un punto sobre el que, esta vez sí, Santo Tomás se pronuncia explícitamente al respecto en la Suma Teológica, en respuesta a la pregunta de si <<La Ley, ¿Debe modificarse siempre que se encuentra algo mejor?>>. A lo que responde: <<Se modifica rectamente la ley solo cuando mediante su mutación se contribuye al bien común[3]>>. ¿Realmente se puede considerar una contribución al bien común regresar a una legislación que a lo largo de su vigencia (1985-2010) se ha llevado la vida de 2 millones[4][5] de no nacidos por delante?

En fin, Santo Tomás no hace sino afirmar lo que Pablo VI o San Juan Pablo II (con muchos entre medias de tantos siglos) confirmarían muy posteriormente: El fin, por bueno que sea, no puede justificar su consecución a través de un medio ilícito: “En verdad, si es lícito alguna vez tolerar un mal menor a fin de evitar un mal mayor o de promover un bien más grande, no es lícito, ni aun por razones gravísimas, hacer el mal para conseguir el bien[6]” lo que confirma San Juan Pablo II en Veritatis Splendor[7].

A modo de conclusión base para este artículo y sus continuaciones, nos gustaría remarcar la sentencia que una vez recogió el Boletín Oficial Eclesiástico: <<Ningún periódico, revista, folleto o publicación de cualquier género, sea cual fuere la autoridad que prestarles pueda el nombre de sus respectivos autores, tiene la misión de calificar, y menos de definir, si tal o cual teoría y opinión cabe o no dentro de la doctrina católica[8]>>. No es intención ni deber del autor, ni de esta publicación, interpretar la doctrina católica. Mucho menos, calificar la fe de nadie por haber optado por una opción política determinada, sea cual sea. Así lo exigió el mismo Papa a los católicos españoles[9].

Tal y como mencionamos al principio, muchos católicos comienzan a sacar su fe a relucir como argumento más o menos decisivo para depositar su voto. Algo lo suficientemente serio como para que al emplear la doctrina como argumento, se haga al margen de partidismos u opciones con las que uno se identifique. Y sobre todo, transmitiendo esta doctrina en su integridad, con las implicaciones que sus autores establecieron.

Existen, seguro, decenas de razones que buenos católicos habrán empleado para dar su apoyo tanto a Vox como a otras formaciones, y no se duda aquí de su intención ni de su fe. Por eso nos gustaría que, si una de estas razones es la doctrina de los Santos y la Iglesia, lo sea por su estudio detenido e íntegro, y no por breves fragmentos con multitud de interpretaciones posibles. No se trata de Vox si o Vox no, sino de porqué Vox.

Que cada cual vote tan solo a quien su conciencia bien formada le dicte. Como diría el mismo Benedicto XVI, <<la conciencia cristiana bien formada no permite a nadie favorecer con el propio voto la realización de un programa político o la aprobación de una ley particular que contengan propuestas alternativas o contrarias a los contenidos fundamentales de la fe y la moral[10]>>.

[1] Lo que parece incompatible con máximas tales como que <<En la política no juega ningún papel la religión>>, realizadas por Santiago Abascal en su última publicación con Sánchez Drago, <<La España vertebrada>>.

[2] Más en torno a la tolerancia en <<Tolerancia e Indiferencia>> por José Ramón López Crestar, Revista Arbil.

[3] Suma teológica – Parte I-IIae – Cuestión 97. De la mutabilidad de las leyes

[4] Pese a que probablemente sean más, como recoge José María Manrique en <<La Iglesia y el Aborto>>, Revista Arbil.

[5]https://www.20minutos.es/noticia/2012232/0/1985-2011/millones-abortos/espana/

[6] Veritatis Splendor, San Juan Pablo II.

[7] <<La razón testimonia que existen objetos del acto humano que se configuran como no-ordenables a Dios, porque contradicen radicalmente el bien de la persona, creada a su imagen. Son los actos que, en la tradición moral de la Iglesia, han sido denominados intrínsecamente malos («intrinsece malum»): lo son siempre y por sí mismos, es decir, por su objeto, independientemente de las ulteriores intenciones de quien actúa, y de las circunstancias. Por esto, sin negar en absoluto el influjo que sobre la moralidad tienen las circunstancias y, sobre todo, las intenciones, la Iglesia enseña que «existen actos que, por sí y en sí mismos, independientemente de las circunstancias, son siempre gravemente ilícitos por razón de su objeto>>

[8]Boletín Oficial Eclesiástico 20 de diciembre de 1885, pp. 28-30

[9] Normas dadas por encargo de Pío X, firmadas por el Secretario de Estado Merry del Val el 20 de abril de 1911 para la acción política de los católicos españoles, que se pueden consultar, entre otros archivos, en el artículo publicado por Gabriel Alférez Callejón, <<El mal menor en política. Historia y aplicaciones actuales>> en Revista Verbo.

[10] Nota Doctrinal  de la Congregación para la Doctrina de la Fe sobre algunas cuestiones relativas al compromiso y la conducta de los católicos en la  vida política” de Ratzinger en 2002.

2 comments
  1. No creo que sea muy buena referencia citar a Benedicto XVI, teniendo en cuenta su posición liberal . Siempre defendiendo la mal llamada “sana laicidad”. Si por algo se ha derrumbado la doctrina social y la posición de los católicos en la vida pública es porque no se reafirmó después del CVII por ninguno de nuestros “queridos” y “santos” papas La doctrina sobre el reinado social de Cristo , sobre la verdadera libertad religiosa , sobre la actitud de los católicos en la vida pública… Teneís bibliografía de sobra en la revista Verbo sobre estos temas y sobre el “magisterio” de Juan Pablo II y de Benedicto. Una pena. Qué se va a esperar. Pues lo que tenemos , un país apóstata en menos de cincuenta años, con el aborto , el divorcio y un sin fin de leyes abominables. Ah y nuestros “buenos” obispos acudiendo a la constitución para reclamar una buena convivencia.

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