La época relativista que nos ha tocado vivir me permitirá escribir una opinión sobre una cuestión que a muchos no les va a gustar. Ya que todas las opiniones son igualmente válidas, credo que no comparto, yo aquí me sumerjo cual un buzo y enciendo la linterna para opinar sobre el estilo (actual) masculino y poner un poco de luz en esta profundidad, donde ya no se ve nada.

Fue el otro día, cuando iba en el autobús, que dos jóvenes (probablemente de dieciocho años) atrajeron mi atención a una conversación típica de hoy pero atípica de siempre. Me aburría, no tenía otra que hacer y me puse a escucharles. La charla trataba sobre estética y así uno de ellos instruía al otro sobre cómo tenía que arreglar su pelo, con qué baratija tenía que depilarse y el modo en el que había de usarla para no lastimarse la piel. El otro, que desprendía un abrumador perfume playboyero, asentía con la cabeza y, al paso, comentaba sus estilísticas dificultades para mantener fija su tusada cabellera. Demás está decir que la verborrea empleada por los sujetos condecía al estilo de su peinado y sus piltrafas. Cuando bajaron del autobús, no hicieron otra cosa que encender el altavoz y conectar con sus móviles esa música que desprende hoy la más “alta cultura” que vieron los siglos: el TRAP.

Creo que hasta aquí el lector podrá imaginar a los sujetos en cuestión: zapatillas con plataformas vistosas, un pantalón pitillo o skinny, una camiseta suelta tres veces más grande que la enclenque figura, corte de pelo seta atravesado por líneas que dibujan un croquis, la mariconera y el altavoz, que no falte.

Dicho estilo se ve mucho en los adolescentes, propensos a imitar la masa alimentada por la publicidad que no escatima dinero para sus campañas millonarias. Esto de que pertenezcan a tribus porque son pocos es una mentira que ya no se sostiene. Todos se visten igual y lo normal en vestimenta se ha vuelto hoy tribal.

Lo problemático del asunto no es que se vea en adolescentes, sino también en jóvenes que tienen ya su carrera universitaria, treintañeros recién salidos al mercado laboral y, si me apuran, podríamos afirmar que hasta hombres de cuarenta o cincuenta años copian algunas cosas del mentado estilo. Sea en el ajustado pantalón, sea en una camisa laboral (slim fit) o en la americana que no llega a abrocharse…Todo se ha vuelto fitito y parece que cuanto más, mejor. En el fútbol, los jugadores usan camisetas ajustadas desde hace unos 10 o 15 años, en el rugby también. Los runner (o como se dice en castellano de toda la vida: corredores) no dejan de hacer el ridículo con esas mallas apretadas, como si eso les aumentara la velocidad o resistencia de su trayectoria.

Este desenfrenado culto al cuerpo (que no es sólo culto sino ostentación) me ha hecho pensar que la tendencia de ajustar la ropa, contradice al estilo masculino. Este ajuste de tejido puede observarse en muchos estilos y, hasta el pretendido estilo masculino conocido como hipster, ajusta las ropas y marca su cuerpo, ostentándolo también en el meticuloso cuidado de la barba. El varón como tal no hacía ostentación de su cuerpo (de ahí que ni se depilase, ni usase ropa ajustada, ni usara cremas, ni fijaciones para el pelo, etc., etc., y etc.); en primer lugar porque no andaba metido en esas preocupaciones y, en segundo lugar, porque el cuerpo del varón no está preparado para ser visto por su belleza sino para hacer uso de su fuerza. Entraremos luego en materia.

Algunos me sacarán a relucir la moda francesa de los “culotte”, pero por suerte esa moda pasó y se dejó de lado viendo el ridículo que generaban las clases acomodadas de Francia. Quizá es lo único que valore como positivo de la Revolución Francesa: la reivindicación estética de los sans-culottes.

Por todo lo cual, no está de más lanzar un grito de advertencia para aquellos que quieren educar a sus hijos y no verlos arrastrados por las tendencias modernas: la moda es una cuestión de estilo, y la conducta: su fiel reflejo. ¿Pero qué pasa cuando una moda cambia, se instala una tendencia y modifica la conducta?

Continuará…

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

You May Also Like

Vox: ¿votarlo o no votarlo? Esa es la cuestión.

Leí varios artículos días atrás sobre Vox y su problemática para un…