Bienvenidos, lectores, a esta pequeña columna dedicada a profundizar en el arte y sus cuestiones. Nos estrenamos con este artículo, que espero os guste, acerca de una de las pinturas románticas más interesantes que he podido estudiar a lo largo de la carrera. La obra se titula Valdemar de Atterdag recauda el rescate de Visby. 1361, y fue realizada en el año 1882 por el pintor sueco Carl Gustaf Hellqvist.

Siendo sincera, no ha sido fácil decidir qué obra tratar en el primer artículo, ya que no pretendo seguir ningún hilo cronológico y tampoco guiarme por corrientes artísticas ordenadamente. He escogido esta pieza y no otra porque fue mi primer trabajo y un verdadero reto como aspirante a historiadora del arte. Digo que fue un reto porque cuando me puse a recabar información acerca de este desconocido artista, me topé con una extensa bibliografía únicamente escrita en danés.  Sabía que el profesor conocía este «pequeño inconveniente» y yo tenía que estar a la altura, así que me sumí en lo que yo creía mi primera «labor de investigación» escudriñando los rincones de internet, hasta que di con algunas fuentes interesantes y válidas para un trabajo académico. Lo que quiero compartir con vosotros no es tanto la satisfacción que me proporcionó un trabajo bien hecho, sino el maravilloso descubrimiento que supuso: la historia del saqueo de la ciudad de Visby en la isla de Gotland, y su exquisito tratamiento por este artista llamado.

Nos situamos en esta isla del Báltico, cercana a la península escandinava. Su economía se nutría fundamentalmente de un comercio fluido. El lugar incluso gozaba de ciertos privilegios fiscales hasta que, a mediados del siglo XIV, comenzaron unas revueltas entre nobles y campesinos. Desde entonces se desencadenaron una serie de trágicos episodios. La inestabilidad social y la implacable epidemia de peste que asoló la población, debilitó brutalmente la defensa y cohesión de la ciudad de Visby, principal núcleo de población en Gotland. El 22 de julio de 1361, los daneses atacaron la isla introduciéndose por el oeste. Los campesinos se levantaron, armados con aperos, para luchar contra las tropas invasoras. La gran masacre se libró cinco días después a trescientos metros de la muralla de la ciudad. Se estima que mil ochocientos campesinos murieron ese 27 de julio. Las excavaciones arqueológicas de 1905 dirigidas por Oscar Wilhelm Wennersten y Nils Pettersson, descubrieron las cinco fosas funerarias con los fallecidos que dejó la batalla, descubriendo que en el pequeño «ejército» isleño la mayoría eran menores y ancianos.   Sería muy interesante detenernos en las diferentes teorías acerca de porqué los isleños no se cobijaron tras los gruesos muros de su fortaleza, pero nos desviaríamos del asunto.

A continuación, la historia se bifurca en dos versiones, aunque no son excluyentes. Unos afirman que la ciudad de Visby se rindió y que Valdemar solicitó una gran suma de dinero a cambio de dejar al resto de su gente con vida. Hellqvist apoya la descripción más detallada: Valdemar, entronado en la plaza del mercado, ordena colocar tres inmensos barriles de cerveza vacíos. Los habitantes de la ciudad deberían colmarlos de oro, plata y otros tesoros, ya que si no, él arrasaría la isla por completo.

Ahora, prestemos atención al escrupuloso detalle con el que Hellqvist quiso retratar este momento. En el centro del cuadro vemos una familia de cuatro miembros iluminada sutilmente. El padre dirige su atención al Rey. Éste se halla sentado sobre un trono elevado, flanqueado por algunos de sus soldados, fácilmente identificables por el estandarte dorado con tres leones de azur y nueve corazones: el escudo del Reino de Dinamarca. En cuanto a la madre, es en mi opinión, el personaje más interesante de la composición. Aunque el artista no dejó nada escrito al respecto, hay una hipótesis que, aunque no secundo totalmente, tiene bastante sentido. Algunas personas alegan que la mujer está rezando, y que además representa a la Virgen María. Coincido plenamente en que la mujer parece estar formulando algún tipo de plegaria, pero creo que más bien es un símbolo de la fe en la Iglesia medieval y no de la Madre de Dios.

A raíz de mi conjetura, no puedo evitar añadir una reflexión personal que nos lleva un paso más allá. Esta escena, tal y como está configurada, representa con un perfecto equilibrio los contrastes del medievo. En efecto, fue la era de los hombres marcados por la crueldad más visceral. Pero también fue cuando se vivieron algunos de los testimonios de santidad más sobrecogedores y este lado esperanzador de la sociedad medieval es lo que muchos historiadores pretenden desdeñar. Esto lo expuso mucho mejor G. K. Chesterton, quien en una ocasión afirma: «el crítico moderno del medievalismo suele fijarse sólo en las sombras más torvas y no en las luces de la Edad Media». Hellqvist, al igual que muchos seguidores del Romanticismo, vivieron enamorados de este periodo y gracias a su increíble búsqueda por comprender de una forma más perfecta a su amada Edad, supo retratar hasta su esencia más primaria.

Recuerdo que, impresionada por este artista, me puse a cotejar cada uno de los detalles. Descubrí que el vestuario es exactamente el que debería ser, cosa que me sorprendió realmente porque poco después se pondría de moda que las mallas en la moda masculina se alternasen de color, como por ejemplo, llevar una media azul y otra roja. Habría sido muy tentador, como romántico, vestir a sus personajes de una forma más pintoresca y llamativa, pero parece que nuestro artista no cojeaba de ese pie. Fijémonos ahora en lo bien que está representado el hombre judío de la derecha. Porta un sombrero cónico, propio de este siglo, constatado en algunos manuscritos iluminados de la época. Además, sobre el hombro izquierdo, lleva la cruz bordada que se les ordenó llevar en el IV Concilio de Letrán (1215). Por último, corroboré que la iglesia que se eleva detrás del trono del rey Valdemar es la iglesia gótica de Santa Catalina, que sigue existiendo en la actualidad, aunque en ruinas.

Como conclusión y cerrando ya este primer episodio, quería compartir esta foto del estudio de este pintor. No sé a vosotros, pero a mí esta foto realmente me infunde un grandísimo respeto y una profunda admiración. Esta era nos da a nosotros acceso libre a una infinita información con opción de ser traducida con apenas un click. Sin embargo, nosotros ya nunca comprenderemos el trabajo de campo de un historiador o artista. El tener que viajar para simplemente ver, el descifrar lenguas extranjeras, o el rendirse ante un vacío de misterio infranqueable para después, dejar nacer las leyendas. Seguro que muchos siguen sin ser conscientes de que la comodidad puede tener también un alto precio a pagar.

3 comments
  1. León Tolstoy dijo que los historiadores son como gente sorda que va respondiendo preguntas que nadie ha preguntado. Siga esta historiadora respondiéndonos sobre aquello que nuestra mente atareada no es capaz de reflexionar.

    Enhorabuena.

  2. Un articulo muy bien escrito y desarrollado.

    Las comparaciones históricas son difíciles pero para hombres brutos y crueles los de la edad contemporánea: el aborto; las guerras mundiales; los genocidios….

    Que la Mujer representase a la Virgen ¿no está reñido con la religión luterana propia de Suecia?

    1. Efectivamente, la teoría sobre que la mujer pueda representar a María tiene importantes lagunas. Lo más seguro es que Hellqvist perteneciese a la Iglesia sueca y por tanto, sería protestante. Y en segundo lugar, María cómo Madre de Dios tiene un altísimo significado que no se puede expresar simplemente con la figura de una mujer que está probablemente orando. Por eso creo personalmente que es simplemente una alusión a la fe y devoción en la Edad Media.

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