Pero es de lamentar que no pocos de estos, cuanto más firmemente se adhieren a la palabra de Dios, tanto más rebajan el valor de la razón humana, y cuanto con más entusiasmo enaltecen la autoridad de Dios revelante, tanto más ásperamente desprecian el magisterio de la Iglesia… Con frecuencia, en efecto, los mismos disidentes de la verdadera Iglesia públicamente se quejan de la discordia dogmática que reina entre ellos.”

Pío XII.

Asistimos en nuestros días un fenómeno realmente paradójico, más si cabe que en los días en que estas palabras fueron redactadas por Pio XII en 1950, que se podría sintetizar en la “esquizofrenia moral” enunciada por Benedicto XVI.

En un contexto dominado por términos tan pedantes como la posverdad, el relato y el pensamiento líquido, el hombre ya no se encuentra delimitado ni si quiera por parámetros ideológicos o religiosos, pizcando como palomas las migas de pan que más interesen aquí y allá. El hombre ha destruido los esquemas de la realidad para construirse los suyos propios.

Los sucesos ocurridos en los últimos días son cuanto menos significativos de este fenómeno que describimos. Y es que, en nuestros días una misma persona es capaz de profesar, simultáneamente, el más férreo tradicionalismo estético, un radical antiliberalismo político, un profundo franquismo sociológico, aspiraciones revolucionarias en lo social y neocapitalistas en lo económico, un sincero Constituciónalismo, y un ultramontanismo religioso sin precedentes. Aderezado todo ello con ocasionales políticas neoliberales como pueden ser cierta tolerancia con el aborto, con el divorcio, o con la legalización de uniones homosexuales.

Nos encontramos, en resumen, con un panorama social que no duda en despreciar la praxis doctrinal de Iglesia (la actual o a la preconciliar, según convenga) al tiempo que exige a su jerarquía alejarse de unas directrices político-morales (las de los globalistas hoy en boca de todos) y asumir otras (las de los neopatrioteros-identitarios). Católicos que sin practicar las directrices de la Iglesia, le dicen a esta como debe comportarse.

Y yo me pregunto, ¿Qué le importa a la gente las posibles heterodoxias del sínodo de la amazonia cuando ellos mismos son capaces de pontificar que hay ideologías que no son perversas según en qué momento?. ¿Qué le importa a la gente que Mons. Osoro no respalde al Valle de los Caídos cuando, en lugar de en el Valle, están en Vistalegre?. ¿Qué le importa a la gente que algunos Obispos no se posicionen radical y prácticamente contra el aborto, cuando esa misma gente vota por partidos (más o menos) abortistas?.

Hoy en día, uno puede ser franquista en sábado y antifranquista  el domingo. Se puede “no tener miedo a nada ni a nadie” y renunciar a las líneas rojas por no quedarse fuera de los gobiernos. Uno puede ser tradicionalista y considerar que en política no tienen lugar las implicaciones religiosas. Ultra-católico para criticar las heterodoxias de la jerarquía pero ultra-liberal como para considerar que el creer tiene detrás un obrar. Exigir que el Vaticano acoja refugiados pero no la penalización del aborto por violación. Rechazar el Concilio Vaticano I por ortodoxo pero oponerse al sínodo Amazónico por heterodoxo. Se puede ser todo, y se puede ser nada.

Hoy en día, se puede llevar la Cruz de Verdoña pero no la de Borgoña.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

You May Also Like