Ríos de tinta han corrido durante las últimas décadas a propósito de la obra que hoy vamos a comentar. Hay una gran incertidumbre acerca de su autor, comitente, incluso del principal propósito al que puede estar sirviendo esta pintura. Por esta razón, su nombre ha ido cambiando, desde La dedicación de la Iglesia en el siglo XV, cuando fue creada, El triunfo de la Iglesia sobre la Sinagoga en el XIX y finalmente Fuente de la Vida o Fuente de la Gracia desde el siglo XX hasta la actualidad. No hay mucho en claro y su investigación sigue abierta, pero los expertos van llegado a algunas conclusiones o, por lo menos, han descartado algunas ideas imposibles.

Estamos malacostumbrados a las simples explicaciones que nos brindan las cartelas informativas de los museos o la Wikipedia. Sin embargo, todas y cada una de las obras de arte han pasado por un periodo de análisis similar al que veremos a continuación, o incluso mucho más exhaustivo. En los próximos artículos, vamos a ir desgajando este proceso por el que los estudiosos han ido pasando a lo largo de estos años, repasando las diferentes hipótesis que pueden desentrañar este misterio y las que han tenido que ser desechadas.

-LA OBRA-

Para el historiador del arte la primera fuente de información es siempre la obra. Veamos qué información podemos sacar del análisis iconográfico. Comenzaremos por la parte superior, la más importante.

Sobre el fondo cerúleo se alza el trono de Dios, elevándose hasta formar una torre, o más bien una aguja gótica, de la que brotan delgados contrafuertes con finísimos pináculos. Con un impresionante detalle, se decora con esculturillas cuyos personajes no se han podido identificar, aunque se sospecha que pueden ser diferentes personalidades del Antiguo Testamento. Sentado sobre un tapiz de terciopelo azul con bordados dorados, encontramos la representación de Cristo, vestido de púrpura y coronado con la tiara papal. Debe de ser Dios Hijo porque, entre otras cosas, el arte medieval siempre representa a Dios Padre con cabello y barba canosos, pero esta figura es más bien de mediana edad. A sus pies se encuentra el Cordero de Dios, el símbolo zoomorfo de Cristo por excelencia, con una fuerte vinculación a la Pasión y la Eucaristía. Esto nos da muchas pistas sobre el enfoque de la obra.

En los flancos del trono, hay otras cuatro esculturas que no pueden pasar desapercibidas. Se trata del tetramorfos, la representación simbólica de los cuatro evangelistas. El águila de Juan, el buey de Lucas, el ángel de Mateo y el león de Marcos. «Escrito está. No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios» (Mateo 4:4), los evangelios, y en general toda la Palabra de Dios, son un elemento fundamental para la vida de fe y esto tendrá su reflejo en el arte, dándoles un lugar privilegiado en la composición.

A la derecha encontramos a la Virgen María, que viste de azul y lee un libro. A su izquierda, Juan Evangelista, que viste de verde, se encuentra a su vez escribiendo otro. Incido en los colores con los que se adorna cada personaje porque también están milimétricamente escogidos. Sería tentador detenernos en sus significados, pero me veo obligada a dejar algunos detalles sin descifrar y dejarlos a la merced de vuestra inquietud.

La triada formada por Cristo, María y san Juan recibe el nombre de deesis. Hablaremos frecuentemente de este conjunto en otras obras ya que es muy recurrente en el arte, especialmente en el medieval.

Bajando el peldaño que separa este primer registro del segundo, brota del centro un riachuelo con agua clara. Volveremos sobre este detalle más adelante. A ambos lados encontramos cuatro grupos de ángeles, unos tocan diferentes instrumentos y otros cantan a coro. A la derecha, uno de los ángeles deja ver una filacteria que se ha podido transcribir. En ella se lee uno de los versos del Cantar de los cantares que en castellano dice: «Fuente de huertos. Pozo de aguas vivas».

En el centro del tercer y último registro, hay una fuente con pila octogonal, polígono que también oculta un profundo simbolismo. Aquí desemboca el agua que manaba de la primera terraza y, si prestamos atención al detalle, vemos que arrastra pequeñas formas circulares y blanquecinas: son las hostias consagradas. Se trata de la representación literal de la fuente de la Gracia, que nace del Cordero de Cristo y se nos da a través del santísimo sacramento de la Eucaristía.

A los lados se disponen dos grupos distintos: a la derecha de Cristo, la Iglesia; a su izquierda, la Sinagoga. Están separados por la fuente de la Gracia porque la divinidad de Cristo y la Eucaristía, principalmente, son sus puntos de discordancia más fuertes. Dentro del grupo judío, el sumo sacerdote tiene los ojos vendados y porta un estandarte astillado. Sus seguidores se agolpan caóticos con expresiones grotescas e incluso tapándose los oídos. Mientras, los representantes del catolicismo se arrodillan con actitud solemne y guardan silencio.

***

La descripción de las imágenes es una forma fácil de comenzar a recopilar datos cuando no conocemos la obra. Es un análisis inmediato y, simplemente con unos conocimientos básicos en iconología, podemos reconocer lo que se representa de una forma general y más o menos acertada. Sin embargo, después de esta descripción tenemos que interpretar la composición, y aquí es cuando muchos otros datos -como la cronología, autoría, comitente, lugar de creación, etc- deben entrar en juego. Pongamos que tenemos que describir un icono bizantino bajo-medieval que representa a la Virgen María. Sabemos que se hicieron en Oriente miles de estos iconos, pero no sería muy lógico decir, simplemente a raíz de la descripción de las imágenes, que alguna de ellas es la Virgen de la Inmaculada. En primer lugar, porque el dogma de la Inmaculada se proclama en el siglo XIX y, aunque en algunos lugares ya existía esa creencia antes, como es el caso de España, nunca fue aceptada dentro por la Iglesia Ortodoxa. Igual ocurre con una de las suposiciones que hicieron acerca de la pintura que tratamos en el artículo anterior. La mujer que aparecía en el centro de la composición, la que parecía estar rezando, no puede representar a la Virgen María por el sencillo hecho de que Hellqvist era protestante. Desde luego, esto no cuadra mucho con la hipótesis por mucho que algunos se empeñen. Estos son ejemplos muy simples para dejar claro que por mucho que describamos la escena de la obra de arte, siempre tenemos que tener en cuenta su contexto.

No sólo la cronología, el lugar de creación y el autor son importantes. Como ya hemos dicho, el comitente es también fundamental porque suele ayudar a conocer la motivación y futuro propósito al que servirá el arte. Podríamos hablar de muchos otros casos, como el del encargo del Cristo de Velázquez, pero está columna no pretende convertirse en una disertación eterna y creo que los dos ejemplos anteriores pueden bastar para expresar que la contemplación de la imagen no es suficiente para la comprensión de obras de este calibre.

Así mismo, nosotros no podemos decir a la ligera lo que está ocurriendo exactamente en La fuente de la Gracia. ¿Es realmente la fuente el principal tema en la pintura?, o lo es el enfrentamiento entre cristianos y judíos… Ni si quiera estamos seguros de que estén enfrentados. Estas dudas que se mantienen sin resolver son las que han provocado su cambio de nombre en tres ocasiones. No sabremos apenas nada hasta que no logremos responder al menos al dónde, el cuándo, para quién y quién realiza esta obra. Por esta razón, repasaremos los estudios más recientes en que han ayudado a formar las primeras conjeturas consistentes en el siguiente post.

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