España evangelizadora de la mitad del orbe; España martillo de herejes, luz de Trento, espada de Roma, cuna de San Ignacio; ésa es nuestra grandeza y nuestra unidad. Con estas radiantes palabras comenzaba un maravilloso canto al alma de España de la pluma de Menéndez Pelayo. Hoy lejos de ser nuestra España la patria que ensalzaba el poeta, yace herida y maltratada por el peor de los enemigos; el hermano traidor. Hermanos en la sangre y en la Fe que apostatan de la Iglesia de Cristo o la desechan para aferrarse a errores que creíamos hace siglos extintos. Nuestra tierra ha desfigurado su rostro pasando de misionera a nido del paganismo. De martillo a cuna de herejes. Éstos ahora proliferan en nuestras calles propagando todo tipo de blasfemias e irreverencias contra la Religión, a menudo ataviados con trajes y corbatas.

Al extirpar de España su alma y razón única de ser -en palabras de este profético escritor- volverá al cantonalismo de los arévacos y de los vetones o de los reyes de taifas. Una porción de la Hispanidad siguiendo el dictado luciferino de divide et impera prende fuego a las calles de nuestra tierra catalana haciendo oídos sordos a la advertencia del más alto Señor: todo reino dividido contra sí mismo será desolado, caerá casa sobre casa. Arde España mientras ministros infames cenan en restaurantes de lujo y presidentes miserables analizan cómo afectará esta catástrofe a su resultado electoral en este pútrido sistema de partidos que padecemos.

Pero bienvenidos sean los tiempos inclementes, pues traerán consigo la depuración de los traidores y de los cobardes. Caerán las caretas como hojas caducas del otoño. Y quedarán expuestos a la luz reveladora los rostros. La izquierda es cómplice del golpismo, bien por fraternidad en el odio a su madre España, bien por cobardía electoralista. Mas en este último supuesto bueno sería recordarles que el que tolera el desorden para evitar la guerra tiene primero el desorden y después la guerra, como proclamaba Maquiavelo.

En estos momentos vienen a mi cabeza las estrofas aprendidas de los labios de un hermano en la Fe; tiempo habrá de cantar cuando amanezca, cuando el guerrero regrese a su cabaña, en los jardines florezcan los rosales y en los cielos sonría la esperanza. Pero ahora es noche, noche negra. Y el enemigo entre sombra avanza, es hora de cerrar las filas desunidas y renunciar a todo por la Patria. Afirma el Cardenal Sarah que no hay nada más poderoso que un hombre rezando de rodillas y no seré yo el que se atreva a contradecir a tan santa personalidad. Mas, teniendo clara nuestra vocación de formar parte un día, con la Gracia de Dios y nuestro esfuerzo, de la Iglesia triunfante, aun somos hoy miembros de la Iglesia militante. Por ello, nos debemos a la oración, pero también a la acción. Es necesaria nuestra organización, nuestra entrega y nuestra presencia en las calles.

Hemos de recuperar el Corazón de España. Este corazón no es otro que la Fe. A través de nuestra oración y sacrificio, bombeará sangre a cada extremidad y revitalizará los miembros necrosados. Este Corazón ha de reinar ante todo en nuestras vidas, después en nuestras familias y, como consecuencia necesaria, en nuestra Patria. Arrancaremos de los emblemas de España todo símbolo de servidumbre a hombre que pueda morir hasta lograr una tierra en la que tengamos la Cruz por bandera y el Sagrado Corazón por escudo. Nuestra lucha continúa ahora, pues finalizando el poema anterior, el verso que hoy muere entre mis labios, otro poeta lo dirá mañana. Mas no habrá perdón para nosotros, si por cobardes, se nos muere España.

 

Emilio EH López de Sagredo.

1 comment
  1. Hace falta más cristiandad, la base y sustento de la civilización occidental, en resumidas cuentas, de lo único apelable civilización, ya que todo pueblo no católico, está sumido en la barbarie. Me alegra leer un artículo con tantas citas, que le recuerdan a uno lo grande que ha sido nuestra Patria.
    Tras tantísimos años de transición, parece que empieza a haber cada vez más reacción, y que muchos católicos no estamos dispuestos a bajar la bandera de la fe. Le ánimo a seguir escribiendo Emilio.

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