Dentro del maniqueísmo del que casi todos acabamos por ser más o menos víctimas, se da una disputa tan atávica como actual entre dos calificativos desarticuladores de opinión: El totum revolutum del Populismo (principalmente referido a la derecha conservadora, Alt Right, extrema derecha y demás sucedáneos), por una parte, y la del Marxismo Cultural, por otra (dentro del cual entraría toda la industria  ideológica relativa a la ingeniería social de la familia, agenda de género y educación, producto todo ello, en teoría, de los principales ideólogos marxistas del siglo XX hasta nuestros días, como Braudel y los Annales en Francia, Luzuriaga en España, la escuela de Frankfurt con Adorno o Horkheimer, o Gramsci en Italia, etc).

En este debate, no se puede dudar en la avanzadilla que a todas luces representa la líquida izquierda sociológica (que no la Izquierda histórica), y que radica en los grandes partidos como el PSOE o Podemos. Es por ello que los principales gurús del pensamiento liberal-conservador se ven legitimados para culpar de todos los males al llamado Marxismo Cultural y así esconder bajo la alfombra todo el pasado del que un día dará cuentas su doctrina a toda la humanidad.

Pero seamos sinceros, del banderín de enganche que representa la izquierda sociológica con las políticas de género, igualdad, educación o endiosamiento de la Tierra, a la presentación del liberal-conservadurismo como su principal baluarte y opositor en defensa de la Ley Natural es uno de los engaños más burdos y logrados del Marketing contemporáneo. Y todos nos lo hemos tragado.

Así, podemos ver a uno de estos gurús ejerciendo toda una Defensa de un liberalismo conservador al afirmar que ciertos partidos de la nueva derecha en España se atreven a “cuestionar el Marxismo Cultural“. Es aquí cuando deberíamos preguntarnos si diversas políticas de género, adoctrinamiento e ingeniería social que vemos en nuestro día existen ex novo gracias a la perversión socialista, o bien son solo un paso más de toda una cadena de logros e hitos previos, radicalmente necesarios para llegar al punto que nos encontramos, y que lejos de ser fruto del socialismo, lo han sido del más férreo liberalismo.

Y es que, tal como afirman orgullosos en el Instituto Juan de Mariana, puntera institución liberal en nuestro país, “la izquierda ha sido hábil y poderosa en secuestrar para sí no pocos movimientos, como sucede con el que defiende los derechos de los homosexuales”.

Solo hace falta abrir algunos libros de historia para poder confirmar esta premisa del liberalismo/libertarismo y estudiar algunos de sus principales hitos y logros ideológicos como pueden ser la generalización divorcio desde los siglos XVIII Y XIX -si, cuando todavía no existía Podemos- o la prolífica legislación eugenésica y de esterilización masiva como control de la población. Divorcio, que por cierto, ninguna derecha liberal cuestiona hoy en nuestro país, ni antigua, ni nueva, ni extrema, ni veleta, ni cobarde, ni progre ni conservadora.

Por no hablar de la anticoncepción, para la que cita Juan Manuel de Prada la pretensión del economista liberal David Ricardo: “Si conseguimos que la prudencia y la previsión sean percibidas como virtudes necesarias y ventajosas, nos iremos acercando gradualmente a un Estado más estable y más sano”.

El tan criticado adoctrinamiento de género ha sido promovido e incluso impuesto en nuestros días por esa antigua derecha liberal, concretamente bajo la llamada Ley Cifuentes, al establecer que “La Consejería competente en educación incorporará la realidad lésbica, gay, bisexual […] en los contenidos de formación de todo el alumnado de Madrid”.

¿Y qué hay de la destrucción de la familia? El 29% de las mujeres afirma que solicita el divorcio a causa de la infidelidad, en muchos casos debida necesariamente a la prostitución. Vemos como para los liberales de color naranja “la respuesta valiente, progresista y liberal” a esta cuestión no es otra que “legalizar la prostitución”, pero ninguna derecha ve la solución “valiente y liberal” de penalizar precisamente los factores que lo generan. ¿Acaso la prostitución o el divorcio fomentados por el liberalismo no implican la destrucción de la familia? ¿O es que hay una destrucción de la familia buena y otra mala?

No se pueden pasar por alto los llamados Derechos sexuales y reproductivos, y es que el programa del Partido Libertario (P-Lib) “apoya decididamente la reforma legislativa que ha situado a España como uno de los países más avanzados en cuanto a los derechos y libertades de las personas homosexuales y bisexuales”.

A la hora de hablar de la Eutanasia, se hace necesario citar a una primera espada del liberalismo español, Juan Ramón Rallo, firme partidario de que “cada individuo es el titular del derecho sobre su propia vida y, en consecuencia, impedirle terminar con ella es otra forma de conculcar su derecho a la vida”.

Otro de los aspectos, pero no el último, que se encuentra en esta amalgama es el del Aborto, debate sobre el que no suele haber grandes disputas entre marxismo o liberalismo culturales, más allá de su gradualidad a la hora de aplicarlo. Así, mientras la nueva derecha liberal declara que no será “quien le niegue esa posibilidad” a una mujer en caso de violación, comparte con la antigua derecha, también liberal, el “consenso social mayoritario” del que goza la ley del aborto de 1985, siendo las diferencias con el ¿marxismo? cultural exclusivamente graduales.

En muchas ocasiones hemos asumido el llamado Marxismo Cultural como un cliché que empleamos al tratar ciertos temas o como un eslogan de marketing político. Pero llamar a la decadencia marxismo cultural no deja de ser un recurso al autoengaño, y lo que es peor, esconde una intencionalidad: inculcar en las conciencias que todo programa actual de ingeniería social proviene de la izquierda socialista, siendo su alternativa ideológica, la derecha liberal, la solución al problema.

Pero, como ya dijo el liberal Gary North, “El marxismo cultural es para el marxismo lo que el modernismo teológico es para el cristianismo. Cualquiera que considere el marxismo cultural como marxismo no ha entendido nada de marxismo”. Palabras que serían confirmadas sin ambages nuevamente por uno de los máximos exponentes del liberalismo en España, el Instituto Juan de Mariana, al reclamar que “cualquier genuina libertad, como la sexual, es una genuina causa liberal”.

La nefasta amalgama de políticas contrarias al Planeta en nombre de la diosa Tierra y entregadas al gran Capital. Las contrarias al Amor en nombre del Desenfreno y en favor de la Concupiscencia. Las contrarias a la Persona en nombre del Individuo, y en favor de la radical independencia de sus lazos comunitarios. Las contrarias a la Libertad en nombre de los virtuales, vacíos e ilimitados Derechos. Las contrarias a la Feminidad en nombre del Feminismo y en favor de la guerra entre quienes solo debería haber entrega, hombre y mujer. Las contrarias a la Naturaleza en nombre del Sentimiento. Todas ellas, encuentran en el liberalismo su origen más profundo, siendo la izquierda sociológica un mero catalizador de las mismas.

En fin, ocurre que al situar al fantasma del Marxismo Cultural como principal enemigo de nuestros días, no estamos sino tratando de vencer a la hidra cortándole una cabeza para que le sustituyan otras dos nuevas. Del mismo modo que el Marxismo es una etapa necesaria y lógica del liberalismo, el aborto lo es del divorcio, y el divorcio, a su vez, de otros males previos como la prostitución que nadie se preocupa ni de alertar.

Por poner los pies en la tierra, es realmente complejo hablar de Marxismo Cultural al leer titulares como “Banco Santander lidera por segundo año consecutivo el Índice de Igualdad de Género de Bloomberg” o “Banco Santander se compromete a invertir 120.000 millones de euros en financiación “verde”, máxime cuando son los diarios nada sospechosos de pertenecer a la derecha sociológica como El Plural quienes elogian a la gran banca por ello.

Tal y como lamentaría el mismo Pío XI en Divini Redemptoris, el socialismo es consecuencia directa del liberalismo, y se presenta como antítesis lo que no es sino la síntesis: “No habría ni socialismo ni comunismo si los gobernantes no hubieran despreciado las enseñanzas de la Iglesia; pero prefirieron construir sobre las bases del liberalismo y del laicismo”.

Llamemos a las cosas por su nombre. No es Marxismo Cultural. Es Liberalismo Cultural.

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