Córdoba, 30 de diciembre de 2019

 

Escribo con la impotencia de aquél que asimila haber vivido hasta qué punto no somos nada frente a la fuerza de la barbarie hecha régimen. Siempre juntos caminamos y avanzamos al redoble de una alegría auténtica hecha Estilo. Esa alegría se llama Fe y Verdad; ambas pisoteadas el pasado viernes, a media noche, en nombre de la falsa justicia mundana.

Un joven católico ha sufrido una brutal paliza a manos de cierta empresa de seguridad privada sin que podamos hacer absolutamente nada para impedirlo.

Todo aconteció en una “fiesta de Navidad”, cuando de repente el DJ tuvo a bien poner la canción “el violador eres tú”. El afectado decidió ir a pedir que dicho horror se cortase de inmediato porque ya estaba bien de que todos los hombres tuviesemos que aguantar esta especie de baile en que se juega con llamarnos violadores, como si de algo divertido se tratase; nosotros pedimos y queremos las penas más rigurosas para los violadores pero no tenemos por qué aguantar la “normalización” de este insulto hacia el varón. El cobarde del DJ le dijo que ni hablar de cortarla y de inmediato llamó a seguridad. Estos lo trataron como a una auténtica basura, esposándolo y tirándolo contra el suelo, pisándole la cara con la bota entre puñetazos, dándole con las porras en las piernas e insultándolo penosamente delante de cientos de personas.

Lo único que hemos podido evitar es la denuncia que le habría cerrado las puertas al ejército. Ahora mismo está dolorido pero recuperándose después de la paliza recibida, por lo que lacónicamente, querido lector, te pedimos dos cosas y en el orden que sigue:

1. Reza por su recuperación. Que el disgusto para sus padres y novia pasen rápido además de que nunca dude; lo que ha hecho es legítimo y Justo. Nos cuenta que cuando estaba contra el suelo no ha parado de rezar a Dios y a la Virgen María.

2. Cuenta lo que ha pasado. Esto es justo lo que quieren conseguir; que el hombre se acostumbre a ser tachado y perseguido como basura; que sea normal aguantar todas las vejaciones imaginables… pero aquí tenemos el testimonio de uno que ha gritado “¡BASTA!”. Honradle poniéndolo como ejemplo; en otra España tendría su homenaje.

Después de que le quitasen las esposas, ya llevándolo a casa, Dios es tan Grande que nos hizo topar con un veterano camarada. Allá por los ochenta, sabía de sobra lo que es estar detenido junto a su padre y hermano por evitar que se profanasen iglesias; tener un primo a punto de morir por alzar la bandera nacional frente al independentismo o andar a tiros, contra, y bajo amenazas de ETA (cosas que, como ésta ahora, eran entonces tildadas de “radicales”, aunque el tiempo les haya dado la razón). Al ver la cara del joven agredido lo abrazó entrañablemente, como recordando épocas en las que luchó para que nada así siguiese pasando. Sus palabras fueron limpias y realistas: “Estos hijos de puta hoy te han dado una buena dosis de democracia”.

Tres días más tarde, tomando aire y con la situación mejor asimilada hemos procedido a entrevistarlo brevemente porque tampoco es dado a hablar mucho sobre sí mismo. Los que lo conocemos sabemos bien que no es la palabrería la que mueve su corazón; su motor es la Fe y la Justicia. Hace un día soleado, le acompaña su novia de toda la vida, tan joven y valiente como él.

Estamos hablando de una fiesta en la que había aproximadamente unas mil personas, tú estabas en el salón principal y de repente empieza a sonar esta repugnante canción. ¿Qué fue lo que te hizo ser el único hombre, entre los cientos  allí presentes, con las narices suficientes como para ir al DJ y decirle que ya está bien?

Recuerdo escuchar la canción y ver cómo la gente hacía el mismo baile que ha puesto de moda el movimiento feminista, señalando como violadores a los hombres de forma literal, extendiendo el brazo y apuntando con el dedo. En ese momento sentí pena y enfado al mismo tiempo, pasé entre el tumulto y me dirigí de forma directa al DJ. Cuando llegué a él solo le dije “Quita esta canción ahora mismo. No es el sitio para poner esto. Soy socio de este lugar y no se puede poner una canción de marcado contenido feminista. Te ruego que la quites”. No hubo violencia física ni verbal. La respuesta del DJ fue “No la voy a quitar. Lo que sí voy a hacer es llamar a seguridad”. Si fui yo y no otro el que se atrevió a pedir que la quitasen creo que se debe a que siempre hay una gota que colma el vaso. Además, cuando se trata de defender lo que es justo, el que no se mueve puede poner las excusas que quiera, pero finalmente peca de cobardía.

¿La seguridad privada en un primer momento llegó amablemente o directamente llegó con fuerza?

El primer contacto físico de los guardias de seguridad conmigo fue utilizando una fuerza desproporcionada para echarme de la fiesta. Me cogieron del cuello y de la cabeza, moviéndome mediante golpes y empujones para expulsarme.

Intenta describir cómo se desarrolló el proceso de los golpes para poder ponernos en tu lugar.

Para bien o para mal sé sobradamente cuándo se está ejerciendo fuerza bruta real y cuándo simplemente se pretende inmovilizar. Desde el comienzo fueron a por mí como si de un animal se tratase. Me cogieron del cuello con tanta fuerza que aún me cuesta moverlo con naturalidad, también me presionaban la cabeza entre golpes y patadas por la espalda, por lo que lógicamente me revolví para que parasen, simplemente intentado mantener distancia pidiéndoles que no me cogieran así. Hicieron caso omiso y cuando no pude más, teniendo claro que mi dignidad estaba siendo pisoteada sin motivo, me di la vuelta y defendí mi honor como pude contra uno de los guardias que me golpeaban simplemente apartándolo de mí. A raíz de eso me vino un puñetazo en la cara y cinco de ellos sacaron la porra comenzando a golpearme por todo el cuerpo. Me quedé quieto desistiendo totalmente ante la impotencia de no poder defenderme más; en ese momento me metieron en un cocherón donde me dieron otro puñetazo en la cara. Me pusieron contra la pared, presionando con un antebrazo mi cuello dificultando por completo que pudiese respirar y empezaron con el ataque psicológico insultándome al oído mientras yo luchaba por coger oxígeno; me dijeron que era una mierda, una basura y que me iban a matar. Todo en voz muy baja para que yo pareciese el exaltado al pedir a gritos que me soltasen. Acto seguido, tirándome al suelo, me pusieron las esposas en la espalda de forma absolutamente inhumana; apretadas hasta cortar la circulación, cuando de sobra sabemos que unas esposas con algo de holgura cumplen perfectamente su función. Como esposado en el suelo sólo podía mover la cabeza para ver qué pasaba a mi alrededor, la pisaron con tanta fuerza que posteriormente, dado el hematoma craneal producido, la médico que me hizo el parte de lesiones vio urgente hacerme un TAC.

En todo caso lo más doloroso fue ver caer al suelo mi crismón y escapulario; gracias a Dios pude recuperarlos.

Tratándose éste de un mundo tibio, para la mayoría tu reacción habrá sido exagerada por decir “hasta aquí hemos llegado”, otros se negarán a posicionarse al respecto, pero para muchos lo que has hecho es un acto heroico y valeroso. ¿Cuál sería el mensaje que querrías transmitir a todos aquellos que, como tú, esta Navidad se están viendo envueltos en la supuesta normalización de que a todos los hombres se nos vea como a potenciales violadores?

Mientras me estaban pegando con las porras, oía a chavales que, sin conocer siquiera el motivo por el que me golpeaban, gritaban incesablemente “¡Pégadle más!, ¡Dadle más fuerte!”.

Mi mensaje sería transmitir que nadie puede hacernos ver como verdad una burda mentira. Los hombres no son violadores aunque haya 1.700 violaciones al año igual que las mujeres no son asesinas aunque haya 100.000 abortos provocados al año; hay hombres violadores y mujeres asesinas pero generalizar al respecto se debe a un ejercicio peligrosísimo de manipulación. Muchos hablan de que “el violador eres tú” se ha convertido en una canción de risa, pero ese tampoco es el camino; una violación no es motivo de broma alguna. No podemos permitir que una mentira pase a ser tomada como verdad y cuando esto suceda debemos imponernos, ya que en una sociedad manipulada y manipulable como ésta, comienza a ser normal que algo irreal sea asumido como real.

Después de haber recibido todos estos insultos y golpes sobre tu cuerpo, después de haber podido perder incluso tu oposición, ¿Te arrepientes de lo sucedido?

No. Es más, volvería a hacerlo las veces que fuese necesario. Un católico debe actuar siempre como defensor de lo que es justo. Me lo reclamaba el deber.

Podemos sacar como conclusión que este tipo de acciones son heroicas pero aún residuales ya que no muchos están sabiendo movilizarse pero que, bien organizadas y contando con la gente adecuada pueden causar un efecto de éxito digno de imitación. La unión hace la fuerza.

Por supuesto. Si en lugar de ir solo hubiésemos acudido una escuadra de camaradas no hubiese pasado ni la mitad; el DJ habría quitado la canción y punto.

Interviene su novia al respecto: Si hubiese sido yo quien pidiese que cortasen la canción no habría sucedido lo mismo. El DJ no habría llamado a seguridad y ni muchísimo menos me habrían pegado esa brutal paliza; habría sido sin duda una actuación mucho más tranquila hacia mí y en el peor de los casos simplemente me habrían hecho caso omiso, dejando sonar la canción. No se atreverían a actuar violentamente contra mí, mientras que contra un hombre, como podemos ver, no tienen ni el más mínimo escrúpulo ya que lo ven como carne de cañón. Hacer daño a una mujer en la sociedad de la charlatanería, la violencia de género y el feminismo podría poner en peligro sus puestos de trabajo, sin embargo golpear sin motivo a un hombre está a la orden del día. Es más, si se tratase de una canción de reguetón cuya letra hablase, como sucede en numerosas ocasiones, de la mujer como un trozo de carne y pidiese que la parasen porque me parece denigrante habría alta probabilidad de que cortasen y pasasen a la siguiente canción de la lista sin recurrir, como digo, a seguridad ni a la violencia. Pero es una pena, nadie se fija en las letras, no saben lo que escuchan; están sumidos en un vacío sin trasfondo y solo se mueven por el ritmo de la moda.

Todo lo sucedido fue en la noche de San Juan Evangelista, a quien el propio Jesucristo puso, junto a Santiago, el sobrenombre de Boanerges, o sea “hijos del trueno” (Lucas 9, 54), a causa de la violencia de su temperamento. San Juan fue el único de los Apóstoles que estuvo al pie de la cruz con la Virgen María y las otras piadosas mujeres y fue él quien recibió el sublime encargo de tomar bajo su cuidado a la Madre del Redentor.

Bebo de este testimonio como del fresco arroyo, recuperando fuerza al reafirmarme en ver que la bandera sigue alzada, hoy más que nunca. Honor a los valientes: Por la Patria de las mujeres y hombres libres; por la Patria de la familia en la que impere el Reinado Social de Cristo Rey:

¡Viva la España que soñamos!

(Los hechos se transmiten sin nombres concretos debido a que al afectado no le interesa denunciar, para evitar así la remota posibilidad de que supusiese algún tipo de inconveniente de cara a su futura entrada en el ejército.)

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