Un toro debe causar miedo, terror, pavor… eso es lo que debe sentir alguien que se enfrente a este animal. Su estampa, sus pitones y su fuerza son cosas que se deben de admirar cuando se contempla a un toro ya sea en el campo o en la plaza y que sea lo que haga que al resto de la gente ni se le pase por la cabeza intentar ponerse delante de uno.

“El Juli” se encerró este fin de semana en la ciudad colombiana de Manizales con seis toros en solitario. Hay quien dijo que fue una gesta o una hazaña. Incluso para algún periodista taurino, la anécdota de aquella tarde es que repetía el vestido que usó meses atrás en la Feria de Málaga dando a pensar que lo que importa es el decorado, no el protagonista que no es otro que el toro.
Manizales es una ciudad importante en la América taurina y su feria es de renombre por lo que tal acontecimiento debería de haber sido de auténtico relumbrón. Si Julián es máxima figura debía de hacer algo a la altura de su condición y no hacerlo ante semejantes animalitos. La presentación de aquel encierro fue paupérrima: chicos y con aspecto de novillos en vez de toros cuajados. El que un torero se enfrente en solitario a seis reses supone un esfuerzo físico y mental, no lo dudo, pero viendo fotos de aquellos animalitos, en vez de admiración me causaban indiferencia.
No pedimos dinosaurios ni toros mastodónticos, pero si se paga una entrada es para ver un espectáculo en condiciones: el animal tiene que estar rematado, bien presentado y acorde a las peculiaridades de su encaste y a la plaza en que se lidie. El acabóse de esa tarde fue un toro de pitones romos y con aspecto de ser para rejones en vez para lidia a pie. Y según leí en crónicas es que el juego de dichos toros menos uno, no fue nada del otro mundo. En resumen, que el aspecto ganadero de esa corrida dejó que desear. Cada vez que piden respeto los profesionales ante diferentes ataques de la sociedad yo pienso que de qué sirve si luego ellos no respetan al principal protagonista de este arte. Se aprovechan de él hasta límites intolerables.
Que estas fechorías que cometen no son de ahora, figuras de diferentes épocas han aprovechado para imponer y mandar. Como se suele decir, billete grande y toro chico. Lo que sucede es que de hace veinticinco años hacia atrás, sin redes sociales, estas cosas solo llegaban a la masa por medio de los críticos y del boca a boca de los aficionados. Con la llegada de internet y las redes sociales, en el “tuitendido” se sabe todo, desde el triunfo de Mengano en una plaza importante hasta lo que ha pasado en Valdepito de Arriba. Cuando se es máxima figura se supone que es porque te lo has ganado a base de experiencia y conocimientos, y por ende, este tipo de festejos son el gran escaparate para poner a prueba la capacidad del matador así que es la ocasión idónea para elegir ganaderías y encastes de diferentes comportamientos que den lugar a tal lucimiento.
Cada vez que por parte del aficionado se defiende la integridad del toro y uno se queja de las tropelías que éste haya podido sufrir, hay que veces que salen esos que reclaman que el toro mata y que los toreros merecen respeto. Sí, es verdad, a Antonio Bienvenida lo mató una becerra en el campo pero señores, si yo pago una entrada es para ver un espectáculo digno en el que un animal esté en plenitud de condiciones y no manipulado hasta más no poder. Para defender la tauromaquia se necesita que lo que ocurra en la arena tenga importancia y trascendencia porque de lo contrario, esto se convierte en un fraude y en un engaño. Como esto es real sin trucos ni mentiras, que se vaya al cine el que quiera efecto especiales.
Y termino recordando dos citas acerca de la importancia que debe tener este animal y que tristemente es algo que no le da mucha gente. La primera es algo que dijo en una ocasión Gregorio Corrochano: El primer mandamiento de la ley de las corridas de toros es el toro.
Y la otra es una sentencia de Victorino Martín padre: “Si cae el toro, cae la Fiesta”.
Imagen
Fuente: https://berrendoencardeno.blogspot.com/2020/01/una-imagen-que-frustra.html
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