Tengo el enorme privilegio de hablar un rato con Manuel Jesús Cid Sala (Salteras, Sevilla 10-3-1974), “El Cid” en los carteles.

Recién retirado del toreo. Ha cosechado grandes triunfos en todas las plazas importantes y ahora, en el descanso del guerrero, lo hace con el respeto y cariño de compañeros y afición. Así que una vez más tengo la oportunidad de escuchar a matador de toros. Voy a hablar con una gran figura que ha marcado una época: El Cid.

Pregunta. Buenos días Maestro, en primer lugar, le agradezco su tiempo y su amabilidad en este rato.  ¿Cómo fueron sus comienzos? Viene a Madrid y se empieza a curtir en la dureza de la profesión ¿por qué Madrid y no Sevilla?
Respuesta. Yo debuté con caballos en mi pueblo y al no haber muchos festejos allí ni actividad taurina, me fui a Madrid donde sí había mas festejos y posibilidades: en los pueblos de los alrededores, en la sierra, Ávila, el valle del Tiétar… había más movimientos para los novilleros de cara al verano que en mi tierra. En Sevilla, quitando las novilladas de abono, no había más movimiento y por eso decidí dejar mi casa. Me ayudaba Gallo, un hombre que me acogió en su casa y durante seis años viví una experiencia bonita pero dura a la vez. Los contrastes eran duros: de vivir en el campo en un cortijo a Madrid. Siempre me rodeé de gente buena, que me ayudó muchísimo y me acoplé muy rápido. Encantado porque no cambiaría nada de mis comienzos, de cuando me vine hacia Madrid. Igual si no hubiese pasado por esas dificultades pues no habría sido torero. No hubiese llegado donde llegué.

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A hombros en Sevilla. Septiembre de 2006.

P. ¿Cómo fue su paso por el Valle del Terror?
R. Fue una etapa dura, no te voy a mentir, muchas de esas novilladas que lidié no eran conocidas, eran ganaderías de segunda. Esos novillos eran muy grandes, ya que era como gustaba en esos pueblos, eran casi corridas de toros. Y la verdad que además de dura, a veces me iba frustrado, porque eso no era el toreo que tenía en la cabeza. Lo que pasa es que después hacía reseteo e intentaba coger lo bueno y positivo de cada tarde, algunas veces sin pegar muletazos, pero bueno, era un oficio y tenía asimilado que tenía que ir madurando poco a poco. Tenía que ir cogiendo ese oficio que me hacía falta para cuando fuese matador de toros. Cuando hice ese planteamiento de mi carrera novilleril llegó a haber momentos en los que disfruté muchísimo. Fui avanzando, había novillos que al principio aunque fuese imposible haber estado bien, llegaba el día en que los cuajaba y lo veía fácil; que era señal de que iba avanzando en mi tauromaquia y cogiendo más oficio día tras día. Llegaron las cornadas y porrazos porque cuando uno está corto de experiencia, los toros cogen.

P. En vez de tomar pronto la alternativa, lo hace con 26 años. ¿Por qué?
R. Tras ese tiempo de forja como es el Valle del Terror cuando tuve la oportunidad, no surgió un lugar bonito y a la vez importante para recibir el doctorado. Así que no me importó seguir un poco más en ese escalafón y poder llegar con más oficio. Lo hice en Madrid porque buscaba un sitio de categoría en vez de aquellos pueblos en los que tantas veces toreé de novillero.

P. Tres plazas clave en su vida: Madrid, Sevilla y Bilbao.
R. Sevilla fue la primera plaza en la que me encerré con seis toros y en esa ocasión fueron tres ganaderías diferentes: José Luis Pereda, Zalduendo y Victorino Martín. Primero me anuncié en la feria de San Miguel de 2005 pero no pude hacerlo porque en Mérida un toro me pegó una cornada, me luxó el brazo y en septiembre tuve que cortar la temporada. Lo pospuse para esa misma feria del año siguiente y fue un éxito. La plaza se llenó, artísticamente fue a más, fue creciendo y creo que fue una tarde en la que cumplí uno de esos tres hitos que tenía en mi mente (encerrarme con seis toros en esas tres plazas).
Un año después en la feria de Bilbao, ahí si fueron seis victorinos y ahí sí fue una tarde épica, de mucha mentalización, me veía muy preparado, esa fue la época en la que me sentía en plenitud. La gente empujaba y eso también era importante. Las cosas te salen y cuando eso no ocurría veía que el público se impacientaba. Cuando esa paciencia la veía en el público me daba tiempo a rectificar. Y cuando no la había pues me costaba más trabajo. La víspera toreé en Andalucía y a Bilbao llegué de madrugada y con sueño. Además recuerdo que en aquella feria bilbaína llovió toda la semana. Poco a poco fue avanzando la tarde y conseguí salir a hombros. Perdí varios kilos en apenas unas horas, pero desde luego ese esfuerzo tan enorme valió la pena.
En Madrid me encerré con otra de Victorino en San Isidro de 2015. Desgraciadamente no salió como yo hubiera deseado. Igual tenía que haberlo antes de cuando la hice. Hubiese sido lo suyo después de Bilbao. Ese invierno me preparé y me mentalicé para esta cita. La corrida no ayudó lo más mínimo igual yo tampoco estaba como tenía que haber estado y no salieron las cosas bien. Y esa es la espinita que tengo clavado. Madrid ha sido la plaza de toda mi vida, matar esos seis victorinos y hacerlo como a mí me hubiese gustado pero esa tarde no salió como en las otras dos encerronas.

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P. Háblenos de su mano izquierda.
R. Cada matador tiene toreando su personalidad, su concepto,  sus formas… El mío era una forma de interpretar el toreo que iba dirigido al aficionado de verdad, el exigente. Por eso cuando no me salían las cosas, esos aficionados me lo recriminaban. No he sido un torero de masas de espectadores pero sí he sido un torero de aficionados, que es el que exige. Cuando algo le gusta se vuelca, pero cuando no le gusta lo recrimina y además con dureza. No es lo mismo un espectador avezado a uno que no entiende lo que ocurre. Por eso, mi toreo y concepto iba enfocado a ese tipo de aficionados: al que verdaderamente mantiene esto que es el aficionado. Me he sentido cómodo cuando cuajaba un toro y veía disfrutar al aficionado, a mi gente, al que no sabía… Cuando ocurría eso, era especial y no me quería cambiar por nadie. Allí sucedía algo que a lo que no estaban acostumbrados o llevaban mucho tiempo sin verlo, eso era lo verdaderamente me llenaba. A uno no le gustan las críticas pero cuando esas críticas llegan, sabía que era porque podía dar más. Aquello me obligaba a mejorar porque era lo que me hacía ver que los aficionados esperaban cosas de mí.

P. Desde su concepto: ¿qué es cargar la suerte, el pico de la muleta, etc? ¿Cómo lo aplicaba en su tauromaquia?
R. Cada persona tiene su concepto muy marcado. Cada encaste tiene unos matices. La técnica es la misma para todos pero a esos encastes había que aplicarles dichos matices para intentar sacar el máximo partido. No es lo mismo torear un toro de Parladé que uno de Albaserrada. Son la noche y el día. Un Parladé te permite más “fallos”, toques más bruscos o desplazamientos. Al contrario que Albaserrada. Son totalmente opuestos. Dentro de la técnica, hay que intentar acoplarte a todas esas sangres. Ahí llega la diferencia entre el que es figura del toreo y el que no lo es. El que lo es tiene que torear más que nadie, acoplarse a más toros que nadie y evidentemente hay que sacar partido a toros de diferentes ganaderías. Esa es la diferencia. No se puede especializar en un encaste o una ganadería en tu vida. Por ejemplo, el encaste Saltillo-Santa Coloma no permite toques fuertes, al contrario, todo lo que se le haga debe ser suave. Tienen que ser toques para fijar y no para desplazar. La velocidad es distinta ya que es un encaste que empuja más que remata. Son toros que no cabecean, ellos lo que hacen es empujar la muleta así que intentar adaptarse a esa velocidad despaciosa pues es más complicado. El encaste Domecq embiste un poquito más rápido, remata y puntea mucho más así que la técnica debe ser distinta.

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Madroñito de Adolfo Martín. Indultó esta res en Santander  en 2016.

P. Háblenos de diferentes encastes con los que ha triunfado a lo largo de su carrera:
R. Núñez: es un encaste que sale muy frío del toril. No es un encaste que se defina desde el principio. Se van calentando poco a poco como los Atanasio-Lisardo. Son encastes de último tercio. El que tiene buen fondo, lo da siempre al final. A la hora de embestir tiene unas peculiaridades muy definidas como la sangre Santa Coloma. Hay que dejar que llegue a la muleta, muy despacito y que casi choquen en las telas, no se pueden dejar huecos porque si los ven, es cuando pegan la cornada. Es un encaste listo pero el buen toro de Núñez embistiendo es una pasada.
Domecq: es el encaste por antonomasia y el que más abunda en la cabaña brava. No diría que es fácil porque no lo es pero sí el más asequible para todo tipo de toreros. Es el encaste que se acopla a todo tipo de técnica. Permite el toque brusco, el suave o colocar la muleta más o menos adelantada. Es el encaste comodín de hoy en día. Es un toro muy definido, que se deja torear con la capa. Y también salen toros encastados y buenos. Que eso es lo que también nos gusta a los toreros.
Albaserrada: es un encaste muy complicado. Al principio es muy difícil, no se deja torear con el capote como el Santa Coloma. Es una sangre que repone y se revuelve quedándose en los vuelos de las telas. La clave es enseñar y hacer las cosas bien para la faena de muleta. Siendo una sangre que tiene casta, poder y raza es muy asustadizo, por ese motivo no suelen aceptar esos toques bruscos que antes mencionaba. Se descomponen y por eso hay que tratarles con suavidad, enseñándoles los caminos y empujarlos hacia delante de cara al tercio de muleta.
Cuadri: en definitiva es Santa Coloma. Lo que pasa es que es vía Ibarra, es otra rama. Santa Coloma es muy parecido al Saltillo-Albaserrada. Cuadri es un tipo de toro que si embiste en el capote, llega muy definido a la faena de muleta. Lo que sucede es que son toros con mucha caja, son muy hondos y grandotes, les cuesta desplazarse por lo que hay que hacer las cosas bien, no agobiarles para que ellos cojan confianza y el que tiene buen fondo acaba rompiendo. Yo he toreado algunos toros muy buenos de Fernando Cuadri y he disfrutado mucho con ellos.
Santa Coloma: por antonomasia es el que muchos conocemos. Muchas veces la gente confunde esta sangre con la de Albaserrada y no tiene nada que ver. Santa Coloma es un encaste que a mí particularmente cuando me embiste uno de Santa Coloma me encanta porque tiene un ritmo en la embestida distinto a los demás. No puntea, no es molesto para el torero a la hora de limpiar el muletazo. Es verdad que propina faenas más cortas que por ejemplo el de Domecq u otros encastes. Es muy listo y hay que aprovecharlo desde el principio.
Miura: es el que menos he toreado. Es un encaste particular, único. Es el que más le cuesta humillar, principalmente debido a su fisionomía: son grandones y despegados del suelo. Las tres o cuatro que he toreado de esta ganadería, son animales en los que no puedes entrar en la pelea con ellos. Todo tiene y debe que ir a corriente y a favor suyo. Si te metes con ellos, protestan y no se dejan. Son muy corpulentos y uno necesita abrirlos mucho porque después a la hora de llevárselos atrás es complicado porque esa corpulencia hace que les cueste más trabajo. De todos modos, soy el menos indicado porque es un encaste al que me he enfrentado en contadas ocasiones.

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Con Borgoñés en El Baratillo. Un toro para el recuerdo.
Ese día cortó tres orejas y salió por la puerta del Príncipe.

P. Le voy a recordar diferentes toros importantes y usted comenta algo sobre ellos.
R. Olivero de la Quinta en Madrid: mi primer San Isidro y mi primera oreja. Fue un novillo que me dio muchísimo. Toreé esa temporada una treintena de novilladas y fue gracias a Olivero. Estuve en Valencia, Nîmes, Sevilla, Arganda del Rey, Algemesí, Arnedo… fue un año precioso y aquel novillo de sangre Santa Coloma fue muy encastado. Ahí empezó mi idilio con ese encaste. Mi presentación en Madrid fue con un encierro de La Guadamilla que en aquella época era de ese encaste pero aquel día no salieron bien las cosas.
Guitarrero de Hernández Plá en Madrid en 2002: ese toro fue para el primer toque de atención que di en Las Ventas como matador de toros. Cuajar ese toro fue tremendo. Fue una faena muy emotiva y de no haber sido por la espada le habría cortado las dos orejas. De haberlo conseguido, fíjate, eran mis comienzos me habría abierto muchísimas plazas. Lo pinché pero bueno… volví a Madrid varias veces y a raíz de ahí comenzaría mi historia con esta afición.
Guitarra de Alcurrucén en Madrid 2005: fue una tarde muy bonita. Aquel día toreamos César Rincón y yo para confirmar la alternativa a Eduardo Gallo. Rincón salió a hombros y yo no porque también pinché a ese toro. Ha sido una de las cuatro o cinco faenas grandes mías en Madrid y en mi vida. Siempre estará en mi retina.
Borgoñés de Victorino Martín en Sevilla 2007: fíjate, la gente no se dio cuenta pero fue un toro digno de indulto. Fue muy bravo y encastado. En ese momento los indultos en Sevilla eran un tabú hasta el que indultó José María Manzanares cuatro años más tarde a Arrojado de Núñez del Cuvillo. Cobradiezmos fue bravo y definido. Tuvo más clase que Borgoñés pero éste fue mucho más encastado.
Portilloso de El Pilar en Madrid 2008: al principio nadie daba un duro por él. Salía suelto, cabeceaba… Durante el tercio de banderillas le vi algo importante en su embestida y nada más empezar la faena, la inicié con la mano izquierda desde el centro del ruedo. Si le hubiese pegado una estocada, la gente habría pedido el rabo. No he visto al público de Madrid ni con Guitarrero, ni con Guitarra ni con otros toros como aquella tarde.
Verbenero de Victoriano del Río en Madrid 2013: otra faena importante, bonita y sobre todo distinta, a las mías. Fue una faena de más relajo, poso, de abandonarme…. El toro me lo permitió.  Estaba justo de fuerzas pero tenía calidad y recorrido en su embestida. Le cogí la altura y eso fue lo más importante. Le costaba humillar porque era aparatoso por delante.

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P. Háblenos de América y el toro que se lidia al otro lado del océano.
R. En Méjico he toreado muy poco: la confirmación en el DF y nada más. No sé por qué, no se habrán dado las circunstancias. En el resto de países he toreado muchísimo: Colombia, Ecuador, Venezuela y Perú. Sobre todo en Colombia cuyo toro es muy similar al español. En la plaza de la Macarena de Medellín hasta la fecha sólo ha habido un toro indultado y lo indulté yo. En las otras ferias importantes como Manizales y Bogotá también he disfrutado de grandes tardes. En Venezuela ahora están las cosas complicadas pero Mérida fue una ciudad en la que toreé y es una tierra en la que hay gran afición. Y en San Cristóbal también he indultado toros.

P. Cid y Victorino es sinónimo de emoción. Tanto monta, monta tanto.
R. Ha habido una década importante y muy bonita. Ha habido una conjunción entre ambos en la que en aquellas situaciones me embestía un victorino, lo cuajaba y la gente se emocionaba. Mi forma de interpretar el toreo se adaptaba a la embestida de estos albaserradas. Había una conexión entre toro, torero y público.

P. El tendido 7 de la plaza de toros de Las Ventas.
R. Respecto al tendido 7 he tenido siempre palabras de agradecimiento. Allí he conocido grandes aficionados con los que he llegado a hacer grandes amigos. Cuando me ha echo falta, ellos estaban para alentarme. Me congratula cuando dicen que soy un torero mimado por el 7. Es el único tendido que se llena todos los días ya sea en San Isidro o en temporada, en primavera o en otoño y eso hay que alabarlo. Habrá gente que les vea como intransigentes pero hay que respetarlos y ya está. Tampoco hay que sacar las cosas fuera de quicio. Cada uno tiene su forma de pensar y de ver un festejo y se podrá o no estar de acuerdo. Sin duda que la idiosincrasia de la plaza es este tendido. Sin el 7, posiblemente Madrid sería absolutamente diferente.

La profundidad de su toreo al natural en la arena de Bilbao.

P. ¿Se forjó en Madrid y allí empezó en el arte de Cúchares. ¿Le costó a usted entrar en la afición de Sevilla?
R. Sí. Me costó mucho. Date cuenta que mi última novillada en La Maestranza fue en mi último año como novillero. Yo tardo en llegar a Sevilla cinco o seis años. Aún siendo el torero de Sevilla de los que más toreaba. Pero bueno, igual porque estaba y vivía en Madrid, el Baratillo es una plaza de mucho compromiso y a lo mejor estaba el compromiso de aquel que merecía estar. Desde que hice en esa plaza mi primer paseíllo en 1999, a partir de ese año nunca he faltado en la plaza de mi tierra.

P. Discutido y debatido hasta la saciedad. ¿Qué opina sobre el tercio de varas?
R. Se dice que los toros se pican mal y yo creo que eso es psicosis. También es cierto que a los toros se pican un poco más trasero de la cuenta pero yo creo que hoy día hay grandes profesionales, muy buenos caballistas. Grandes picadores que saben montar muy bien a caballo. Evidentemente también habrá regulares y malos picadores al igual que ocurre con los toreros o con los banderilleros. Es una suerte que influye mucho en la lidia ya que el toro puede pararse o ir a más. El buen picador es el que tiene que dosificar y aplicar a cada animal el castigo oportuno. Es una suerte que a todos nos gusta ver, es muy bonito ver al toro arrancarse desde lejos, pelear en el caballo…

P. ¿Cómo ordenaba a sus picadores que ejecutasen la suerte?
R. Toda mi carrera he procurado picar poco los toros. Hay que contar con el concepto de cada torero si a unos les gusta un toro más parado o más entero y con motor… En mi situación personal me gustaba que el toro no se picase mucho para que se pudiese adaptara mi concepto del toreo. Yo necesitaba un toro alegre, que galopase desde lejos y quisiese coger la muleta. Yo prefería que el toro se moviese y aunque muchas veces me podré haber equivocado y cuando lo picaba poco en vez de templarse, el toro sacaba el genio y aquello se complicaba trayéndome por la calle de la amargura. El genio no eres capaz de dominarlo va a más y a peor, al contrario que la bravura, que si lo dominas y puedes con ello se entregan. Pero es lo que sale al lanzar la moneda. No sabes si será cara o cruz.

P. Le ha quedado alguna espina o se va satisfecho.
R. Me voy satisfecho y muy feliz. Es un punto y aparte en mi trayectoria taurina porque no se puede decir que sea punto final. Te mentiría si digo que nunca más me pondré el chispeante, seré torero hasta que me muera. Ahora mismo digo que no pero de aquí a unos años si surgiese algo bonito y apetecible y me encuentro en facultades diría que sí. De lo contrario me queda torear en el campo, algún festival y a disfrutar de mis compañeros.

Este lluvioso sábado de enero y en un sofá en los que se veía a través de un ventanal esa plaza que tanto quiso a El Cid, me despedí de un torerazo.

Gracias Manuel. Gracias Maestro.

 

 

Fuente: https://berrendoencardeno.blogspot.com/2020/01/un-rato-con-el-cid.html

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