Corría el año 1982 y Rafael Gil nos regalaba una de sus últimas obras cinematográficas, “De camisa vieja a chaqueta nueva” adaptando su guión a la novela homónima de Fernando Vizcaíno Casas.

La película en cuestión, narra la vida de Manolo Vivar, un oportunista -supuesto “falangista”- acérrimo a los principios del Movimiento y cómo con el devenir de los hechos, cambia su camisa azul por el puño alzado cantando entre vítores “la internacional”.
Transforma todo aquello en lo que hipotéticamente ha creído desde sus inicios. Pero Manolo no está solo en este cambio, a lo largo del metraje vamos viendo como personajes que han participado en el mismo, también tienen esta “crisis de conciencia” aceptando los derroteros del tiempo y renunciando a ello a lo que jamás se puede renunciar, los principios de cada persona.

En la película, Manolo justifica sus cambios (de falangista a monárquico, de supernumerario a comunista…) basándose en que el tiempo cambia y hay que adaptarse, pero en ningún caso renuncia a su vida llena de opulencias con su casa en la sierra de Madrid, su servicio doméstico y sus cargos en consejos de administración. Manolo es un hombre sin personalidad y sin esos principios que tanto había enarbolado en el pasado.

Rafael Gil sabe plasmar en pantalla lo que Vizcaíno Casas transmite con su libro, anticipándose a la realidad del siglo XXI, donde la renuncia a los principios intrínsecos a la persona, más que en una lacra aislada se ha convertido en una realidad.

Como joven asisto con estupor al panorama político de nuestro país, donde la mentira, el engaño y la renuncia a los valores básicos de la persona son ya elementos integrantes para alcanzar el poder.

Reflejo de ello es nuestro Presidente del Gobierno, Pedro Sanchez. El cual, realizando una campaña electoral basada en la mentira y el engaño ha conseguido llegar al cenit político de su carrera aliándose con los que dijo que no dormiría tranquilo. Vendiendo más allá de su persona lo que no se puede vender jamás; la patria, España.

Ha creado un gobierno que sería digno de una obra de Esteso y Pajares y al final nos condena a todos al fracaso.

Pedro Sanchez es el Manolo Vivar de su época, un personaje sin escrúpulos políticos agravando para jóvenes y mayores un panorama desolador que desde hace ya demasiado tiempo merece ser cambiado.

ARPZ

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