Rafael López-Diéguez es abogado y MBA por el Instituto Empresa, y secretario General de Alternativa Española. Es presidente de RadioYa y por último pero no por ello menos importante, casado y padre de 6 hijos.  Nos acompaña en Revista Hispánica para tratar cuestiones tanto de actualidad como de fondo, como es la eutanasia, el gobierno socialista, el Brexit y la crisis de la Unión Europea, o el deber de España con la Hispanidad y su sentido en nuestros días.

¿Podemos ser optimistas con la situación global, especialmente nacional, en la que nos encontramos? ¿Cómo valoras los años que se avecinan en esta legislatura?

Optimistas no podemos ser, cuando estamos en manos de un gobierno marxista. Es obvio que no se puede ser optimista con un gobierno que sabemos que va a ser el gobierno de la revancha, del odio, guerracivilista… Lo podemos ver en el primer proyecto que han introducido, la famosa ley de la memoria histórica y democrática para abrir nuevamente las grietas del guerracivilismo y la brecha entre la España y la Antiespaña, (que no las dos Españas). Obviamente no puedo estar tranquilo. El mercado internacional nos ha dejado claro cuáles son sus impresiones sobre España, y si nosotros estamos intranquilos, más intranquilos están los mercados internacionales pensando que en España hay hoy un gobierno marxista-bolivarista, pero con una diferencia sobre los socialismos europeos.

La diferencia entre el socialismo español con los socialismos europeos es que estos no son guerracivilistas, no es un socialismo que tenga en su curriculum la muerte, la checa, los campos de exterminio, el martirio, el ataque y la quema de Iglesias, las decenas de miles de mártires… El socialismo en España si es de batalla cruenta, de lucha física, odio, y esa situación es lo que le hace diferenciarse de los europeos en la actualidad. Por lo tanto, optimista no se puede ser.

El pasado 28 de enero grupos afines y simpatizantes de la figura de Blas Piñar llevaron a cabo una campaña de recuerdo de su figura por las calles de Madrid y en Redes Sociales tras el VI aniversario de su fallecimiento, entre otras conmemoraciones culturales. Si tuvieses que elegir, ¿Cuál sería la bandera discutida que recogerías de Blas Piñar para nuestros días?

¿Solo una…? Como sabrán algunos de nuestros lectores, yo he tenido, más que la suerte, la bendición, que Blas ha sido mi suegro y además de que los últimos años de su vida los compartimos muy próximamente por que vivía en casa. Fueron ricos los últimos momentos porque es verdad que hasta el 2000, Blas era un hombre extraordinariamente ocupado y no tenías oportunidad de intercambiar muchas opiniones con él. Alternativa Española, del que era Presidente de Honor, era un proyecto que le apasionaba, disfrutaba muchísimo con todos los avances que hicimos… disfrutaba enormemente con el proyecto. Lo que más valoro de Blas es sin lugar a dudas, la fidelidad, la lealtad.

Su profunda fe. Blas era un hombre providencialista. Veía todo desde la perspectiva providencial, lo cual te daba una visión de la vida y del quehacer político completamente distinto a lo que podías ver en ese momento.

Su visión. Blas era un gran teólogo, un gran filósofo. Un gran político, tenía una vastísima cultura, pero a veces le faltaba el toque del día a día… se le escapaba el cómo eran las personas, o como era el día a día, a todo el mundo lo idealizaba cuando otros veíamos de que cojeaba cada uno, Blas no veía esos defectos, veía las virtudes.

Nunca, jamás, en la vida, en 44 años le vi criticar a alguien. Cuando alguien criticaba en su presencia, fuera quien fuese, aun siendo el criticado su mayor enemigo, Blas reaccionaba hasta de forma virulenta y no permitía la crítica. Tenía una visión tan providencialista de las cosas que realmente te daba las ganas de continuar, entendías el porqué de la labor política. Entendías porqué teníamos que mantener a cualquier precio la defensa de nuestros principios.

Por lo tanto, lo que yo he recogido de Blas han sido ejemplos de ser y estar, doctrina y testimonios. Blas Piñar es una figura que tenemos que revindicar.

En nuestros días muchas de sus consignas son portada en los medios de comunicación casi a diario, si bien quizá no con el sentido en el que él las emplearía. ¿Consideras que fue una de esas voces proféticas sobre muchos males que presenciamos en nuestros días?

No es que lo considere, sino que a las pruebas me remito. Si leemos lo que dijo cuándo se estaba planteando los estatutos de autonomía o lo que dijo que iba a pasar en Cataluña, no tengo la necesidad de justificarlo. Cuando se planteó el NO a la Constitución y se dijo por qué no, y lo que iba a traer, fuimos muy pocos los que votamos que no, y éramos tildados de locos. Pues hoy todos los argumentos y avisos que empleábamos para ello, todos y cada uno de los argumentos se han cumplido. Por eso tenemos que reivindicar esa figura. Porque advirtió al pueblo español de lo que iba a pasar. Y el pueblo español no lo quiso escuchar, porque la derecha liberal, connivente en la destrucción de los Principios y Valores que se alcanzaron en el régimen de Franco, lo quiso eclipsar. Blas no solamente consideraba como un mal al  Marxismo, sino también a la derecha liberal y los eclesiásticos progresistas. Todos ellos sabían que tenía un  racional indiscutible en lo que decía, que lo que estaba exponiendo era algo de absoluto sentido común, y por ello era un target a abatir.

Una cosa que me duele es que se capitalicen discursos o frases de Blas para proyectos que nunca hubiera suscrito. Eso sí me duele. Utilizar su argumentario, las frases contundentes para capitalizarlas en base a un proyecto político que Blas nunca hubiera suscrito, porque jamás hubiera suscrito un proyecto que se convocara en nombre de la Constitución y de este monarca (que no de la monarquía)… todo ello es una actuación que a mí y a gran parte de la familia nos disgusta enormemente.

En lo que se ha llamado oficialmente la despedida de Reino Unido de la Unión Europea, Nigel Farage pronunciaba sus últimas palabras antes de ratificar la salida de la UE con un “amamos Europa, pero odiamos la UE”. En España el Euroescepticismo tiene un gran peso demográfico, pero carece por completo de representación política en las instituciones. Como uno de los principales representantes del Euroescepticismo Español, ¿Qué futuro le auguras a la Unión Europea y por qué debería darse tal abandono?

Bueno, a la Unión Europea, en términos generales, todo el mundo la estamos dando por descontada. Ya son pocos los que consideran a la Unión Europea como un activo, ya sea a nivel empresarial, político o social. Todo el mundo se está preparando para una “UE 2.0”, es decir para un nuevo proyecto que suceda de alguna forma al actual ya fracasado.

¿Qué le auguro a la UE? Como hemos defendido siempre, nosotros creemos en una Europa de acuerdos comerciales y de otro tipo que nos protejan de otras regiones del mundo que quieren hacer dumping con nosotros como el continente asiático, americano, el sudeste asiático…o incluso en materia de seguridad.

Con Maastricht aparece la UE,  el concepto de la colaboración económica en Europa pasa a un segundo lugar y lo que se pretende es hacer desaparecer el concepto de Estado Nación, fundiéndolos en un sistema federal que tendría por ultimo objetivo terminar con las soberanías e identidades patrias.

Pero esas políticas en ningún caso pueden restar soberanía, ni atentar contra la identidad de cada una de las naciones que la componen. Y ese es el problema. El problema no es una UE con unos lazos estrechos dentro de la misma, lo que es sano, es bueno… El problema es que la UE intenta canibalizar y fagocitar nuestra soberanía, nuestras identidades patrias, nuestras culturas, porque no es lo mismo Europa del norte que Europa del sur, la Europa de Euro que la que no, la Europa de servicios, de la industrial y del sector primario…..

Lo que es un absurdo es que de 500 millones de habitantes que tiene Europa, hoy solo un 60% de esa población vive dentro del Euro. Por lo tanto no tiene sentido, esa Europa es una Europa fracasada. Y ha fracasado porque es un proyecto que nació viciado.

En la antigua Comunidad Económica Europea (nacida del Tratado de Roma), lo que predominaba era una Europa de acuerdos económicos. Con Maastricht aparece la UE,  el concepto de la colaboración económica en Europa pasa a un segundo lugar y lo que se pretende es hacer desaparecer el concepto de Estado Nación, fundiéndolos en un sistema federal que tendría por ultimo objetivo terminar con las soberanías e identidades patrias.

Alternativa Española ha defendido desde el primer día de su constitución un proyecto Euroescéptico. Como comentaba, dentro de poco veremos que nuestros discursos y argumentos de siempre serán los políticamente correctos.  Nosotros siempre, desafortunadamente, junto con Blas nos hemos adelantado a los tiempos. Blas, según los medios y sus detractores, lo que decía era incorrecto, barbaridades según la gente. Hoy son verdades como puños. Cuando nosotros salimos a la política, exactamente igual, decíamos “No a las Autonomías”, pedíamos la recuperación de las competencias, “Europa SI pero no Así” … AES  lleva 17 años luchando por unos principios innegociables como son la vida, la familia, la Unidad de España, en contra de las autonomías, en contra de esta política europea…. El problema es que otros proyectos están queriendo capitalizar la defensa de estos principios, y todo estaría bien, si verdaderamente creyeran en ellos y no los utilizaran solo como bandera de captación del voto.

Si desde fuera tratan de homogeneizar las naciones europeas y eliminar el sentido histórico de España, desde dentro parece que nos sumamos a esa labor de destrucción con fuerzas disgregadoras de corte independentista, liberal o marxista. Parece que de entre todas estas “soluciones”, a nadie se le ocurre tender los brazos a la Hispanidad, cuestión que por cierto también Blas tenía muy presente.

En efecto, Blas fue un gran hispanista. Fue un gran defensor de la Hispanidad. Fue un hombre apasionado por la Hispanidad. Amaba a los pueblos de Hispanoamerica, y no solamente a Hispanoamérica, sino a la España asiática, en Filipinas. Es un hombre que amó a la España Sahariana, a la España Guineana… Blas luchó mucho por la Hispanidad desde la dirección del Instituto de Cultura Hispánica, luchó muchísimo porque se mantuvieran los lazos, los principios del código civil, de las dobles nacionalidades, por las discriminaciones positivas en favor del mundo hispánico, tiene grandes tratados legales y aportaciones sobre esta materia. Esta gran defensa de la Hispanidad y su artículo Hipócritas hizo que le expulsaran del Instituto de Cultura Hispánica.

Por supuesto que sí. No necesariamente se tiene que sustituir, pero qué mejor, que en lugar de fijar nuestra vista en esta Europa vieja, descristianizada, laica, que le da igual que este o no Turquía, que le dé igual que este el musulmán… dejar de mirar con esa pasión a Europa y centrar nuestros intereses en Hispanoamérica.

Nuestra vocación debe ser Hispanoamérica, porque es ahí donde está nuestro carisma, que no es otro que el del cristiano católico.

Sería maravilloso volcar todos nuestros esfuerzos allí, centrar todas nuestras políticas de desarrollo, de intercambio, de posicionamientos estratégicos… hacer esa política hispanista que Blas tanto deseó.

Hispanoamérica es, o debería ser nuestra vocación. Tengo que viajar mucho a Hispanoamérica, voy a cualquier país y cuando me bajo del avión, me siento en una parte de mi patria. No solamente por que hablen mi idioma, sino porque hablan de lo mismo que hablo yo, de las mismas inquietudes, compartimos raíces y una misma cosmovisión, con iguales planteamientos antropológicos y metapolíticos.

Compartimos cultura, raíces, Credo, y ese Credo ha establecido una impronta de caracteres que desafortunadamente se está perdiendo. Y se está perdiendo por que España está teniendo una actuación absolutamente negligente con Hispanoamérica.

España tiene una deuda enorme con Hispanoamérica. El abandono que estamos haciendo de Hispanoamérica es completamente injusto.

Si yo un día tuviera responsabilidades de gobierno, nuestra mirada no sería de presupuestos frente a Europa, ahí hay que hacer políticas de entendimiento, de acuerdo, de buenas relaciones, de protección como región… pero nuestra vocación debe ser Hispanoamérica, porque es ahí donde están nuestras raíces, nuestra cultura, nuestra idiosincrasia, nuestra identidad, nuestro carisma de hispanos, que no es otro que el del cristiano católico.

Además de dedicarte al mundo de la empresa y la política, eres fundador y presidente de RadioYa, en lo que parece una apuesta por la transmisión de esa cosmovisión y cultura cristiana de la que hablas. ¿Cuáles son tus perspectivas sobre el campo de la comunicación, y concretamente de RadioYa?

La batalla cultural es una batalla que hay que dar. No podemos pensar que vamos a ser capaces de cambiar o revertir esta situación sino es desde la batalla cultural. España está absolutamente carente de cualquier formación en valores y principios que consideramos absolutamente innegociables.

España se está descristianizando a chorros, hay una tubería rota por la que se está desangrando toda la cristianización que ha costado siglos en España y todo ello con la connivencia de la jerarquía eclesiástica española, por cierto. Desafortunadamente esta es una realidad.

Estos dos proyectos  van a sufrir mucho, porque son proyectos que desde luego se van a tener que enfrentar a un estado totalitario marxista, al que vamos a plantar cara y que lógicamente por razón de equilibrio de fuerzas, hemos de asumir que vamos a sufrir las consecuencias. Eso sí, una batalla inteligente.

Esta emisora, es fundamental. Tenemos el alcance que tenemos. Pero crecemos cada mes, hemos tenido 1.300.000 personas que se han descargado programas el año pasado. Hay casi 300.000 oyentes únicos al mes y 600.000 conexiones mensuales.

Por tanto son mucha gente la que nos escucha y nos lee y nuestra obligación es trasladar desde estos micrófonos y desde la editorial San Román (ha editado más de 12 títulos con tiradas de miles de libros, entre los que se encuentran Iglesia y Masonería. Las dos ciudades; o La Pérdida de España de Alberto Bárcena), la defensa de estos principios innegociables de la vida, la familia, el derecho de los padres a educar a sus hijos y la unidad de España.

Estamos destruyendo la vida desde un punto de vista físico, por razón del aborto o la eutanasia, y la vida desde un punto de vista espiritual por las políticas de descristianización y de orden  material que estamos trasladando a nuestros jóvenes.

La unidad patria, aparte de la cuestión que muchos partidos del sistema ven como una cuestión administrativa, es un deber moral. La unidad patria es un deber moral. Muy por encima de defender la unidad de España por razones de orden político, administrativo, social o económico, está el defenderla porque con ello defendemos el bien común, y defender el bien común es un deber moral.

A nadie se le escapa que los católicos vivimos tiempos de desorientación y no precisamente por enemigos externos. Hay quien diría que hemos perdido la noción del actuar en sociedad, en los colegios, en las calles, en las empresas, en las urnas y gobiernos…

En efecto, España se está descristianizando. Y al descristianizarse España está perdiendo su identidad. Y esto nos va a pasar una altísima factura por que nos vamos a convertir en un elemento marioneta más, movido dentro del nuevo orden y la globalización que se pretende, donde no haya ningún  principio, identidad o carisma que pueda diferenciar unos de otros y de esa forma, los grandes globalistas y corporaciones terminarán controlando el mundo con mayor facilidad que si existiesen esos carismas e identidades no homogéneos.

Pero así como es cierto que es un momento de gran pesimismo, creo que es un momento necesario. Es necesario que lleguemos a un punto como este, para que desde aquí empecemos a crecer. Tiene que haber una inflexión. El pueblo español tiene que darse cuenta que la perdida de esos principios, esos valores que nos diferenciaban, que nos hicieron crecer, que nos hicieron estar unidos, que nos hicieron acompañar el crecimiento y el futuro de nuestra patria, hay que recuperarlos. Y eso solamente se puede hacer a partir de un punto de inflexión. Y ese punto de inflexión va a ser doloroso. Necesitamos llegar al fondo, al drama, a la situación de reconocimiento expreso de que la perdida de nuestra identidad, nuestro carisma, nuestra propia identidad católica y cristiana, esa pérdida es el objeto y la razón de haber llegado donde hemos llegado. La gente dirá que es un problema de la economía global, pero no.

En este sentido, una alternativa de la que eres firme partidario, algunos dirían que utópico, es la de la aplicación de la Doctrina de la Iglesia en los principios políticos, sociales, pero también económicos. ¿Cómo es esto posible?

La economía global ha llegado a fracasar por que no ha existido una política social cristiana adecuada para distribuir esos bienes. Si no existe una política adecuada, una política social cristiana, se fracasa.

El capitalismo está trasnochado, el marxismo ha fracasado. El capitalismo se ha mostrado tremendamente débil. El liberalismo se ha mostrado inservible ante las crisis que hemos vivido, y más aun las teorías del capitalismo global. El marxismo tres cuartos de lo mismo. Hay que ir a una política social, cristiana, una política que está recogida en la doctrina social de la iglesia. Una política que la gente desconoce, pero es una política que desde el principio de la subsidiariedad del Estado, el respeto a la propiedad privada y la economía de mercado,  da solución a todos y cada uno de los problemas.

Por ir concluyendo, con semejantes políticas como las que vemos en nuestros días, podría dudarse sobre el sentido de las mismas, pero no de su profunda maldad. ¿Cuál es la finalidad última que persiguen los poderes visibles de nuestros días con políticas como el aborto, la próxima eutanasia, la destrucción de la familia o las profanaciones y exhumaciones?

La mejor forma de obtener control y poder es igualar. En el momento en que yo igualo y pongo a todos en el mismo nivel, y no permito las diferencias, ni las identidades, ni los carismas, mis políticas de control son más fáciles porque hay una homogenización total, no existen diferenciaciones, y facilita el control. En la homogenización es donde se adquiere poder.

Los movimientos mundialistas están pretendiendo que finalmente el mundo esté carente de todo contenido moral, solo basado en un interés material, de modo que la satisfacción del pueblo venga por lo material y no por lo moral, cuando la satisfacción del hombre solo puede venir por la satisfacción sincera de su alma, de su conciencia, en definitiva de su espíritu.

Ese es el objetivo último. Dar carta de naturaleza al mal y quitársela al bien.

Los globalistas saben, y lo saben bien, que para alcanzar su objetivo  deben terminar con la satisfacción espiritual, es decir con la visión transcendental del hombre. Y para terminar con ella, deben fomentar e incentivar únicamente la visión material, hedonista y para ello hay que descalificar lo espiritual creando una cultura que vacíe a las personas de todo contenido de valores. Es aquí cuando el control, en razón de esa homogenización se hace muy fácil.

La estrategia es muy clara, por ejemplo en la política de los globalistas en materia de aborto o eutanasia. El gran problema de ello es que además de crímenes execrables,  implican dar carta de naturaleza a que la vida puede darse o quitarse por antojo o decisión del hombre, porque en definitiva no es más que un bien material, olvidando que una vida es el deseo expreso y más querido de Dios, y por lo tanto solo a EL le corresponde darla o quitarla. Ese es el objetivo último. Dar carta de naturaleza al mal y quitársela al bien.

Muchas gracias.

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