A primeros de febrero llegaba desde China una noticia impresionante: la construcción de un gigantesco hospital en un tiempo asombroso. El motivo de tal obra consistía en atender a las víctimas de un virus llamado COVID-19. Aquí en la península, un doctor y otras personas duchas en el tema aseguraban en los medios de prensa alertando a la sociedad que si semejante construcción se llevaba a cabo, significaba que no era una tontería o algo de lo que no había que preocuparse como si de un simple catarro se tratase: un virus que puede llevar a la muerte. Dicho virus fue propagándose hasta llegar a Europa y por todo el globo. Por ello, los gobiernos tomaron la decisión de proclamar el estado de alarma haciendo que la gente permanezca en sus hogares. Esto significó la paralización de eventos, espectáculos y comercios de cualquier índole, exceptuando los más esenciales. Toca repasar como nos va a afectar.
Evidentemente el toreo no ha sido ajeno a ello y en España, tras celebrarse las ferias de Valdemorillo, Olivenza, el festival homenaje a los cirujanos taurinos en Aranda de Duero, la encerrona benéfica de Esaú Fernández en su Camas natal amén de alguna que otra localidad; en las vísperas de Fallas y la Magdalena de Castellón se anunciaba la orden gubernamental que acarreaba la suspensión de la temporada. En Madrid ni siquiera dio tiempo a que se celebrase la primera novillada así que la única manera de seguir alimentando la afición es buscar cualquier tipo de programación taurina en internet y redes sociales. Tampoco se llegó a celebrar el esperado acto en plena Gran Vía donde Plaza 1 iba a presentar la feria de San Isidro. Si no se hubiese celebrado la feria, por lo menos habrían dado los carteles lugar a un debate y a diferentes opiniones que nos tendrían ocupados por unos días. De esta manera podremos barruntar como irían las figuras, qué toreros iban a enfrentarse a Fuente Ymbro pues este año venía a Madrid treinta y seis “veces” y ver qué trato recibirían las revelaciones del año pasado. Por último queda aclarar que no habría bombo como ya anunció Rafael García Garrido en la Asociación el Toro de Madrid. Con la suspensión del ciclo isidril, se ha evaporado el homenaje al torero más legendario que ha habido en el planeta de los toros: José Gómez Ortega, fallecido hace un siglo. Si no es este año, sería de justicia conmemorarlo el que viene.
En cuanto a los estamentos, empezaré por el sector que más sufre cualquier crisis, no es otro que el medio rural ya sean ganaderos o agricultores. En nuestro caso son los primeros. Debido a la suspensión de tantas ferias, todas la ganaderías que ya tienen toros reseñados para las diferentes plazas tendrán que seguir manteniéndolos en casa. (Los ingresos en una ganadería brava llegan entre marzo y octubre. Los cinco meses restantes tienen los criadores que buscar la forma de seguir ingresando hasta que llegue una nueva temporada: aficionados que torean, visitas guiadas… Sin poder recibir a gente debido al estado de alarma, los ganaderos tendrán que apretarse el cinturón). Cuando el año que viene esos toros cumplan seis años, no podrán los ganaderos lidiarlos debido que no lo permite el reglamento. Por lo tanto, el excedente de animales que habrá en 2021 será un problema de difícil solución para todos los criadores. A pesar de que hay muchos antitaurinos celebrando la suspensión de la temporada, algún que otro ganadero ha explicado claramente que si no es por ese ínfimo número de reses lidiadas, el resto que viven en la finca depende su supervivencia  directamente de la lidia y muerte de los primeros. Así queda más que explicado que la vida de la dehesa está ligada a la muerte del toro en el ruedo. Añadir que como el toro no entiende de cualquier otra cosa que no sea comer y sobrevivir, en las fincas siguen veinticuatro horas al día y siete días a la semana al pie del cañón. Estar en el campo no significa librarse del COVID-19 a pesar de que el riesgo es menor. Con o sin virus, el gran riesgo que supone trabajar con reses bravas es una cornada. Por ello y para no encontrarse en una situación desagradable, la gente del campo extrema las precauciones. Como ellos mismos dicen: “no se pueden permitir pisar un hospital”. Así que si surge una complicación la evitan para no agravar el problema si lo hubiere. Concluyo con dos ejemplos opuestos de cómo han actuado en diferentes vacadas para alimentar a sus ganados:
Al pie de la inmensa cruz de El Valle de los Caídos hay un hierro que es sinónimo de casta y bravura: Baltasar Ibán. Preveyendo lo peor, se aprovisionaron comprando un camión de pienso para aguantar todo lo posible. Por el contrario, la vacada de Alcurrucén ubicada en Urda (Toledo) se autoabastece fabricando el alimento para todas sus cabezas. Cuando este drama pase, veremos como afectará al campo bravo. Hay ganaderías en situación crítica que podrían ver como este virus les da la puntilla. ¿Desaparecerán vacadas? Muchas de ellas poseen sangres únicas que son un absoluto tesoro genético cuya pérdida sería irreparable. Ojalá todos los ganaderos superen este difícil bache.
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Otra industria taurina que es muy poco conocida es la fabricación de puyas y banderillas. José García “El Puyero” es conocido por todos los profesionales ya que se dedica a hacerlas y no sólo eso pues también cuenta con una cuadra de sesenta caballos de picar. Si no hay toros no hace falta tener tantas herramientas, pues de nada sirven. Más de diez mil banderillas aguardaban en su almacén para ser distribuidas por las ferias de España y Francia. Tener tantos caballos implica contratar empleados para que los cuiden pero con las plazas cerradas y por ende sin ingresos…

El siguiente sector es el de las sastrerías taurinas. Con la temporada empezada, toreros y cuadrillas visitan estos lugares para poner al día sus pedidos. Capotes, muletas, vestidos ya sean de luces o de corto… La ilusión de estrenar es algo que emociona a cualquiera que se enfrenta a un toro. Las peripecias que hacen los sastres para que cuadren los números, salgan las cuentas y poder pagar sueldos de sus empleados son de alabar. Valencia, Sevilla y Madrid son las tres primeras ferias importantes que ayudan a hacer buena caja en una sastrería. A excepción de algunos pocos, muchos toreros pagan poco a poco sus encargos. Si no se torea, es un gasto que se debe prescindir. El que pierde es el sastre. Si no hay toros, habrá que salir adelante fabricando para otros sectores con el fin de mantener sus negocios.

Los empresarios tendrán que devolver miles de entradas ya vendidas por internet. Fallas, La Magdalena, la Pascua de Arlés y Abril reunían cartelazos que no se verán. Según los expertos en torno a setecientos millones de euros estiman que ascienden las pérdidas. ¿Mayo? ¿junio? ¿Durante o después de verano? No se sabe cuando volverá poco a poco la normalidad. Hay quien dice que se podrían celebrar ferias después de verano. Septiembre es el mes de las novilladas y el mejor escaparate para medir el pulso de los noveles. Por lo tanto si empiezan a coincidir fechas, esos pueblos modestos que celebran festejos tendrán dificultades de contratar toreros pues éstos preferirán actuar en las plazas de renombre con el fin de que si hay un triunfo, tenga más eco que en una plaza de tercera. Si coinciden distintas ferias y son televisadas, repercutirá negativamente en dichas localidades. Termino este bloque recordando que sería muy conveniente pensar en todas esas plazas cubiertas diseminadas por nuestra Piel de Toro. Con la llegada del mal tiempo a partir del otoño, sería muy oportuno celebrar festejos en estos cosos: los aficionados saciaríamos nuestra hambre de toros, los ganaderos venderían animales para no seguir en números rojos y los matadores cumplirían sus contratos para no perderlos.

Finalizo con éstos últimos. Todos sufren las consecuencias. Empezaré por las figuras. Por su situación económica gozan de cierta comodidad respecto a muchos toreros modestos. Algunos de ellos poseen ganaderías como “El Juli”, Enrique Ponce o Antonio Ferrera que tendrán que devanarse la cabeza para sacar adelante sus explotaciones. Ya no sólo ellos, sino otros muchos que tengan o no ganado viven en pueblos rodeados de naturaleza, teniendo más facilidades para entrenar y hacer vida torera. Otros en cambio no tienen esa posibilidad de seguir preparándose día a día como si en la temporada reinase la normalidad.
En este momento me quiero acordar de Daniel Menés, Mariano de La Viña, Gonzalo Caballero y Javier Cortés que derramaron su sangre en el epílogo de la temporada pasada. Su vuelta a los ruedos era esperada por los aficionados y sobre todo por sus partidarios. El murciano Rafael Rubio “Rafaelillo” recibió de un Miura una brutal paliza en Pamplona. Lleva sin torear desde entonces. Todos ellos pagaron muy cara su entrega. Roca Rey, lesionado desde verano hasta Navidad, regresó a los ruedos al otro lado del mundo. Desde América llegaban noticias que seguía igual de intratable como cuando se fue. Así que los españoles seguiremos deseando volver a ver pronto a Andrés en nuestros ruedos.

Sergio Serrano triunfó rotundamente en septiembre y su contratación para esta temporada era de justicia tras batallar heroicamente con aquel Saltillo. En este apartado de triunfos, además de Sergio debemos nombrar a Álvaro Burdiel que salió a hombros en la final de la escuelas en Las Ventas. Y la gran esperanza del toreo toledano es Tomás Rufo. Al igual que Burdiel también descerrajó la puerta grande de Madrid en Otoño. Su alternativa estaba fechada este verano allende los Pirineos con Alejandro Talavante y Roca Rey. El doctorado queda en el aire.

Hablando de reapariciones. Talavante se tomó un respiro este 2019 y en Arlés durante su inminente feria de Pascua estaba previsto su primer festejo con toda la repercusión taurina y económica que suponía para esta ciudad francesa. Su siguiente tarde era en Sevilla y de igual forma, tampoco lucirá el chispeante. Así que viendo el panorama, quien sabe si durará su retiro más de lo esperado. Acabo con José Tomás porque celebra este año cinco lustros en los ruedos y está acartelado dos tardes en las Galias que por ahora son una incógnita si se darán o no. Añado que Joseto no reaparece a pesar de que es lo que nos venden continuamente todos los periodistas ya sean taurinos o generalistas. Sus temporadas son muy breves sencillamente por estrategia y decisión personal, no porque los empresarios prefieran contar con otros matadores antes que con el de Galapagar.
Me quiero acordar de la recién hornada de chavales cuya ilusión de la primera temporada como matadores de toros ha frustrado esta pandemia. La savia nueva que debe traer frescura y caras nuevas al escalafón de matadores: Ángel Jiménez, Jorge Isiegas, Amor Rodríguez, Miguel Maestro, Tibo García, Juan del Moral, Dorian Canton, El Dani, Juanito, Jesús Duque, Adrien Salenc, García Navarrete y Ángel Téllez.

Los altísimos costes que un caballo requiere pondrán a prueba a los rejoneadores. El problema es que éstos no cuidan a uno, sino a muchos más pues todos ellos cuentan con amplias cuadras con todo el personal que éstas requieren. Además, las principales figuras del rejoneo doman en sus yeguadas los futuros caballos toreros.

Hoy me he extendido porque el momento lo exige. Esto es un dominó, si se cae una columna, caen las demás. La preocupación es máxima ya que el toreo se desangra. El gobierno anunció tanto medidas como ayudas para todos los sectores culturales, pero como en otras situaciones siendo algo habitual, hemos sido vergonzosamente ignorados. Somos el segundo espectáculo de masas en España recordando que TODO lo que se genera es el dinero que pasa por taquilla. No tenemos publicidad ni patrocinios, estamos solos. Mientras el nefasto cine nacional sigue llorando para conseguir más subvenciones, nosotros aportamos dinerales a las arcas estatales con cantidades que muchos sectores soñarían con producir.

Por el bien de todos espero que esto se solucione pronto. Nos jugamos mucho.

Un saludo.

PD: Aprovecho para mandar mis condolencias a la casa Jandilla por el Fallecimiento de D. Borja Domecq Solís y a la ganadería de Cantinuevo, cuyo propietario era D. Antonio González. Descansen en paz, ganaderos.

(Foto: ArseyAzpi)
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