Escribo estas líneas a modo de homenaje para que conozcáis a uno de los grandes de la historia. Se cumplen cien años de la muerte de un diestro legendario: José Gómez Ortega o lo que es lo mismo: Joselito “el Gallo” o “Gallito”, ya que de estas dos maneras se anunció en los carteles.

Hijo y hermano de toreros, pues los Gallo es una de las muchas y gloriosas dinastías toreras. Vino al mundo en Gelves el 8 de mayo de 1895, a escasos kilómetros de Sevilla. Hijo menor del torero Fernando Gómez, “El Gallo” y de la cantaora Gabriela Ortega; hermano pequeño del también matador Rafael Gómez, “El Gallo” y Fernando. Éste último no tuvo mucha suerte y se hizo banderillero actuando en las filas de sus hermanos. Un tío de ellos también fue un torero importante del siglo anterior.

Sirviendo a la Patria en el Arma de Ingenieros.

En aquel hogar de Gelves, que era propiedad de la casa de Alba fue donde se imbuyó José del toreo. Aquí trabajaba el padre como guardés ya que se encontraba en la ruina una vez retirado de los ruedos. En aquella finca había una placita que servía de lugar de entrenamiento a los toreros sevillanos y donde se hablaba de toros. Sus hermanos mayores transmitían al pequeño José todo lo que en esas tertulias aprendían.

Fue un prodigio, apenas siendo un niño se permitía el lujo de hablar y dar consejos a gente que era mayor que él. Debutó en Jerez de la Frontera el 13 de junio de 1908 con becerros de Cayetano de la Riva acompañado de José Puerta, Pepete, y José Gárate, “Limeño”. Con su llegada y la temprana alternativa retiró a casi todas las grandes figuras del momento: “Bombita”, “Guerrita”… quedándose como dueño del toreo y sin nadie que le hiciese sombra. Coge el testigo de éste último e impone sus condiciones en el nuevo siglo. Recibió ese doctorado de manos de su hermano Rafael en Sevilla el 28 de septiembre de 1912, El toro se llamó Caballero y era de la ganadería de Moreno Santamaría. Días después y en la capital del Reino, confirmó su doctorado el 1 de octubre, con un toro del duque de Veragua.

Sin duda, su tarde más gloriosa fue aquel día en la plaza vieja de Madrid en el que en solitario se encerró con 6 toros (que al final fueron 7) de la mítica vacada de Colmenar Viejo, Herederos de Don Vicente Martínez.

Otra de sus faenas más memorables la realizó al toro “Napoleón”, el 10 de mayo de 1915, el mismo año en que en la Plaza de Sevilla fue premiado con las orejas de la res por primera vez en la historia del toreo. En 1919 viaja por única vez a América, triunfando en Lima.

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Montando en bicicleta en la plaza de Acho (Lima).

Dotado con una técnica perfecta, era inteligente, capaz, poderoso; conocía todos los encastes, las querencias, los terrenos y sabía solventar cualquier situación. Dominaba todas las suertes y la fantasía de su variedad con el capote era excelsa: largas, remates, lances a una mano, recortes, popularizó el famoso galleo de el Bú… Con los rehiletes era un portento. Es uno de los grandes banderilleros de la historia. Otro de sus descubrimientos en el avance del toreo consistió en el ligar los muletazos, es decir encadenarlos de modo que el toro siempre gira en la misma dirección alrededor del cuerpo del torero tal y como se hace hoy día en cualquier faena. En aquel entonces se toreaba en ochos, o sea, se daba un pase y cuando el toro salía de la suerte se le provocaba de nuevo por ese mismo lado para dar el pase de pecho. Ligar los muletazos es algo que José aporta de una manera rudimentaria y primitiva y que años después pulirá Manolete.

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Durante los ocho años que duró su trayectoria fue indiscutiblemente el número uno y con Belmonte no hubo rivalidad sino negocio. Todos los que lucharon contra José por el cetro del toreo perdieron la batalla. Era imbatible. Evidentemente José quería acabar con Juan para mandar él solo. Belmonte era consciente de esto y él mismo sabía que no tenía armas para vencerle así que lo mejor que podía hacer era aliarse con él formando una sociedad. Gallito vio impresionado la humildad del trianero. Aceptó la oferta, torearon por toda España y se hicieron ricos. Compartieron miles de tentaderos y horas y horas de viajes en tren por toda la península. Forjaron una fuerte amistad y Belmonte fue su protegido. Joselito mandaba en el torero y cada vez que le preguntaban a Juan sobre cualquier tema taurino, éste respondía: Si José lo ha hecho así, bien hecho está.
La Edad de Oro del toreo fue como se denominó esta época hasta la muerte de nuestro protagonista. Mientras Europa estaba siendo arrasada por la Gran Guerra, Estos años en la península eran pugnados por gallistas y belmontistas. Los partidarios de ambos toreros llevaban estos debates a diario en tabernas, casinos, barberías, prostíbulos, estaciones de ferrocarril…

Joselito y su Majestad Alfonso XIII en el campo ante una vaca.

Una de las figuras de generaciones anteriores como era Guerrita también mandaba con autoridad en el escalafón pero era antipático, soberbio y caía mal a la gente. (Por eso José aceptó el trato, se acordó de este matador y viendo que podría acabar de la misma manera, pactó con Belmonte). Llegó el día en que también se quedó solo, sin rivales y al acabar aburriendo a los aficionados (como ha pasado en diferentes casos a lo largo del tiempo de ver continuamente al mismo espada) una tarde en Zaragoza se retiró diciendo: No me voy, ¡me echan!

José en el campo realizando el galleo de el Bú.

Explicado como introdujo nuevas maneras de torear con la muleta, paso a contar otras innovaciones que José hizo en el toreo y cambiaron radicalmente el devenir de la historia.

España crecía y José vio que las plazas se quedaban pequeñas. En aquellas primeras décadas de siglo las plazas no superaban los doce mil espectadores. Con la construcción de dichos cosos, se dobló el aforo lo que llevó a un abaratamiento de las entradas para las clases más humildes. Barcelona, Sevilla y Madrid fueron esos ejemplos.

Un recorte con el capote.

La monumental de Sevilla, fue la causa y motivo de sus mayores disgustos y quebraderos de cabeza. En aquella época el toreo sevillano estaba dominado por los maestrantes, o sea, la alta sociedad de la ciudad de la Giralda. Y la construcción de esta plaza fue un total desafío a la Maestranza y a esas clases acomodadas. Ningún arquitecto quiso firmar los planos de este nuevo edificio. Se pusieron trabas, dificultades, se quería frustrar el futuro de la Monumental pero aún así y a pesar de tantos ataques y sabotajes, José vio construido ese gran sueño en su ciudad natal. Llegó a albergar veinte mil espectadores, Poco después de la muerte de José, fue derruida. Y el otro gran sueño que no vio cumplido pero cuyo proyecto sí inició, fue el de la nueva plaza de Madrid.

Joselito en el despacho de José Espeliú, con los planos de la nueva plaza de Las Ventas.

Durante el siglo XIX la corrida era completamente diferente a como la entendemos en la actualidad. Se le daba una importancia total al tercio de varas y tras las banderillas había que estar ágil y rápido para matar al toro tras unos breves muletazos. A partir de ahí la cosa cambia y cobrará protagonismo la faena de muleta. El torero se lucirá hasta que llegado el momento adecuado, dará muerte al animal.

El toro: Joselito vio que por ejemplo ese toro del siglo anterior que derribaba caballos era el del encaste Veragua. Daba emoción en el caballo pero en la muleta se paraba. A su corta edad pero gracias a su brillante capacidad, se peleaban por él los ganaderos para que le pidieran consejo a la hora de tentar las vacas y buscar un comportamiento diferente. Para ello eligió la rama Vistahermosa con las ganaderías de Ibarra y Saltillo como el prototipo de toro del futuro. La parte negativa de este sistema fue que se eliminaron muchas ganaderías que no cumplían esos requisitos.

Una de esas ganaderías que él salvó fue la de Murube. Cuyo propietario era el del banco Urquijo. A pesar de que no tenía ni idea de toros, José le dijo: “usted no se preocupe, que de eso me encargo yo”.
Creó la figura del veedor, es decir una persona de su máxima confianza para elegir los toros cada vez que vaya a torear. Ese cargo se lo pidió a Juan Soto.
Los apoderados: creó las pautas para los nuevos apoderados, es decir un gestor en la carrera profesional de cada matador. Había administradores que dirigían las cuentas y los dineros del matador. Este personaje no solía ir con el torero ya que éste era el que negociaba su contratación con los empresarios.
Los viajes en tren: José se propone torear cien corridas al año. Para ello en las plazas importantes toreaba dos o tres corridas en esa feria y cogía el tren rumbo a la siguiente ciudad. Por ejemplo, toreaba en la feria de Málaga un par de veces y cogía un tren rumbo al norte. Paraba y toreaba en las capitales hasta que llegaba a Bilbao y allí se quedaba un par de días.

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Monumental de Sevilla. 

Algunos datos sobre su trayectoria:

Estoqueó 1530 toros en 670 tardes de las cuales, 23 fueron en solitario. Actuó 81 tardes en la plaza Vieja de Madrid cortando once orejas y un rabo. En Sevilla registró 58 tardes y 64 en las tres plazas que en aquellos primeros años del XX tenía la Ciudad Condal. En la capital del Turia llegó a trenzar 49 paseíllos y en el norte, 55 tardes entre Bilbao y San Sebastián. Durante esos ocho años, concedió una decena de alternativas.Compartió 184 paseíllos con su hermano Rafael, con Belmonte toreó 257 tardes y con la otra gran figura que era el mejicano Rodolfo Gaona, fueron 139.

En cuanto a las ganaderías, estas fueron las que más veces toros lidió: Santa Coloma (104), Guadalest (89), Vicente Martínez (84), Murube (79), Miura (76), Gamero Cívico (65), Felipe Salas (64), Carmen de Federico (58), Contreras (52), Pablo Romero (51), Benjumea y Concha y Sierra (50), Saltillo (49), Pérez de la Concha (42) y Medina Garvey (40).Recibió cuatro cornadas antes de la mortal de Talavera:
El uno de septiembre de 1912 en Bilbao por un toro de Don Luis da Gamma; dos en 1914: una por el toro Aceituno de Pérez de la Concha en Barcelona y la otra también en Bilbao por un toro de Murube y la última en Madrid en 1919 por un toro de Benjumea.
Estos años son los que acabó primero en el escalafón:
-1914: 74 festejos.
-1915: 102  ”
-1916: 104  ”
-1917: 103  ”
-1918: 103  ”

Los últimos años de José fueron un suplicio. En la segunda década del XX, aún estaba a la orden del día las distintas clases sociales. Él estaba enamorado de Guadalupe de Pablo Romero que era hija del ganadero de mismo nombre y además era íntimo amigo de José. Aún así puso pegas a que fructificase esa relación. José era torero y gitano por lo que esa situación no terminaba de convencer al ganadero. Tuvo roces con su hermano Rafael, porque estaba en decadencia y le aconsejaba retirarse. Y por último, falleció su madre a quien estaba muy unido.

Los dos grandes amigos: José con capote claro y Juan en el centro
preparados para empezar el paseíllo.

Su última tarde en Madrid fue una hecatombe: nada más llegar al patio de cuadrillas los aficionados increparon a José y a Juan que aquella tarde toreaba con él. Les achacaban de los males en los que estaba metida la Fiesta en aquel tiempo. Le acusaban de afeitar corridas en Los Merinales que era una fonda ferroviaria en Sevilla desde donde se transportaban animales y mercancías. Y esa corrida fue la típica corrida de Madrid de broncas y almohadillas. José le comentó a su amigo del alma que era aconsejable retirarse un tiempo y que el peso del toreo lo llevasen otros.

Tras esa tarde en Madrid, sin saberlo cogió un tren por última vez rumbo a Toledo. Dicen que llegó muerto. Con tantos disgustos José no podía más.

Toreó en aquel pueblo castellano con su cuñado Ignacio Sánchez Mejías. Recibió una cornada en el vientre del toro Bailaor (chico, cornicorto 260 kg en canal), de la Viuda de Ortega, que acabó con su vida en Talavera de La Reina, Toledo, la tarde del 16 de mayo de 1920. Tenía 25 años. Su muerte causó un profundo dolor en la sociedad española.

Nuestra Señora de la Esperanza Macarena vistió de luto por su muerte, por primera y única vez. Joselito se encuentra enterrado en el Cementerio de San Fernando de Sevilla, donde tiene un mausoleo financiado por suscripción popular y realizado por el escultor valenciano Mariano Benlliure.

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Hoy me he extendido pero la efeméride lo exige. Hablar poco y rápido del más grande de la historia, sería un insulto a su memoria. Para colmo, en su Sevilla, los maestrantes a priori no han hecho algo a la altura de tan ilustre personaje argumentando que si no tendrían que estar constantemente celebrando homenajes. Como estos renglones los junto a primeros de febrero… a ver qué pasa. Espero que hayáis conocido un poco más y mejor a un muchacho que cambió el rumbo del toreo en apenas ocho años.


Arriba el mausoleo en Sevilla y abajo,
el busto en Talavera. Al fondo, la plaza.
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Gloria eterna a José Gómez Ortega “Joselito El Gallo”.
Por Jacobo Hernández-Mora
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