Introducción

“En la vida rusa había muchas desviaciones dolorosas. En Moscú nos amenazó el peligro de romper con la vida universal y encerrarnos de manera independiente; en San Petersburgo corrimos el peligro de disolvernos en la civilización romana, cuyo origen es la latinidad. Ahora [1920] nos señalan a Asia y nos predican el odio a la latinidad. Pero nuestro camino auténtico había sido indicado en Kiev: no es ni la latinidad ni Asia, sino el helenismo. Nuestro esqueje salvaje ha sido injertado en el tronco de la humanidad cristiana precisamente en su rama griega, y este hecho no es una casualidad insignificante”
(Fedotov, 346)

La historia de Rusia presenta a una nación con una tendencia a ser gobernada por un solo hombre, el gran imperio del Zar, la Rusia comunista, la nueva potencia de Putin, etc.

En 1991 se produjo el colapso del comunismo en Rusia, que hizo eco de lo que había sido antes el Imperio ruso (1550-1914). Este imperio, que había durado más de 400 años, y la Unión Soviética (1922-1991) habían mantenido las mismas fronteras durante 69 años. La Rusia de Putin es heredera por igual de los dos legados históricos, podríamos afirmar que su política exterior e interior está condicionada por el hecho de que es un país único, es un Estado postimperial y poscomunista.

Rusia es una nación de que necesita y espíritu patriótico fuerte, para poder hacer frente a las dificultades a las que se enfrenta: pasar de una estructura burocrática comunista a la actual, enfrentarse al independentismo de las repúblicas del Cáucaso Norte (de mayoría musulmana), la caída demográfica (en 2050 Rusia tendrá solo alrededor de 121 millones de habitantes, casi treinta menos que en 1991), etc.

Rusia ahora bajo el liderazgo de Putin busca recuperarse y establecerse como gran potencia mundial, alcanzar de nuevo su auge. En marzo de 2012 fue elegido presidente para un mandato de seis años, tras haber ejercido ya la presidencia entre 2000 y 2008, y ocupado el puesto de primer ministro entre 2008 y 2012. Su intención clara de gobernar también durante la próxima legislatura haría que su presencia en el poder fuera de veinticuatro años, seis más que Breznev y seis menos que Stalin. Su objetivo es reformar Rusia garantizando su estabilidad económica y su estatus global, no tiene nada que ver con una supuesta reforma política que traiga a Rusia la democracia.

 

Las Rusias

“El primer gran Imperio ruso y, de hecho, la primera gran forma de gobierno de Europa oriental, fue la Rus de Kíev, que apareció a mediados del siglo IX (…) en contacto permanente con el Imperio bizantino al sur. Esta circunstancia facilitó la conversión de los rusos al cristianismo ortodoxo. (…) La Rus de Kíev estuvo luchando constantemente contra los nómadas esteparios hasta que los mongoles de Batu Kan, nieto de Gengis, la destruyeron finalmente a mediados del siglo XIII.”
(Kaplan, 210)

El Imperio ruso supuso la convivencia entre etnias distintas: rusos de “todas las Rusias” (Ucrania, pequeña Rusia; Bielorrusia, Rusia blanca; y Rusia), tártaros, griegos, georgianos, germanos, lituanos… Desde el siglo IX, la identidad étnica rusa ha estado fuertemente ligada a la fe del cristianismo ortodoxo, aunque solo en el siglo XIX, a causa de la influencia del romanticismo alemán, la religión se convirtió en el criterio definitorio de la lealtad patriótica, de la cual Putin ha sabido sacar partido. Durante el comunismo, la solución que propuso Stalin, y que fue imitada por los países del bloque comunista, fue el llamado el federalismo etnoterritorial: los no rusos permanecieron en territorios apartes, con sus parlamentos y la posibilidad de autodeterminación. En realidad, Stalin tenia instituciones socialistas en la forma, pero nacionalistas en el contenido, asunto que se demostró al desintegrarse la antigua URSS y convertirse en quince Estados nuevos.

Aleksandr Solzhenitsyn hace hincapié en esta centralización, en esta explotación de las periferias en beneficio del Moscú, igual a la de época imperial, por ello defiende la fragmentación territorial.

Un problema al que se tiene que enfrentar Putin es la inmigración y la influencia musulmana, ya que de los once millones de habitantes de Moscú, dos millones son inmigrantes musulmanes. El debate sobre la política migratoria enfrenta a los que abogan por facilitar la inmigración de los rusos de las antiguas repúblicas soviéticas con los que promueven lo contrario: mantenerlos ahí para facilitar la influencia de Moscú en esos territorios. El Gobierno de Putin por una parte, debe controlar un estado de ánimo social populista y nacionalista (del que se aprovecha), y por otro necesita atraer inmigrantes para compensar el descenso de su población y desarrollar su economía. Por ahora, sirve como aumento del sentimiento nacionalista entre la población rusa.

A los problemas del independentismo musulmán se añade otro vinculado al islam: la falta de un proyecto de integración de la inmigración musulmana procedente de las antiguas repúblicas soviéticas del Asia Central (Kazajstán, Kirguistán, Tayikistán, Turkmenistán, Uzbekistán) y del sur del Cáucaso (Georgia, Armenia, Azerbaiyán).

 

El estado híbrido de Putin

Iván IV el Terrible (1533-1584) [en realidad Groznii, significa el ‘Temible’ o el ‘Formidable’] “es una figura histórica controvertida, considerado por igual monstruo y héroe popular (…) demostró que en su época y en aquellas tierras, el único antídoto contra el caos era el absolutismo. Fue el primer gran imperialista de Rusia, un papel que le impusieron la historia y la geografía.”
(Kaplan, 212)

Podríamos decir que Rusia a lo largo del tiempo se encuentra frecuentemente ante el desafio de liberarse de su retraso económico y político, y que aparezca un líder autoritario para sacarla adelante. Rusia se trata de una realidad geográfica inigualable, de un territorio que en parte se identifica con Europa, en parte con Asia, en parte con algo totalmente independiente.

Hubo zares que quisieron acercar Rusia a Occidente (Alejo II, Pedro el Grande, Catalina la Grande, Alejandro II y Nicolás II), y otros que percibían alarmantemente como todos los males de Rusia venían de este desesperado anhelo de ser europeos y modernos (Alejo III, Nicolás I, Alejandro III). Es herencia de estos comportamientos la política exterior de Putin, y su recelosa relación con las otras naciones. El marco legal de la Rusia de Putin debe mantenerse como el de los zares, con el objetivo de siempre de garantizar el poder del gobernante, de ahí las reformas legislativas sobre los partidos políticos, la Ley de Alta Traición, la Ley de las ONG y la Ley de Internet. Con Europa a Rusia siempre le sucede algo parecido, se empeña en alcanzar la modernidad y el espíritu político europeo, como en la época de las revoluciones, pero luego,
cuando está a punto de lograr tal objetivo, involuciona.

Putin pretende levantar la nación con la forma de estado que instauró en el 2000, el “Estado híbrido”. Este cumple las exigencias formales y teóricas de una democracia (elecciones libres, sistema pluripartidista, libre mercado, libertad de expresión, etc) pero al mismo tiempo hace uso de instituciones ilegales o invisibles (servicio secreto, control de los medios de comunicación, corrupción, y consolidación de una oligarquía económica, etc).

Durante la perestroika, en los noventa, la privatización de las grandes empresas estuvo rodeada de corrupción. Los miembros del estado comunista y los de KGB fueron los primeros (y los únicos) en enriquecerse y, de este modo se creó el actual gobierno oligárquico. Es por ello que la transición democrática no tuvo éxito real, ya que los “liberales” no tenían interés alguno en crear instituciones que pusieran los cimientos y el marco institucional para un verdadero estado nuevo. Apoyaron las medidas de Yeltsin en la Constitución de 1993, que garantizaba poderes excesivos y centralizados en la figura del presidente, en los cuales luego se sustentó el régimen autócrata de Putin. El éxito se Putin se debe en gran medida al rechazo de la sociedad rusa al caos y a la corrupción, su popularidad se basa en la imagen de orden y de búsqueda del bien común que da.

Ver a Rusia necesitada de un Zar no es una mera ilusión, los propios hombres de Estado son conscientes de la necesidad de una figura soberana. En 2008, el Kremlin siguiendo el pensamiento de Vladislav Surkov (Viceprimer Ministro de Rusia de 2012 a 2013) define el Estado ruso como “democracia soberana”, que especifican como “tipo de vida política de la sociedad, cuando el gobierno, sus órganos y acciones se eligen, se forman y se dirigen exclusivamente por la nación de Rusia en toda su diversidad y unidad, para que todos los ciudadanos, grupos sociales y pueblos, que la forman, alcancen el bienestar material, la libertad y justicia” (1). Es decir, ahora Rusia es un intento de unificar la democracia occidental y el populismo.

Nicolás I fue el primero en ver la necesidad de consolidar el espíritu ruso, el “genio nacional” (idea venida del romanticismo alemán). Su intención era distanciarse de las ideas occidentales que provocaron la primera Revolución rusa, la de los decembristas en 1825. Rusia tiene un carisma único, por ello se habla de una “tercera vía”, como la que propuso el filósofo Ivan Ilyn (1883-1954), oponiéndose simultáneamente al totalitarismo estalinista y a la democracia occidental.

No solo es el tema ideológico y nacional lo que mantiene a Putin en el poder, la faceta económica tiene gran peso. Él ha conseguido una gran estabilidad económica conseguida gracias a la subida de los precios de los hidrocarburos, que es algo que tampoco podrá mantenerse a largo plazo, aunque si durante el mandato de Putin.

 

Partidos políticos

“Una Rusia renaciente […] podría estar dispuesta a contemplar la posibilidad de algún tipo de trastorno [en la Unión Europea], con el fin de crear un espacio estratégico […] la Rusia de Putin no es una potencia de statu quo.”
(Kaplan, 234)

En Rusia existen tres grandes grupos de partidos: la mayoría absoluta en la Duma es del partido Rusia Unida. Lo consideran “oficialista” por haber sido creado para apoyar a Vladimir Putin, aunque el nunca fue directamente militante suyo. En los últimos cuatro años se autoproclama como el partido del “conservadurismo ruso”. Luego están los partidos de la “oposición oficial”, que están registrados y participan en la competición electoral, como muestra de aparente democracia. Los partidos de la “oposición oficial” son el Partido Comunista de la Federación Rusa (PCFR), el Partido Liberal Demócrata (PLD), Rusia Justa, Patriotas de Rusia y Yabloko. Exceptuando Yabloko, todos ellos están en mayor o menor medida controlados por el Kremlin.

Pero la oposición real es la “no oficial”, que son grupos o movimientos políticos que no han podido reunir todos los requisitos para registrarse como partidos o han sido prohibidos. Esto es a causa de las reformas legislativas sobre los partidos políticos (2001), que contempla la posibilidad de prohibir el registro de un partido por su emblema, su programa o el lenguaje que utiliza. Por ahora, el programa político claro de la oposición, expresado en las manifestaciones de diciembre de 2011, consiste en siete puntos: libertad para los presos políticos, reforma legislativa de Partidos y de Elecciones, abolición de la censura y restauración de los medios libres, límite al mandato presidencial y reforma del poder ejecutivo, anulación de los resultados de las Elecciones Legislativas, dimisión de Vladimir Churov, presidente de la Comisión electoral y, por último, nuevas elecciones libres (2).

 

1 http://www.expert.ru/printissues/expert/2006/43/nacionalizaciya_buduschego/
2 Estas exigencias están en casi todas las páginas web de los grupos de la oposición no oficial: http://rusolidarnost.ru/vybory/2012-01-03

 

Bibliografía

Antelo, A: Notas sobre Moscú, tercera Roma. Espacio, Tiempo y Forma, Serie III, H. Medieval, 1992, págs. 441-450

Carrère D’Encausse, H. (2000): Rusia inacabada. Las claves de la caída de un sistema político y el resurgir de un nuevo país, Salvat Contemporánea.

Fedotov, G. P. The Russian Religious Mind. Vol 1: Kievan Christianity, the tenth to the
thirteenth centuries (Cambridge, MA: Harvard University Press, 1966) p. 346.

Kaplan, R. D. La venganza de la Geografía. Akal 2012.

Mankoff, J. (2012): “What Putin Means for Washington”, The National Interest, March 14, 2012.

Yaffa, J. (2012): “The People vs. Vladimir Putin. The Russian Middle Class Campaigns Against the Kremlin”, Foreign Affairs, March, 1, 2012.

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