El 7 de marzo de 1965, el papa Paulo VI anunció: «Se inaugura hoy la nueva forma de la Liturgia en todas las parroquias e iglesias del mundo, para todas las misas en las que participa el pueblo». La primera misa en castellano se ofició un mes antes, el 10 de febrero de dicho año, en la Facultad de Ciencias de la Universidad de Sevilla, hoy sede del Rectorado, de Geografía e Historia y de Filología[1].

En este artículo no voy a tratar el cambio del Rito Romano, con el consecuente cambio del misal (objeto ya muy estudiado y debatido, que quizás abordaré en otra ocasión), sino la necesidad de volver a usar el idioma de la Iglesia en el Santo Sacrificio de la Misa.

1.- Universalidad

«La Iglesia verdadera es CATÓLICA que quiere decir universal»[2]. «La palabra “católica” significa “universal” en el sentido de “según la totalidad” o “según la integridad”»[3]. En tiempos de internet y de la globalización, donde los viajes y las migraciones son más frecuentes que nunca – y la posibilidad de conseguir un Ordinario de la Misa bilingüe en internet también – sería muy recomendable que todas las misas del Rito Romano se celebren en la misma lengua, lo que permitiría al fiel seguir la celebración en cualquier lugar del mundo, asistiendo a la misma celebración en cualquier país donde se encuentre de viaje o residiendo.

2.- Precisión doctrinal

Ha sido precisamente este punto lo que me ha llevado a escribir el presente artículo, al leer una noticia que informa de la modificación del misal italiano, incluyendo cambios en el Padre nuestro y el Gloria[4]:

  • Padre nuestro: cambia el «no nos dejes caer en la tentación» por «no nos abandones a la tentación». En castellano se cambió en su día el «perdona nuestras deudas» por «perdona nuestras ofensas».
  • Gloria: el «paz en la tierra a los hombres de buena voluntad» se convierte en «paz en la tierra a los hombres, amados por el Señor». En castellano se cambió también a una forma parecida «en la tierra paz a los hombres que ama el Señor»[5].

Al ser el latín una «lengua muerta», las palabras no cambian de significado, y estamos seguros, cuando rezamos hoy, de decir lo mismo (y sobre todo, querer decir lo mismo)  que en una misa oficiada en, por ejemplo, 1700. Sin embargo, en castellano, la misma palabra de significado según estemos en una región (o país) u otra También cambian las palabras de significado conforme pasan los siglos. S.S. Pío XII, en su encíclica Mediator Dei de 1947, expresaba lo siguiente: «El empleo de la lengua latina, vigente en una gran parte de la Iglesia, es un claro y hermoso signo de la unidad y un antídoto eficaz contra toda corrupción de la pura doctrina»[6].

3.- Separación sagrado/profano

Al ser una lengua actualmente sin uso fuera de la Iglesia (aunque hasta siglos recientes era el idioma de la Ciencia, como hoy es el inglés), nos permite separar claramente lo sagrado de lo profano, permitiendo que pongamos más concentración y empeño en lo que vamos a rezar. Esta separación entre lo profano y lo sagrado incluso en la lengua, es una constante en la historia universal, y podemos observar los casos del eslavo eclesiástico, el árabe clásico o el sánscrito, entre otros.

También la constatación del latín como lengua sagrada puede ser ratificado por la SSEE. Dice así el evangelista san Juan; «Scripsit autem et titulum Pilatus et posuit super crucem; erat autem scriptum: “Iesus Nazarenus Rex Iudaeorum”. Hunc ergo titulum multi legerunt Iudaeorum, quia prope civitatem erat locus, ubi crucifixus est Iesus; et erat scriptum Hebraice, Latine, Graece.»[7]

El latín fue unos de los idiomas que estuvieron presente en ese cartel que puso Pilatos sobre la Cruz del Señor, junto con el Hebreo y el Griego. ¿Es casualidad que después el latín se convirtiera en el idioma de la Iglesia Católica de Jesucristo y el idioma litúrgico con el que relacionarse con Dios en el culto divino y adorarlo, además del idioma con el que se ha escrito y explicado la fe y la doctrina durante siglos? Parece como si Cristo en el momento sublime de su Hora redentora hubiera bendecido al latín.

4.- Es un idioma odiado por el diablo

Numerosos testimonios de exorcistas nos manifiestan el odio que siente el demonio y los espíritus inmundos por el latín: «El diablo odia el latín, porque es el lenguaje universal de la Iglesia» (P. Gary Thomas, exorcista). El ya fallecido P. Gabriele Amorth, quizás el exorcista más conocido, recitaba siempre el Rituale Romanum instaurado por Paulo V en 1614[8].

El citado P. Thomas dice que «el latín parece ser el más eficaz»[9]. En términos similares se expresaba el P. Amorth: «Al diablo no le gusta el latín, esa fue una de las primeras cosas que aprendí del Padre Gabriel Amorth»[10].

Este odio de Satán al latín se puede entender a que es el idioma utilizado durante siglos y siglos para explicar la fe verdadera y eliminar todo error, el idioma con el que se bendecía. El idioma con el que se obraba el milagro de la Transubstanciación en cada santa Misa. El idioma con el que se convertían las criaturas en hijos de Dios por el bautismo eliminándose el pecado original y mortal, el idioma con el que se perdonan los pecados en la confesión sacramental, el idioma con el que adorar a Dios en la Liturgia Horarum, el idioma con el cual descendía el Espíritu santo sobre los confirmandos y moribundos, el idioma con el que se ordenaban diáconos, presbíteros y obispos para perpetuar en la Historia los misterios salvíficos de Jesucristo el Señor a través de los sacramentos y sacramentales, en definitiva, el idioma de la salvación en contra de la condenación que desea a toda costa el seductor del mundo entero, Satanás.

Por todo esto se entiende más que de sobra que el demonio, sus demonios y los que odian a la Iglesia y su santa Tradición (muchos de ellos dentro de la Iglesia), odien el latín.

 

Conclusión

Por todas estas razones, y seguro que otras muchas que me habré dejado en el tintero,  considero necesario la vuelta del latín al Santo Sacrificio de la Misa. Seguramente, obtendríamos muchos frutos espirituales.

 

LAVS DEO VIRGINIQVE MATRI

 

Antonio A.

 

[1] La primera misa que no fue en latín, Mónica Arrizabalaga (ABC), 07/03/2015. Disponible en: https://www.abc.es/sociedad/20150307/abci-primera-misa-latin-201503051042.html

[2] Catecismo de San Pío X, 161

[3] CIC, 830

[4] Nuevo misal italiano: se modifican el Gloria y el Padre Nuestro (InfoVaticana) 31/08/2020. Disponible en: https://infovaticana.com/2020/08/31/nuevo-misal-italiano-se-modifican-el-gloria-y-el-padre-nuestro/

[5] Ordinario de la Misa

[6] Encíclica Mediator Dei, Pío XII, 20/11/1947. Disponible en: http://www.vatican.va/content/pius-xii/es/encyclicals/documents/hf_p-xii_enc_20111947_mediator-dei.html

[7] In 19, 19-20. «Y Pilato escribió un letrero y lo puso encima de la cruz; en él estaba escrito: “Jesús, el Nazareno, el rey de los judíos”. Leyeron el letrero muchos judíos, porque estaba cerca el lugar donde crucificaron a Jesús, y estaba escrito en hebreo, latín y griego.»

[8] Gabriele Amorth contra el diablo: así es un exorcismo ‘real’ y sin censura, Marta Medina (El Confidencial), 25/07/2018. Disponible en: https://www.elconfidencial.com/cultura/2018-07-25/gabriele-amoth-exorcismos-friedkin-netflix-documental_1596239/

[9] ¿Es el latín el mejor lenguaje para realizar exorcismos? (ACI Prensa), 28/09/2016. Disponible en: https://www.aciprensa.com/noticias/es-el-latin-el-mejor-lenguaje-para-realizar-exorcismos-12454

[10] El exorcista del Vaticano, Tracy Wilkinson.

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