CONDENA DEL MILENISMO (cfr. La Iglesia Patrística y la Parusía, Alcañiz- Castellani, págs.. 349-353)
Otra cosa es forzoso aclarar.
Hallamos en muchos autores, incluso “serios”, el aserto de que “el milenismo ha sido condenado”. O “lo será”. O “debe serlo”. Eso es falso.
El milenismo carnal o “kiliasmo” SÍ, ha sido condenado.
¿Dónde?
No hay ningún decreto Conciliar o Pontifical condenatorio del que nosotros sepamos. En la recopilación del Denzinger se nombra ciertamente a Kerinthos pero no como milenista sino como negador de la divinidad de Cristo —como muchos judíos actuales, Kerinthos parece haber aceptado a Cristo como Mesías o Profeta, pero no como hijo de Dios— en la condena a los Ebionitas (“Ebionem, Cerinthum, Marcionem, Paulum Samosatenum, Photinum… qui… Jesum Christum Dominum Nostrum verum Deum esse negaverunt:…), en el Decreto para los Jacobitas del Concilio de Florencia, 1438, Denz. 710.
Los que hubieren leído los 12 tomos del Mansi, si acaso han hallado la condena expresa del milenismo camal, haríannos favor nos la indicando.
Pero el Kiliasmo Kerinthiano está seguramente condenado en los escritos de los Santos Padres; en lo que llaman “el magisterio ordinario”. Ni una sola línea de las que escribió Kerinthos nos ha llegado; lo cual puede explicar la ausencia de condena expresa y formal. No conocemos propriis terminis la herejía de Kerinthos.
Los Santos Padres se desencadenan contra ella, algunos con verdadera furia; por su afirmación de que habría bodas después de la resurrección (entre los resurgidos); contra la afirmación del Evangelio, Lc., XX, 27.
El milenismo espiritual por el contrario no ha sido condenado, ni jamás lo será: la Iglesia no va a serruchar la rama donde está sentada; es decir, la Tradición.
Hubo hace poco dos decretos disciplinares para la América del Sur de una Sacra Congregación Romana en que se prohíbe enseñar como “peligroso” (sin condenarlo como “erróneo”) una especie de milenismo. ¿Qué especie?
Aquel que sostiene que “Cristo reinará corporalmente en la tierra”, dice el primer decreto informativo al arzobispo de Santiago de Chile; “visiblemente”, corrige el 2° decreto, extendido a toda la América del Sur (11-VII-1940 y 28-VII-1944).

En estos últimos tiempos se ha preguntado más de una vez a esta Suprema Sagrada Congregación del Santo Oficio qué haya de sentirse del sistema del milenarismo mitigado, es decir, del que enseña que Cristo Señor, antes del juicio final, previa o no la resurrección de muchos justos, ha de venir visiblemente para reinar en la tierra. Resp.: El sistema del milenarismo mitigado no puede enseñarse con seguridad. (DZ 2296).

La corrección del adverbio “corporaliter” sustituido por “visibiliter” es fácil de comprender. El alegorista que redactó el primer decreto no advirtió quizá que sin querer se condenaba a sí mismo. En efecto, los alegoristas o antimilenistas sostienen como hemos visto que el profetizado Reino de Cristo en el universo Mundo es este de ahora, es la Iglesia actual tal cual. ¿Y cómo reina ahora Cristo en este reino? Reina desde el Santísimo Sacramento. ¿Está allí corporaliter? Sí.
Había que corregir rápidamente eso.
Está pues prohibido enseñar en Sudamérica que Cristo reinará visiblemente desde un trono en Jerusalén sobre todas las naciones; presumiblemente con su Ministro de Agricultura, de Trabajo y Previsión y hasta de Guerra si se ofrece.
Muy bien prohibido. Teología a la Fulton Sheen. “Teología para negros”, llama a esta fábula Ramón Doll. Con perdón de los negros.
Ningún Santo Padre milenista —y hay muchos, como hemos visto— o quier escritor actual serio, ha descripto así el Reino de Cristo. Simplemente no añaden nada de su cosecha, que sería temeridad, a lo que el Evangelista y los Profetas dicen; y ellos no dicen tal cosa.
Uno es libre de imaginar como quiera o pueda el futuro Reino; pero no de “enseñar” sus propias imaginaciones. Yo no enseño “ni huno ni hotro, ch’amigo”: ni a Kerinthos ni a San Ireneo: tengo otras cosas que enseñar. (Con pesar me veo obligado a hablar de mí, porque una persona que enseña, y por cierto con (cierta) autoridad, me ha difamado enseñando autoritativamente que yo soy milenista).
Quisiera ser San Ireneo de Lyon. No me da el cuero para tanto. No tengo talento suficiente para zanjar un problema tan difícil. Lo que en mi fuero interno para mí tengo, eso es cosa entre Dios y yo; que no le incumbe nada al desaprensivo difamador.
Dije arriba que la Iglesia NUNCA CONDENARÁ el milenismo espiritual; y he aquí mis razones:
La Iglesia enseña que las dos fuentes de la doctrina revelada son la Escritura y la TRADICIÓN. La tradición de la Iglesia Primitiva (la más importante de todas) durante cuatro siglos por lo menos ha sido milenista. Aunque fuese una tradición “dudosa” (como dicen y no parece) la Iglesia Romana no se arriesgaría a condenarla; incluso por simple “política”; quiero decir, buen gobierno. Condenarla sería como guadañarse los pies queriendo guadañar la cizaña.
Los Protestantes niegan la Tradición como fuente autoritativa. Cuando estalló el gran movimiento de la Reforma, dos doctores protestantes, Dallaeus y Dedóminis, argumentaron contra la Tradición diciendo: la Tradición primitiva se equivocó, pues sostuvo el milenismo, el cual es falso, según la Iglesia romana deste tiempo. Si la Iglesia romana condenara el milenismo espiritual haría bueno el argumento Dellaeus. Y ya no se podría saber seguro cuál cosa era “tradición”, y cuál no era tradición.
Y tampoco se podría saber cierto cómo interpretar la Escritura; porque si todo el Cap. XX del Apokalipsi es “mishdrash”, o sea, puro mito o alegoría ¿por qué no lo será todo el Apokalipsi? ¿Y por qué no toda la Escritura, si vamos a eso? ¿Por qué no la resurrección de Cristo? ¿Por qué no su nacimiento partcnogénico? Eso dicen hoy día los “Teólogos” modernistas y protestantes liberales. Dicen que son solamente símbolos o metáforas, no realidades.
Un último punto curioso deseo brevemente relevar: muchos de los actuales alegoristas, si no todos, son en el fondo milenistas carnales. En efecto, negando el postparusíaco Reino de Cristo, se ven obligados a reponer el cumplimiento de las profecías en un futuro gran triunfo temporal de la Iglesia antes de la Segunda Venida; o sea, en una “Nueva Edad Media” (ver Berdiacff y también R. H. Benson en “The Dawn of All”) con el Papa como Monarca Temporal Universal, comandando ejércitos de alegres “jocistas” en bicicleta y camiseta de sport… Coinciden con el sueño de la Sinagoga antes de la Primera Venida.
Coinciden también helás con la extraña visión de milenismo ateo de Carlos Marx; no menos que con las barrocas promesas de la muy extendida secta protestante judaizante llamada en Norteamérica “la Nueva Dispensación”. Son todos pájaros de la misma pluma. Lo último de lo último que debieran (o no debieran) hacer, es tacharme a mí de “milenarista”, como dicen ellos.
Pbro. Leonardo Castellani S.J.
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