abuelos Alonso Pinto

Con los hijos se ensaya ser padres, con los nietos se pasa a limpio. Nuestros abuelos pueden rectificar en nosotros los trazos de la inexperiencia que dejaron en nuestros padres, remarcar los aciertos y añadir nuevos carácteres que en su impericia pasaron por alto. Mantienen así la ventaja de la improvisación añadiendo la de la experiencia, y de esa combinación resulta una relación única.

El pasado sobrevive a quienes lo han vivido

Quienes han tenido la suerte de conocer a sus abuelos y convivir con ellos no pueden borrar nunca las marcas indelebles que han dejado en sus almas. Esos antepasados vivos que nos encontramos al nacer arrastran tras de sí un tiempo remoto que se introduce en nuestras vidas como un borbotón de agua dulce entrando en el mar. Gestos, costumbres, palabras al borde del olvido coinciden con los primeros años de nuestra vida, con nuestro corazón reciente y dúctil, e imprimen para siempre en nosotros la conciencia de que el pasado late en cualquier momento y sobrevive a quienes lo han vivido.

Imprimen para siempre en nosotros la conciencia de que el pasado late en cualquier momento y sobrevive a quienes lo han vivido

Abuelos cristianos, transmisores de Tradición

Si además nuestros abuelos son cristianos, no puede medirse la bendición que Dios nos reporta con ello. El cristianismo (es decir, la religión católica) tiene en la Tradición una fuente de Revelación. Esta Tradición es la transmisión viva de las enseñanzas de Cristo, que por una sucesión ininterrumpida llega hasta nosotros desde los apóstoles pasando por los sucesivos discípulos. Esta serie de transmisores vivos nos permiten recibir hoy la enseñanza de Cristo. Sentimos que esa extraordinaria pujanza a lo largo de tantos siglos llega hasta nosotros y nos trasciende, busca perpetuarse y no se detiene en nosotros, sino que nos atraviesa para cumplirse en nuestra descendencia.

Esa extraordinaria pujanza a lo largo de tantos siglos llega hasta nosotros y nos trasciende, busca perpetuarse y no se detiene en nosotros

Materialización de la Tradición: santiguarse, bendecir o rezar

Unos abuelos cristianos dan a esta Tradición un aspecto todavía más tangible, más concreto. Los vemos santiguarse, los vemos bendecir la mesa o rezar, y sentimos que la Tradición está pasando junto a nosotros, que su aire nos acaricia y su perfume nos envuelve. De repente tenemos a nuestro lado la imagen viva de lo que lleva sucediendo durante dos mil años, y esa experiencia nos hace entrar en la historia de la Tradición no sólo por un conocimiento indirecto e impersonal, sino involucrando a nuestra sangre en ello, sintiendo el relevo palpitante y cálido en nuestras propias manos. La Tradición se encarna a nuestro lado, se familiariza.

Mis abuelos habían llegado hasta mí atravesando un puente que ya no existe. El tiempo había disminuido su marcha, pero no la había detenido. Las prominentes venas de sus manos envolvían su oración de una majestuosa autoridad, y sus palabras piadosas a sovoz, entre venerables y triunfantes arrugas, llegaban hasta mí como un secreto milenario a punto de extinguirse. Ese hombre y esa mujer que habían visto nacer a mi padre, que habían vivido casi toda su vida cuando yo la empezaba, ese hombre y esa mujer habían arrastrado la cruz hasta mí. Yo veía bajo mis pies el surco en la tierra perdiéndose en el horizonte, podía sentir el olor de la madera, la sangre antigua y reciente salpicada en derredor. Era la Tradición, aunque entonces no lo sabía.

En los días en que más alejado estuve de Él, en que menos pensaba en su existencia, esa Tradición personificada en mis abuelos seguía haciendo su efecto

Conversión y transformación del alma

Hoy doy gracias a Dios por haberse servido de mis abuelos para presentarse ante mí, para convertirme, para volverme a situar en el camino correcto. En los días en que más alejado estuve de Él, en que menos pensaba en su existencia, esa Tradición personificada en mis abuelos seguía haciendo su efecto insensiblemente, seguía su curso desplegándose en mi alma sin que lo notara, y en el momento que Dios lo quiso me transformó y todavía hoy sigue desencadenando nuevas impresiones en mi alma. Que nadie se lamente, pues, de no haber vivido en tiempos de Jesucristo para así creer en Él, pues quien no cree en Jesucristo a pesar de haber tenido unos abuelos cristianos, no creería en Él conviviendo con los apóstoles.

Alonso Pinto

Libros del Autor:

  • Colectánea. Una cruzada contra el espíritu del siglo. 

Colectánea sobre la Tradición

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