Reseña el peregrino absoluto Alonso Pinto

Cada vez es más infrecuente encontrarse con un escritor que tenga una voz propia y un estilo reconocible. En nuestro mundo moderno, donde las personalidades están cada vez más desleídas para ajustarse a un patrón cosmopolita, la literatura no ha podido menos que sufrir también la pérdida de los rasgos peculiares de cada autor. Esta tendencia hace que, por contraste, aquellos pocos escritores que todavía conservan un estilo propio resalten provocativamente entre la asepsia circundante.

De los pocos que conservan un estilo personal

Armando Pego, que ha publicado recientemente su último libro, El peregrino absoluto, es uno de esos pocos escritores que en España conservan un estilo personal, genuino, inconfundible. Podría publicar sus libros sin desvelar en ellos su nombre, y no quedaría sin embargo en el anonimato.

A pesar de ser catedrático de la Universidad Ramón Llull en la Facultad de Filosofía, ha esquivado ese abuso normativo y academicista que muy a menudo impregna las obras de autores con alguna función docente.

Casi imposible leerlo sin reconocerlo

Huyendo de ese defecto gremial, ha sabido dar a su prosa un tono característico, refractario a las fórmulas de corrección (que no a la corrección misma), donde las cláusulas, lacónicas y compactas, desprovistas de circunloquios, dan la impresión de dejar en el papel esas grietas de astillas en ciernes que, en la madera, suelen aparecer alrededor de un clavo hundido hasta la cabeza. Es casi imposible leer una de sus páginas sin reconocer al autor al instante.

Una de sus marcas personales consiste en su frecuente y peculiar uso del adjetivo, que aparece con frecuencia al principio de la oración, o muy cerca del principio, utilizando a veces un hipérbaton. De modo que cuando alguien lee: «espectral, siniestro, su memoria debe grabar a fuego el borrado de su olvido»; o: «considera, con glotonería, la sensiblería más perezosa la cima de su agudeza intelectual»; o: «Victimaria, no persigue otro objetivo que compensar imaginados agravios», uno puede estar casi seguro de estar leyendo a Armando Pego.

Un homenaje a Léon Bloy

Pero la consideración del aspecto lingüístico de su obra y en concreto de su último libro nos apartaría demasiado de su fondo. El peregrino absoluto es, como el propio Armando se encarga de confesarnos en su prefacio, un homenaje a su admirado y estudiado Léon Bloy.

Sin embargo, como la imitación del estilo del maestro hubiera resultado una caricatura y casi un insulto más que un homenaje, Armando Pego ha sabido llevar a cabo este homenaje de la mejor forma que el maestro hubiera esperado: demostrando que el alumno tiene su propio espíritu, su propia voz, y que con nueva armadura y nueva espada continúa el antiguo combate sostenido por Bloy.

Nuestro tiempo tiene sus propios lugares comunes, la modernidad incorpora nuevos estribillos a su ininterrumpida canción, de modo que Armando debe combatir en un nuevo terreno contra los herederos de los viejos enemigos.

Portada El peregrino absoluto Armando Pego

Portada de El peregrino absoluto (Cypress) aquí

Un implacable análisis de expresiones cotidianas

En las páginas de El peregrino absoluto Armando Pego repasa las consignas, expresiones, muletillas y demás lugares comunes del filisteísmo moderno, desgranando el mecanismo que se oculta en todos ellos. Como emanados de un mismo espíritu, todos comparten la vileza de su alcurnia.

Entre las frases de nueva creación, surgidas de la necesidad del filisteo por expresar la bajeza en la que ha caído, se encuentran también refranes y locuciones latinas que ha corrompido al tocar. Ninguna frase o neologismo, por inocente que parezca en un primer momento, escapa al implacable examen del autor, que identifica con precisión su intención oculta, la fuente envenenada de donde procede. En un ejercicio de etimología espiritual, deja al descubierto el origen de cada palabra, de cada frase, y poco a poco nos muestra la honda conexión que hay entre todas ellas.

Cosmovisión católica

Para poder llevar a cabo este trabajo se necesita a alguien que esté de paso. Los oriundos de un país están demasiado acostumbrados al trato con sus refranes y expresiones como para poder juzgarlos. No se asombran de lo que han conocido insensiblemente, como no se asombran del crecimiento de sus uñas.

Como católico, Armando Pego conoce bien esta condición de peregrino que se debe asumir con naturalidad. Si el mundo no es nuestro último lugar, no debe ser el primero; si no permanecerá siempre, no debemos acomodarnos en él. Con esta verdad de fondo, se sitúa en el lugar más apropiado para contemplar la modernidad, pues la perspectiva le ofrece una visión de conjunto que es imposible tener cuando uno forma parte de su entramado

No es lectura ligera

Sin duda que este es un libro exigente, que requiere de una atención esmerada por parte del lector. Su densidad supone un desafío para aquellos que estén acostumbrados a lecturas edulcoradas e insustanciales, a libros que se recrean en su propio vacío y que pretenden entretenernos el tiempo suficiente para que olvidemos que no tienen nada que decirnos. Este libro es todo lo contrario.

El peregrino absoluto está dispuesto a sacrificar la amenidad literaria con tal de no desviarnos ni un solo momento de su objetivo. No rodea los problemas, los atraviesa. Todo lo que no es esencial queda excluido de sus páginas: lo anecdótico se desprecia, la digresión es considerada una impertinencia. Consciente de su carácter de glosario, Armando Pego no admite a su obra más que lo insustituible para tal fin, y su prosa adquiere el ritmo vertiginoso que impone el barrunto de un apocalipsis a la vuelta de la esquina.

Un reducto para huir de la modernidad

Como El vaso medio lleno de Enrique García-Máiquez o Contramundo de Carlos Marín Blázquez, a quienes el propio Armando ha reseñado, El peregrino absoluto es un precioso reducto al que pueden acogerse todos aquellos que huyen de la tiranía de la modernidad, del imperio de lo transitorio, y que sólo recogen de la tierra aquello que podrán seguir conservando por toda la eternidad.

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