Carta a los jóvenes antiposmodernos

Para quien se sienta solo. Para quien tenga sed de justicia. Para quien eche de menos el amor. Para el que busca y no encuentra.

Para los excluidos, los marginados, los que no encajan en un mundo gobernado por los malos. Para quien no se puede abstraer de la nefasta realidad. Para el que no entiende nada.

Para el que desespera buscando la belleza y para el que la fealdad de este mundo le parte el alma y le causa una profunda tristeza. Para quien anhela sonreír, pero no puede.

Para quien sufre y llora desconsoladamente ante el intento de asesinato del Bien. Para quien hace de la Verdad y de la Justicia una bandera, la jura lealtad y muere orgulloso por defenderla.

Para quien tenga el mal de España clavado en lo más profundo de su alma. Para quien esté cansado, triste, decepcionado, hastiado, roto por dentro… y, sin embargo, no se rinde porque sabe que Dios le tiene preparadas grandes cosas.

Para el que padece las grandes traiciones que las instituciones, otrora más nobles, han perpetrado. Para el que, aunque enrabietado, no se derrumba y aunque no tenga confianza, tiene Fe.

Para quien entiende que el noviazgo es para conocer el alma y no el cuerpo. Para quien se entrega sin reservas. Para los que buscan a una persona, sólo una, a quien amar, a quien proteger, a quien guardar para siempre, pase lo que pase.

Para el que sueña con esa casa en medio del campo, con muchos hijos correteando libres y alegres, con una familia grande y unida. Para los que buscan la paz, la tranquilidad, la ayuda mutua, la bondad, el sosiego… la comunidad. Tantísimas cosas bellas que hoy suenan inalcanzables.

Para los humillados, los atacados, los vilipendiados por una sociedad enferma que naufraga, presa de sus propias contradicciones, y que pretende arrastrar con ella a los hombres buenos.

Para quien da y no pide. Para quien ama con el corazón y no con la boca. Para los que maldicen esta era por haberles negado una bella causa por la que morir.

Para quien es fiel y no pone excusas. Para quien se emociona con lo sencillo. Para quien reniega del mundo del sofista, del economista, del mentiroso, del calculador, del ateo, del egoísta.

 Para quien resiste incólume el vendaval de maldad, fealdad, odio, mentira… que este insoportable siglo nos envía. Para el que tiene miedo, para el que está aterrado por lo que viene.

Para el que se siente miserable, pecador, indigno; pero que aspira siempre a la virtud. No para el que se cree virtuoso, sino para el que aspira a serlo y combate denodadamente por ello en cada instante. Para el que se cae una y otra vez. Para el que no se ha puesto aún de pie y ya se ha vuelto a caer. Para el que, aún con todo, lucha de nuevo por levantarse.

Para quien, pese a tener el corazón zurcido hasta la saciedad, deshecho de reveses y martirizado a golpes, no permite que se convierta en piedra, sino que sigue creyendo en la ternura y  en el ferviente deseo de amar.

Para los que de pequeños soñaron con ser torero, conquistador o caballero medieval. Para quien es asfixiado por la pestilencia del mundo burgués. Para quien aún sueña con la muerte heroica.

Para quien no se deja engañar por el placer y por el dolor. Para quien tenga una mente atormentada que le quite la paz. Para quien busca una vida sencilla, pero no simple.

Para todos aquellos a los que el holocausto del aborto les quita el sueño. Para aquellos que cada injusticia les hace hervir la sangre. Para aquellos que embisten, una y otra vez, contra molinos.

Para quien, pese a las infinitas afrentas, estaría dispuesto a perdonar a todos y acabar con esta pesadilla. Para quien escupe en el dinero. Para el que desea ver arder todo de una vez y que acabe esta guerra.

 Para quien sepa de qué hablo. Para todos los que quieran ser mejores. Para vosotros, que merecéis todo y no tendréis nada.

Para vosotros, que sois mis hermanos, está mi hombro, para que lloréis en él y está mi casa, para que os guarezcáis en ella las noches que más arrecie la tormenta o que más miedo os dé estar ahí fuera, solos. Ahí estará mi techo para cuando os partan el corazón o cuando sintáis que este mundo, os supera, os arrolla y os veáis incapaces de hacerle frente. Os envío mi profundo dolor y acepto el vuestro. Compartiremos carga.

Encenderemos juntos hogueras, para encontrarnos, en medio de la noche cerrada, con otros camaradas extraviados. En corro, entonaremos unidos las canciones que enardecen nuestro espíritu, reiremos y rezaremos. Y si alguno de nosotros se desmorona, juntos lo levantaremos. Unus pro omnibus, omnes pro uno será nuestro lema. La lealtad es el mayor honor que tenemos con el otro. Ni la fuerte ventisca apagará nuestro fuego, ni el persistente frío borrará el calor de nuestros tenaces corazones.

Para vosotros, que también soy yo, una promesa: veremos la belleza. Si no en este mundo, en el siguiente. Se acabarán los llantos y el dolor, se acabará la soledad y la frustración y nosotros también tendremos nuestro banquete. Las tantísimas lágrimas de hoy algún día servirán de algo.  No desesperéis, no os rindáis, no claudiquéis, no capituléis. Todo eso son lujos que no podemos permitirnos.

Cuando vuestro espíritu se resquebraje, utilizad la razón: sabed que defendemos lo bueno, lo verdadero, lo bello. Si el corazón, más sujeto a veleidades y zozobras ocasionales, falla; que la cabeza, la certeza absoluta de estar en el bando correcto, os mantenga en pie.

Recordemos las palabras de San Pablo en la carta a los Corintios: « (…) acosados por todas partes, pero no derrotados; perplejos, pero no desesperados; perseguidos, pero no abandonados; desechados, pero no aniquilados; llevamos siempre y por doquier en el cuerpo los sufrimientos de la muerte de Jesús para que la vida de Jesús se manifieste también nuestra carne mortal (…)»

Aguantad, sufrid, llorad, maldecid, recibid golpes, dad también alguno si podéis… pero no traicionéis. Al final de todo el calvario está la gloria. Seguro que valdrá la pena. Por Cristo y por la Civilización.

Sergio Maldonado Martín

 

*Nota editorial Revista Hispánica: Adjuntamos el enlace a conferencias y debates explicativos acerca de la Modernidad y Posmodernidad desde diversos (en ocasiones opuestos) puntos de vista. La introducción de vídeos al margen de la línea editorial de la revista tiene una misión estrictamente formativa sobre los distintas formas de contemplar la Posmodernidad, lo que no implica la asunción de esos contenidos. 

Más artículos del autor. 

Posmodernismo

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

You May Also Like

Historia oculta de 4 Presidentes del Congreso

Con motivo de la moción de censura a Pedro Sánchez, el pasado…

Nunc coepi – Visita del abad de Clear Creek

“Y dijo Yahvé a Gedeón: Por medio de estos trescientos hombres, os…