Hombre en prisión escribe carta de un provida a sus futuros carceleros.

Hace dos mil años que los cristianos aparecimos en este mundo contra vuestro deseo, y desde entonces todavía no habéis aprendido quiénes somos. Aunque no sois las mismas personas que nos arrojabais a los leones, que nos torturabais, que violabais a nuestras mujeres y matabais a nuestros hijos, y aunque nosotros no somos las mismas personas que sufrieron esa violencia, sin embargo vuestro espíritu es el mismo que el de aquellos asesinos, y el nuestro es el mismo que el de aquellos mártires.

Desde aquellos primeros tiempos de la Iglesia, en que sin ningún tipo de poder ni influencia temporal nos impusimos a la pujanza de un imperio que se propuso destruirnos, ningún otro obstáculo ni ataque ha sido capaz de doblegarnos, y esa primera victoria entre una tan alta probabilidad de derrota ha sido a la vez una profecía que se ha cumplido en varios momentos posteriores de la historia.

Sangre de los mártires, semilla de nuevos cristianos

Las famosas palabras de Tertuliano: «la sangre de los mártires es semilla de nuevos cristianos», no sólo son sublimes por su indudable mérito poético, sino porque encierran una verdad difícil de sintetizar con tal precisión.

Sin duda que debió ser un hecho extraordinario y que no dejaría a nadie indiferente en aquel tiempo, el ver cómo los cristianos tanto más se multiplicaban cuanto más eran asesinados, tanto más numerosos eran en las calles cuanto más eran encerrados en cárceles, y que su pureza y tesón aumentaban en proporción a la violencia y la crueldad que se ejercían contra ellos.

Jamás hemos dado muestras de sucumbir

Pero ni aquel increíble acontecimiento sin ejemplo en la historia, ni las sucesivas muestras de que no fue un caso fortuito, sino una consecuencia del origen sobrenatural de nuestra religión, han bastado para que aprendáis la lección. Vuestro error consiste en tratarnos y tramar nuestra destrucción como lo haríais con cualquier otra fuerza corporativa, sin tener en cuenta que jamás hemos dado muestras de sucumbir por los medios por los que cualquier otra asociación humana muere. A nuestro alrededor han caído y muerto doctrinas, filosofías, ideologías, movimientos, herejías, partidos, religiones, todos ellos vulnerables al cambio, al poder humano y a las intrigas. ¿Ha sucedido alguna vez así con nosotros?

La Revolución Francesa, si hubiera dirigido su energúmena hostilidad contra cualquier otra religión como la dirigió contra la Iglesia católica, la hubiera arrasado

La fuerza añadida de la Iglesia

La Reforma protestante, con su corrosivo y descomunal poder, iniciada en una de las naciones más pujantes e influyentes, hubiera acabado con cualquier otra asociación puramente humana, por muy arraigada y protegida que estuviera, y por más que hubiera resistido un tiempo al ataque inicial, un siglo la hubiera sepultado bajo el polvo de su derrota.

La Revolución Francesa, si hubiera dirigido su energúmena hostilidad contra cualquier otra religión como la dirigió contra la Iglesia católica, la hubiera arrasado hasta borrar cualquier estela de su memoria. Napoleón secuestró al Papa Pío VII, y muchos pudieron pensar entonces que había llegado el fin de la Iglesia católica. Pero contra todo pronóstico y cálculo humano, no sólo sobrevivió, sino que resurgió con una fuerza añadida.

¿De verdad sois nuestros enemigos?

Ahora pensáis en encarcelar a todos los que nos opongamos al aborto y a quienes intentemos disuadir pacíficamente a las mujeres que quieren acabar con la vida de sus hijos, y, como la mayoría de quienes nos oponemos a ello somos cristianos, no puedo evitar preguntar: ¿qué inaudita ceguera os hace pensar que la cárcel es para nosotros un elemento disuasorio? ¿Tenéis algún ejemplo en la historia de tamaña claudicación por nuestra parte?

Si sois nuestros enemigos, ¿por qué queréis devolvernos al estado donde hemos demostrado mayor predisposición a la victoria, donde hemos purificado nuestra religión, donde hemos provisto de mayor número de mártires a todas las generaciones de cristianos, levantando modelos que imitar allí mismo donde vosotros creíais acabar con una vida?

Mientras tengamos espacio para arrodillarnos, ningún lugar nos parecerá demasiado oscuro

Nada más contraproducente que el silencio

Sólo a un Gobierno que ha dado tantas muestras de imprevisión, que ha manifestado tantas veces no saber predecir las consecuencias de sus actos, que no ha sabido gestionar una crisis sanitaria, que ha representado más veces a la mentira que al pueblo, y que ha incumplido todas las promesas con las que había llegado al poder; sólo a un Gobierno así puede habérsele ocurrido que era buena idea amenazar a los cristianos con la cárcel, haciendo abstracción de los ejemplos de la historia que demuestran que no hay nada más contraproducente para silenciarnos.

Estamos dispuestos a defender la vida sacrificando la nuestra. Estamos dispuestos a ser condenados como culpables por defender la inocencia. Mientras tengamos espacio para arrodillarnos, ningún lugar nos parecerá demasiado oscuro ni ninguna falta de libertad demasiado duradera. Ya morimos una vez por defender la Verdad y la Vida, y no nos atemoriza volver a hacerlo ahora.

El campo de batalla es otro, el escenario ha cambiado, ni vosotros ni nosotros somos los mismos, pero el espíritu que os anima es el mismo que entonces

El Espíritu que nos guía es eterno

El campo de batalla es otro, el escenario ha cambiado, ni vosotros ni nosotros somos los mismos, pero el espíritu que os anima es el mismo que entonces, y el Espíritu que nos guía a nosotros es eterno. Adelante, pues. Cumplid vuestras amenazas con la misma exactitud con la que incumplís vuestras promesas.

Habituados a la abstinencia, el hecho de que nos despojéis de nuestros bienes con multas tan sólo hará que cumplamos por necesidad la austeridad que cumplimos ahora por disciplina. Habituados a la clandestinidad por vuestra persecución, a la paciencia por vuestras burlas, al coraje por vuestro asedio, vosotros mismos habéis favorecido en nosotros los medios y virtudes para resistiros. Ampliad las cárceles que ya existen, construid otras nuevas para darnos cabida, y yo os adelanto, sin ninguna necesidad de poseer el Don de Profecía, que jamás habréis visto tantos cristianos en las calles. El castigo por vuestro error será ver a vuestros nietos católicos.

Colectánea sobre provida.

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