Copyright: la Iglesia y el mundo.

El hombre siente un desprecio instintivo por las copias y falsificaciones. Sin necesidad de reflexionar, ve en ellas un producto de la mediocridad y de la bajeza, una degradación del espíritu, un parásito de la originalidad. Ningún hombre, por ejemplo, espera dos horas en la cola de un museo para ver la copia de un cuadro de Velázquez, mucho menos si al otro lado de la calle, por el mismo tiempo de espera, puede ver en otro museo el cuadro original.

   No importa que la diferencia entre la copia y el original sea inapreciable; desde el momento en que conocemos cuál es la copia, sentimos un menosprecio automático por ella, y nuestros ojos se dirigen inmediatamente al original, a quien otorgamos la preeminencia.

   Parece que algunas autoridades eclesiásticas en España no han meditado esta tendencia innata en el hombre, y de esta fatal ignorancia se desprenden consecuencias muy peligrosas.

Debe dar la impresión de que la Iglesia no difiere de cualquier asamblea moderna

El “mensaje ecológico” del Cardenal Omella

   El Cardenal Juan José Omella ha creído oportuno lanzar un mensaje ecológico con ocasión del Día Internacional Libre de Bolsas de Plástico, que el cree que los católicos celebramos. Es un gesto más de una hoja de ruta trazada desde las altas esferas, y que consiste en congraciarse con cualquier moda que se arrastre por el mundo para hacer así a la Iglesia más abierta, plural y diversa.

Debe dar la impresión de que la Iglesia no difiere de cualquier asamblea moderna, y de que no hay nada que ofrezca la competencia que no podamos encontrar también en ella. En ese mismo sentido tienen lugar los mensajes apoyando la ideología LGBT, el uso del lenguaje inclusivo, o los silencios elocuentes ante el aborto y la eutanasia. En fin, el objetivo de estos lobos con piel de cordero es convertir a la Iglesia en una especie de bazar chino de ideologías.

   Todo esto tiene su origen en un tremendo error de cálculo. Ellos creen que si incorporan el discurso del mundo a su magisterio, a la vez que conservan algo del discurso cristiano, atraerán por una parte a los amantes del mundo y por otra a los amantes de Cristo. Las iglesias se llenarán con esta confluencia, y por tanto, según su aritmética, se conseguirá doblar el número de fieles.

Mensaje ecológico del cardenal Omella.

En su mensaje ecológico, el cardenal Omella escribió: “Una sola bolsa de plástico tarda entre 100 y 400 años en descomponerse. Con qué te quedas, ¿con la bolsa o con la vida?”

Los católicos buscarán a sacerdotes que, clandestinamente, todavía se niegan a servir a Dios y al mundo

“Dos amores edificaron dos ciudades…”  

Pero, como no podía ser de otra manera, está sucediendo todo lo contrario. Porque los mundanos, pudiendo escuchar el discurso del mundo de su fuente original, no abandonarán la cola en la que esperan para acudir a escuchar una copia barata, oportunista y con claras señales de arribismo al otro lado de la calle; y los católicos, queriendo escuchar únicamente predicar a Cristo, y encontrándose que el Evangelio se predica diluido en un mitin ecológico, político o ideológico, se volverán a sus casas para ver la prédica original en las Escrituras, o bien buscarán a sacerdotes que, casi clandestinamente y con cierto temor a las consecuencias, todavía se niegan a servir a Dios y al mundo.

   En otras palabras, por el mismo medio por el que creen que atraen a los dos extremos contrarios, los ahuyentan a ambos. Dándoles la mitad del discurso a cada uno, tanto los mundanos como los católicos se irán por caminos opuestos en busca del discurso completo.

   A la Iglesia católica se le ha confiado el depósito de la fe en la vida eterna, al príncipe de este mundo (Juan 12:31) el depósito de lo caduco y pasajero. Las dos ciudades de las que hablaba san Agustín, la Ciudad de Dios y la Ciudad terrena, tienen cada una su propio lenguaje, sus propias costumbres y sus propias leyes. Que cada una ofrezca lo que le pertenece de forma original, sin intentar copiar el discurso de la otra o usurpar sus funciones. Al final del camino, veremos cuál de las dos conduce a la felicidad eterna.

Colectánea de Alonso Pinnto.

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