Jesús fundando el sacramento de la Eucaristía.

En respuesta al Dr. Alberto Soler Montagud, autor del artículo Jesús de Nazaret no fundó el cristianismo (ni ninguna otra religión), publicado en el diario digital Nueva Tribuna el pasado 16 de Septiembre de 2021.

Querido Alberto. Desearía compartirle estas breves líneas en respuesta a su artículo. Si tengo el honor de que las esté leyendo, deseo mostrarle de antemano mi más cordial agradecimiento.

En su artículo parte de la premisa de que Jesús de Nazaret es un “personaje histórico”. Eso es ya un logro. Como usted señala su existencia queda fuera de toda duda.

En más de una ocasión me he preguntado perplejo cuál es el motivo por el que tantas personas parecen necesitar proclamar (y no con poco fervor) que Jesús de Nazaret no existió, que es un personaje inventado.

Lo más llamativo en estos casos suele ser que ese fervor “negacionista” es algo específico que normalmente no se aplica a ningún otro personaje histórico (como podría ser Buda, Mahoma, Platón, Aristóteles, Julio César, Alejandro Magno… etc).

También, es meritorio que afirme que “nació judío, vivió judío y murió siendo judío”. Poncio Pilato mandó colocar en una tablilla en hebreo, latín y griego la explicación de la causa de su condena a muerte  “Iesvs Nazarenvs, Rex Ivdæorvm”, Jesús de Nazaret, rey de los judíos.

A la luz de estas dos verdades que ambos compartimos (la historicidad de la persona de Jesús de Nazaret y su muerte como judío) trataré de abordar los puntos clave que me parecieron brumosos en su artículo. Y es que en esta vida muchas veces caminamos palpando la realidad a tientas, entre brumas, en busca de la luz.

Preguntas en la bruma: “Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?”

Las conclusiones de su artículo sintetizan que Jesús no funda ninguna religión, que el fundador del cristianismo fue Pablo de Tarso pero que por diversas vicisitudes de los avatares de la historia el liderazgo le fue arrebatado por Pedro. Desearía prestar atención al siguiente párrafo de su artículo:

“No hay constancia escrita de que Jesús dijera algo así como: «Pedro, quiero fundar una nueva religión a la que llamaré cristianismo y a ti te encomiendo que hagas realidad mi deseo», pues si esta hubiera sido su voluntad, sin duda lo habría manifestado de un modo diáfano y no a través de alegorías, insinuaciones o ambigüedades que predispusieran a interpretaciones teológicas encontradas”.

Destaca la confrontación de su proposición con la constancia escrita que aparece en el capítulo 16, versículos 13 al 19 del Evangelio de San Mateo. Y esta, afortunadamente para ambos, no es una parábola ni nada parecido, es una manifestación diáfana y directa:

En aquel tiempo, al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: «¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?». Ellos contestaron: «Unos que Juan Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas». Él les preguntó: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?». Simón Pedro tomó la palabra y dijo: «Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo» Jesús le respondió: «¡Bienaventurado tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Ahora yo te digo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos».

Fijémonos en lo interesante del texto. Podría terminar aquí felizmente mi respuesta a su artículo y ya sería una respuesta completa, pues ya contiene las principales claves de la misma.

Analicémoslo en mayor detalle de la mano del profesor de eclesiología el padre D. Jean Galot, S. J. Para ello he tomado como referencia el artículo “El primado de Pedro según el Nuevo Testamento” publicado en la revista Theologica Xaveriana.

Para poder entender con mayor exactitud el alcance y significado de esta conversación conviene reparar en dos fenómenos que señala el profesor D. Jean Galot, S. J.:

1) El momento litúrgico de la conversación es 6 días antes de la transfiguración, la cual dota de un nuevo cumplimiento a la fiesta de los Tabernáculos. Esta fiesta se celebraba cinco días después de la fiesta de la Expiación (Yom kippur). Jesús escoge precisamente esta fiesta (la fiesta de la Expiación) para preguntar a sus discípulos sobre su propia identidad. A su vez, ese es el día escogido para darle a Simón un nuevo nombre y anunciarle su destino. Entre los ritos litúrgicos que el sumo sacerdote tenía que cumplir en el Santo de los Santos, estaba la proclamación, en alta voz, del nombre divino (Yahvé). Al elegir esta fiesta Jesús deseaba que el nombre divino fuese proclamado en una perspectiva nueva, en la que la liturgia de la nueva alianza hallaría su cumplimiento.

2) El nombre de Kaipha (en arameo) es otorgado para expresar el nuevo papel, explicado sucintamente: “sobre esta piedra edificaré mi iglesia”. Es el mismo nombre que el del sumo sacerdote del tiempo, Caifás. Simón es ya el sumo sacerdote que desempeñará luego en la iglesia la función que antes era asignada al sumo sacerdote judío. Es el nuevo y verdadero Caifás.

En síntesis:

Jesús se identifica con el Mesías (el Ungido, el Cristo), el Hijo de Dios vivo. Y, acto seguido, nombra a Simón primer papa de la iglesia. Jesús nombra a Pedro el primado de la iglesia en respuesta a una profesión de Fe.

De manera que si uno lee las Sagradas Escrituras, las tesis de que el cristianismo lo funda Pablo o lo funda Pedro, no se sostienen.

La clave está en que Dios con sus designios sagrados venía trazando la historia de la salvación con el pueblo judío (el pueblo elegido), la antigua alianza. Y en la plenitud de los tiempos, sella una nueva alianza con toda la humanidad, revelándose en Cristo. La clave está en que por pura iniciativa amorosa suya, sale a nuestro encuentro, nos rescata del pecado que nos somete y nos separa de Él, a través del sacrificio de su Hijo en la cruz y la gloria de su resurrección.

En un DeLorean a Damasco

En otro párrafo de su artículo señala que Pablo de Tarso, “previamente a su conversión era un fariseo cumplidor estricto de las leyes que Dios dio al pueblo de Israel. Persiguió con firmeza a los seguidores de Jesús hasta que un acontecimiento cambió su vida marcando el origen del futuro cristianismo. Según la leyenda relatada en el libro de los Hechos de los Apóstoles y la Primera Carta los Corintios, yendo Saulo de Tarso de camino a Damasco fue derribado de su caballo por Jesús de Nazaret, resucitado de entre los muertos, y experimentó una súbita conversión a las enseñanzas de aquél a cuyos seguidores perseguía. A partir de ese momento Saulo creyó firmemente en la doctrina de Jesús, y cambió su nombre por el de Pablo para dejar constancia del nuevo hombre que fue desde entonces.

Fíjese en que salvo que Pablo viajase en el tiempo, no hay solución a la aporía que presenta su artículo: no pudo haber inventado aquello que perseguía antes de inventar.

Ya había seguidores de Cristo, ya había cristianos, y Saulo los perseguía, y ellos daban su vida en testimonio de Cristo, de  lo que habían visto y oído.

Y como hemos visto anteriormente en el capítulo 16 de San Mateo, Jesús de Nazaret se identifica a sí mismo con Cristo y ya había establecido a Pedro como primado de la Iglesia.

En busca de más respuestas

Me despido animándole a seguir buscando y deseándole que encuentre respuestas a esas preguntas trascendentales. Tal vez, le pase como a tantos otros y esas respuestas le encuentren un día a usted. Mientras esto ocurre le invito a leer, si lo desea, el interesante libro de Samuel Fernández Eyzaguirre, Los orígenes históricos del cristianismo desde el año 28 al 48 d. C. Un saludo cordial y afectuoso.

@TeofiloHispano

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

You May Also Like