Nos acercamos al tiempo de Navidad, y en estas fechas no podemos dejar de pensar en Chesterton, pues no podría haber escritor más hogareño y navideño que él. A modo de extravagante San Nicolás, cada artículo suyo es un regalo y una delicia para la inteligencia y para el sentido común que compartimos todos. Cada palabra suya es como la luz de la estrella de Belén que nos indica el camino más directo para llegar al pesebre, donde podremos adorar al Dios hecho Niño. Él mismo escribiría y compondría artículos y poemas en torno al más entrañable de los Misterios de Nuestra Fe.

¿Pues no era su mismo espíritu como el de un niño? Mucho se ha escrito sobre el “asombro agradecido” que era característico de este escritor; de esa capacidad suya de maravillarse ante la contemplación de la realidad. Chesterton se opondría al pensamiento mayoritario que mira la realidad con escepticismo o desconfianza, él la miraría con la ilusión del niño que abre un regalo en Navidad: pues es la realidad y su belleza el mejor presente que nos regala nuestro Padre del Cielo cada día de nuestra vida. Es bien famosa su frase: “El peor momento del ateo es aquel en el que se siente agradecido y no sabe a quién dar las gracias”.

Pero Chesterton no solo escribiría ensayos (que, a propósito, varían en temas desde la religión, la literatura, la historia, la economía, la familia o la importancia de celebrar un cumpleaños); sino también novelas alegóricas como son El hombre que fue Jueves, o La esfera y la cruz; relatos policíacos como El candor del Padre Brown o poesías como Lepanto.

Es poco conocida, sin embargo, la influencia de Chesterton en nuestra lengua, aunque él mismo dedicaría una serie de artículos sobre España (El color de España y otros ensayos, publicado recientemente en Espuela de Plata).  En la literatura hispanoamericana varios escritores conocidos del boom admiten tener influencia de Chesterton, sobre todo gracias a las traducciones que realizó prontamente el escritor mexicano Alfonso Reyes Ochoa.

Entre los autores más representativos de la literatura hispanoamericana podemos encontrar a Cortázar y sobre todo a Borges. Sin embargo, este escritor ateo y posmoderno vaciará de su contenido teologal las increíbles paradojas de Chesterton, de manera que llegará a decir que lamenta el esfuerzo de Chesterton por “educirles una moral y rebajarlos de ese modo a meras parábolas. Felizmente nunca lo conseguía del todo.” También lo comparará con Kafka o Poe, sorprendiéndose en este caso del optimismo de Chesterton en contraposición con estos escritores, pues solo el creyente (como Chesterton) mantiene la esperanza y la alegría ante el mal que ve en la Tierra.

España es el país donde podemos observar el retroceso de la ola tremenda y el retorno de Europa a la verdad

Pues Chesterton visitaría España, y daría una conferencia en la famosa Residencia de Estudiantes en Madrid, el 22 de abril de 1926, ante personajes tan relevantes como la reina Victoria Eugenia y artistas como Buñuel, Dalí o García Lorca. Su ponencia tuvo como título “The romance of history” y ofrezco aquí el principio de esta traducida:

Los signos de la resurrección de España de los que creo que son muchos los que se ven últimamente, han dirigido mi pensamiento a ciertas sutilezas de la tradición de esa tierra. Son cosas tan sutiles que siempre parecen simples. Uno de ellos es la tradición caballeresca y la doble actitud hacia la que conectamos con el nombre de Don Quijote. No hay paradoja más fantástica en toda la historia que la vida y obra de Cervantes. En general, se le reconoce por haber escrito un libro para mostrar que las aventuras románticas son una basura y no suceden realmente en este mundo. De hecho, el único hombre en este mundo al que incesantemente le sucedían aventuras románticas era el autor de “Don Quijote”. Se cubrió de gloria y perdió su mano derecha en la batalla más romántica de la historia, cuando la Media Luna y la Cruz se encontraron en el Mediterráneo azul junto a las Islas de Grecia, siguiendo todos sus desfiles de barcos pintados y dorados con velas blasonadas. Estaba a punto de recibir el reconocimiento público del vencedor, Don Juan de Austria, cuando fue secuestrado por piratas. Organizó una serie de fugas, cada una como la aventura ideal de un colegial; organizó víveres y comodidades para sus compañeros de prisión con el laborioso altruismo de un santo. En lo que respecta a los hombres, era realmente un modelo bastante perfecto del caballero de la caballería; eventualmente escapó y regresó a casa para escribir un libro que mostraba que la caballería era imposible. Al menos, eso es lo que tres siglos racionalistas han tomado como muestra. Pero creo que ha llegado el momento de profundizar un poco más en esa ironía estratificada y mostrar la otra cara de Cervantes y la caballería.

Aquí podemos ver en Chesterton la admiración hacia nuestra patria, su literatura y sus episodios históricos relacionados con el catolicismo, como es “El Quijote” y la Batalla de Lepanto.

Pero, ¿Qué hay de los escritores españoles? ¿Alguno de ellos conoció y valoró la obra de Chesterton?

Unamuno traducirá en 1915 a Chesterton y dirá que está situado en la tradición cristiana de la paradoja, pues ya el Evangelio y los escritos de San Agustín están llenos de paradojas teologales. José Bergamín, escritor madrileño, también ensalzará esta característica de nuestro escritor.

Sin embargo, ¿de qué sirven los juegos de palabras, las paradojas, la belleza formal; si esta no encierra un significado profundo, si su interior está vacío?

Esta es la gran diferencia entre, podríamos decir, Chesterton y sus contemporáneos escritores ateos. Esta es la diferencia entre el juicio de Borges y el juicio de Ramiro de Maeztu sobre él.

El mismo Ramiro de Maeztu ofrecerá en la Revista de la Residencia de Estudiantes una crónica del acto más arriba comentado, y una reflexión sobre Chesterton, al que había conocido en Londres. En ella, Maeztu dirá que lo considera “el mejor articulista de la prensa inglesa” y que a Chesterton “lo que le atrae son las ideas, las doctrinas, los principios. […] En ellas está el drama, la comedia, la acción y hasta la esencia de la vida. Este amor de las ideas haría de Chesterton un filósofo si no fuera por su peculiar intensidad. Su talento consiste en arrojar una luz tan intensa sobre una idea, que nos descubre violentamente algún aspecto que se nos había escapado.”

Un poco más tarde de todo esto, en plena 2ª República española (1933), Chesterton se lamentaría en un artículo sobre el silencio de los periódicos ingleses ante este desastre y diría que España:

[…] más bien ha estado a la cabeza de todos los demás países, como fue a la cabeza de todos a América. Y ello aun a pesar del gran infortunio que fue el origen de todas las tragedias que realmente sufrió: el hecho de haber renacido entre espadas y escudos del recio país mahometano que por muchos siglos parecía tan sólido como Arabia.

Y concluirá diciendo que nuestra patria:

[…] es mejor que ningún otro país, el verdadero campo, el campo limpio de batalla entre las piezas espirituales de nuestra época.

Mejor que Alemania, denunciada sólo por perseguir a los judíos; mejor que Rusia, a quien se le denuncia principalmente por asustar a los capitalistas; mejor aún que Francia o ltalia, España es el país donde podemos observar el retroceso de la ola tremenda y el retorno de Europa a la verdad.

 

Belén Gómez Carmena

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