La pasión hoy

La Pasión del Señor es celebrada por los católicos una vez al año, pero no es un mero recuerdo de los hechos que sucedieron. La Pasión es actual, porque cargó con los pecados cometidos en todas las épocas; con los míos y los tuyos. Jesucristo, el Completo Inocente, fue triturado por nuestras culpas. Como el pan que se parte para nuestro alimento, así Él fue partido para nuestra salvación. Actualmente seguimos crucificando al Señor.

En nuestra época encontramos pecados contra el quinto mandamiento, en el aborto y la eutanasia, legalizada esta última hace poco en España. En el mismo relato de la Pasión del Señor, en el camino del Calvario, el mismo Jesucristo profetizó sobre estos momentos al encontrarse con las santas mujeres:

Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí, llorad por vosotras y por vuestros hijos, porque vienen días en los que se dirá: Dichosas las estériles, los vientres que no han dado a luz y los pechos que no han amamantado. Entonces comenzarán a decir a las montañas: Caed sobre nosotros, y a los collados: Sepultadnos; pues si esto hacen al leño verde, ¿qué no harán al seco? (Lucas 23, 26-31)

Efectivamente, si asesinamos a los inocentes y los pequeños brotes cuyo único pecado es el original pues todavía no han salido del vientre de su madre, ¿qué no haremos a los pecadores y a los brotes ya a punto de secarse? Pero las estructuras de pecado establecidas en nuestra sociedad no se limitan a esto.

También encontramos pecados contra el sexto y noveno mandamientos, con la extensión del divorcio, la pornografía, el adulterio y las relaciones en contra del orden natural establecido por Dios en el mundo. Y aún más cuando estas estructuras quieren imponerse desde el Estado a los niños mediante la educación, dejando la enseñanza de la Santa Madre Iglesia fuera de la esfera pública. Ya dijo Nuestro Señor a sus discípulos:

El que acoge en mi nombre a un niño como éste, a mí me acoge. Al que escandalice a uno de estos pequeñuelos que creen en mí, más le valdría que le ataran al cuello una piedra de molino y lo tiraran al mar. ¡Ay del mundo por los escándalos! Es inevitable que haya escándalos; pero ¡ay del hombre por el que venga el escándalo! (Mateo 18, 5-7)

Sin embargo, todo esto es provocado por los pecados contra el primer mandamiento y el más importante de todos: “Amarás a Dios sobre todas las cosas”, por parte de nosotros, los católicos de a pie. No nos podemos permitir ser tibios en estas horas de fuego. Es nuestra responsabilidad luchar contra el mal hasta el final, comprometernos en la batalla espiritual y ser testimonio de la Verdad en medio del mundo. Si no amamos a Dios sobre todas las cosas y no estamos dispuestos a ser santos de difícil manera seremos la sal y la luz que el mundo necesita.

Si no amamos a Dios sobre todas las cosas y no estamos dispuestos a ser santos de difícil manera seremos la sal y la luz que el mundo necesita

En su libro de filosofía El hombre (1872), el escritor francés Ernest Hello diría que:

La verdadera misericordia es inseparable de un odio activo, furioso, devorador, implacable, exterminador, hacia el mal. ¿Cuándo se comprenderá que, para ser misericordioso, hay que ser inflexible; que para ser blando con el que pide perdón, hay que ser cruel contra el error, la muerte y el pecado? […] El verdadero santo tiene caridad, pero una caridad terrible que arde, que devora, una caridad que detesta el mal, porque quiere curación.

Pero aún hay esperanza para todos nosotros, que somos pecadores; pues después de la Pasión del Señor y de la Cruz viene la Resurrección, la Redención desde el perdón y la Misericordia para aquel que se arrepienta. No olvidemos a San Dimas, el buen ladrón, el primero en tocar el Cielo.

Que la promesa de Jesucristo: Hoy estarás conmigo en el Paraíso, nos aliente en esta batalla y nos llene de fuerza; esa fuerza que se hace presente en nuestra debilidad. Pues solo con ella venceremos al pecado y a la muerte.

Belén Gómez Carmena

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