Isabel la católica

Sin entrar en datos biográficos sobre los que se ha escrito mucho y esperemos que se siga escribiendo, me gustaría dar a conocer las razones por las que necesitamos, hoy más que nunca, conocer la figura de Isabel la católica.

Hoy nuestra historia está siendo desprestigiada, denostada y humillado incluso por nosotros mismos, que agachamos la cabeza y la ocultamos bajo las alfombras de la dictadura de lo políticamente correcto. Que mejor figura para ser imagen de un movimiento de revolución que marcó una época y cambió la visión del mundo.

El título del artículo hace referencia a una película sobre santo Tomás Moro, mártir que murió defendiendo la unidad de la Cristiandad Católica ante la herejía anglicana. Hoy es uno de los ejemplos que se nos presentan de político integro que alcanzó la santidad en el ejercicio de sus funciones y le fue concedida la palma del martirio por la defensa de la Verdad.

Ha sido de los mejores políticos que han dado las Españas

Su proceso de beatificación se ha iniciado y paralizado en varias ocasiones por distintos motivos. Algunos de ellos de forma que se debería considerar errónea porque no podemos juzgar desde la idiosincrasia del segundo milenio las decisiones que se tomaron en uno de los momentos más importantes y convulsos de la historia que a partir de entonces podría empezar a llamarse universal. No procede entrar en las razones por las que la burocracia eclesiástica paraliza esta causa.

Ahora sí. ¿Por qué la mujer del siglo XXI necesita el modelo de esta reina? Durante el Primer Franquismo se exaltaron unas virtudes concretas de distintos personajes históricos que nos precedieron. Tras la caída de este régimen este modelo historiográfico fue no solo abandonado sino que además injustamente se criminalizaron a aquellos modelos. 

Comprendía su cargo de reina como el lugar en el que Dios la había puesto para servirle a Él y a sus súbditos y glorificarle

Isabel fue la primera impulsora de la globalización. Sí, en términos actuales fue la primera inversora en un proyecto de carácter global, abrió su mercado más allá del mundo conocido. Fue capaz de integrar en una misma cabeza el idealismo y entusiasmo de los más grandes aventureros y la visión económica del mejor de los CEOS.

Ha sido de los mejores políticos que han dado las Españas. No la primera en la línea de sucesión, cuando abrió los ojos a este mundo nadie pensó que aquella niña veintitrés años después sería reina de Castilla, de León, de Aragón, de Sicilia, de Granada, de Toledo, de Valençia, de Galicia, de Mallorca, de Sevilla, de Cerdeña, de Córdova, de Córcega, de Murcia, de Jaén, de los Algarbes, de Aljecira, de Gibraltar, de las yslas de Canaria, condesa de Barcelona, señora de Viscaya y de Molina, duquesa de Atenas y de Neopatría, condesa de Ruisellón y de Cerdania, marquesa de Oristán y de Gociano.[1]

Ya fuese por territorios heredados, unidos tras su matrimonio, conquistados o descubiertos. Además consiguió, a pesar de haberse visto envuelta en una guerra sucesoria, ser una reina querida. Mantuvo la unidad de sus territorios al mismo tiempo que mantenían su individualidad. Luchó por mantener la paz y la justicia. Su reinado supuso un momento de avance social, moral y económico.

En América no vio un lugar al que la Palabra no había llegado y debía darla a conocer, llevando la forma de vida católica

A esta mujer se la podría considerar incluso de las primeras mujeres empoderadas, ya que a los medios actuales les gusta tanto este concepto, aplicándose a cualquier situación aunque sea (como lo es en este caso) totalmente anacrónico. Fue una mujer que asumiendo su sexo (Sí, sexo y no género, ya que este es propio de las palabras y no de los seres vivos), estuvo a la altura de desempeñar un cargo que solía ser desempeñado por hombres (recordemos que en este momento esto no suponía ningún problema ya que era la configuración de sociedad y nadie pensaba si se podía considerar como «machista», concepto que surge posteriormente tras las teorías de la lucha de sexos).

Supo hacerse un hueco en este entorno, demostrando que no solo era tan válida como cualquier hombre, sino que además estaba por encima por haber sido capaz de superar todas las barreras que se le impusieron. Todo ello sin olvidar nunca su papel de madre y esposa. Madre entregada que educó a sus para que ocuparan el puesto que les estaba reservado en el mundo. Como esposa destacó por su fidelidad y temple sabiendo estar por encima de los deslices de su marido, permaneciendo a su lado y favoreciendo las políticas convenientes.

Por último llegamos a la característica que la define dentro de la Historia, católica. Desde niña destacó por su piedad y crecimiento en virtudes, manteniendo la ortodoxia de la fe, incluso siendo muy pequeña en una corte en la que no predominaban estas últimas.

Isabel fue, es y será un ejemplo de mujer que supo estar a la altura de las pruebas que le mandó la vida

Comprendía su cargo de reina como el lugar en el que Dios la había puesto para servirle a Él y a sus súbditos y glorificarle. Basó la cohesión de su población en una religión común asegurando unos valores y una ética comunes que facilitaran la convivencia. En el Descubrimiento de América no vio un territorio virgen que explotar y esclavizar como se nos ha querido vender, ella vio un lugar al que la Palabra no había llegado y debía darla a conocer, llevando la forma de vida católica que estaba salvando Castilla. Comprendía su labor de gobernante como una de las luces que guiarían a sus súbditos a la Salvación. Por otro lado su caridad cristiana la llevó a proteger a los judíos como no lo hacían otros reinos mientras pudo, del mismo modo que no tomó represalias contra el pueblo llano en los territorios conquistados.

El título de «Católica» le fue concedido por el papa Alejandro VI en 1469, intentó vivir acorde a él al contrario que sus homólogos franceses e ingleses a los que se les concedieron los títulos de Cristianísimo y Defensor de la Cristiandad.

Puede que esta faceta religiosa de su persona, a día de hoy impulse a tenerla más rechazo dada la laicidad imperante en nuestra sociedad. Pero creo que hay razones suficientes más allá de la religión para que sea un ejemplo de mujer para cualquiera sea o no española, sea o no católica. Porque Isabel fue, es y será un ejemplo de mujer que supo estar a la altura de las pruebas que le mandó la vida. Son las mujeres como ellas las que mueven el mundo, no las que con una vida más o menos sencilla buscan problemas superfluos porque en general ya no los hay reales.

[1] Codicilo de Isabel la Católica

Bárbara Ruiz Lucini

Otros artículos de la autora: En el taller de papá

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