Es muy poco común en literatura el encontrar escritores que se dediquen al género literario breve; y menos al género literario brevísimo, como es el caso de Nicolás Gómez Dávila. De sus Escolios a un texto implícito (pinchar en el título para adquirir el libro en Ediciones Atalanta), me gustaría hablar aquí y descubrirlo  para esta Revista, hecho que sin duda merece.

Breve historia del género breve

Sin embargo, desde la antigüedad ya encontramos máximas o sentencias breves de carácter moral como son los Proverbios del Rey Salomón que incluye cualquiera de nuestras Biblias. A partir del capítulo 10 de este libro vemos como cada versículo puede iluminar con sabiduría todos los aspectos de la vida. Bastante más tarde, Marcial (40 d.C. – 104 d.C.), nacido en Bílbilis en la Hispania Tarraconense, desarrollaría el género del epigrama, un escrito breve que él mismo dotó de ironía y sarcasmo; pero la clara indiferencia moral de este escritor grecolatino le aleja realmente de los proverbios de Salomón.

Ilustrado, anticlerical y progresista, encontramos a Georg Christoph Lichtenberg (1742 – 1799), escritor y científico alemán con su libro Aforismos, en cuyas frases escépticas, satíricas e irónicas se trasluce mucho de su ideología. Ya en el siglo XX, entre los vanguardistas españoles, aparece Ramón Gómez de la Serna (1888 – 1963), que crearía el género de la greguería. Él mismo la definiría como pirueta conceptual o metáfora insólita, abarcando tanto la sentencia poética como el apunte filosófico.

Nicolás Gómez Dávila

Pues bien, todo lo bueno que podemos encontrar en los anteriores escritores lo hallamos en los Escolios de Gómez Dávila, que incluye tanto el lirismo de Gómez de la Serna como la ironía de Lichtenberg o Marcial. Nicolás Gómez Dávila (1913 – 1994) nació en Colombia y nunca accedió a la Universidad, lo cual no le impidió su profunda búsqueda intelectual. Sus escritos se caracterizan por su crítica ácida hacia la Modernidad, que él ya veía instaurándose en el mundo. Seguidor de Donoso Cortés, defiende la llamada teología política, que consiste en pensar que detrás de los errores políticos se esconden graves problemas teológicos.

Por lo tanto su obra estará salpicada de la sabiduría salomónica, recogida a través de su catolicismo tradicional, pero enfocada hacia una sociedad que dista mucho de lo que era la añorada Cristiandad. Gómez Dávila no tendrá ningún reparo en criticar el marxismo, el liberalismo, la democracia. Es por lo tanto el escritor que necesitamos leer en la época actual para mantenernos despiertos y críticos con la realidad y los cambios que sufre nuestra sociedad.

Dirá Mario Laserna Pinzón, discípulo y amigo de Dávila, que:

Un pensador del talante universal de Gómez Dávila sólo se produce, sin importar cuál sea el sistema educativo, por intervención de la Divina Providencia. De ahí que sea tan difícil escribir lo que fue como persona, como amigo y como devoto cultivador de la verdad, el bien y la belleza.

En el centro y de izquierda a derecha: Mario Laserna Pinzón y Nicolás Gómez Dávila

Sin embargo, no hay mejor forma de disfrutar una obra literaria que leyéndola directamente, por lo que daré algunos ejemplos de sus escolios para permitir una visión panorámica (quizá algo resumida) de su obra. Los escolios son las anotaciones o comentarios que realizaban los escolásticos sobre los libros que les interesaban; por lo tanto, el texto implícito del que hace referencia el título del libro es nuestro mismo mundo, del que Dávila, mordaz y sabiamente, comenta o anota. Toca todos los temas que se plantea un hombre: la Fe, la razón, la Iglesia, el  Estado, el Amor…  Es por lo tanto un compendio de verdades sutiles y certeras.

Algunos temas de los Escolios

Entre los escolios que tratan el tema de la religión o la Fe vemos en Nicolás una búsqueda de la humildad, del absoluto servicio a la Voluntad de Dios y de su designio como motor de la historia, lo se puede ver en los siguientes:

Todo fin diferente de Dios nos deshonra.

La sabiduría se reduce a no enseñarle a Dios cómo se deben hacer las cosas.

Depender solo de la voluntad de Dios es nuestra verdadera autonomía.

El hombre no crea sus dioses a imagen y semejanza, sino que se concibe a la imagen y semejanza de los dioses en los que cree.

Aun cuando la humildad no nos salvara del Infierno, en todo caso nos salva del ridículo.

El cristianismo no niega el esplendor del mundo, sino invita a buscar su origen, a ascender hacia su nieve pura.

La crítica al marxismo y al sistema burgués en Los escolios irá de la mano. En muchos casos aparecerán relacionados, pues son ambos sistemas materialistas que cortan la existencia del ser humano en su necesitada relación con la trascendencia. También en muchos momentos se verá vilipendiado el igualitarismo y la democracia.

Al vulgo no le importa ser, sino creerse, libre. Lo que mutile su libertad no lo alarma, si no se lo dicen.

El proletario no detesta en la burguesía sino la dificultad económica de imitarla.

Criticar al burgués recibe doble aplauso: el del marxista, que nos juzga inteligentes porque corroboramos sus prejuicios; el del burgués, que nos juzga acertados porque piensa en su vecino.

Cuando se deje de luchar por la posesión de la propiedad privada se luchará por el usufructo de la propiedad colectiva.

La libertad no es fin, sino medio. Quien la toma por fin no sabe qué hacer cuando la obtiene.

Habrá también escolios que hablen de filosofía, pues Dávila era un conocedor de toda ella, antigua y moderna, desde Platón a Heidegger. Destacará una fina crítica a la filosofía moderna, olvidada de la metafísica y de la búsqueda de la Verdad, sustituida por el relativismo y el subjetivismo imperante.

Todo es trivial si el universo no está comprometido en una aventura metafísica.

La verdad es la dicha de la inteligencia.

La sabiduría no consiste en moderarse por horror al exceso, sino por amor al límite.

El hombre no se sentiría tan desdichado si le bastara desear sin fingirse derechos a lo que desea.

Por último, tratará también el tema del amor, concepto clave en la vida cristiana; así como el gusto por el disfrute de las pequeñas cosas de cada día y de la belleza de lo cotidiano.

Las perfecciones de quien amamos no son ficciones del amor. Amar es, al contrario, el privilegio de advertir una perfección invisible a otros ojos.

De los seres que amamos su existencia nos basta.

Amar es comprender la razón que tuvo Dios para crear a lo que amamos.

A través de mil nobles cosas perseguimos a veces solamente el eco de alguna trivial emoción perdida. ¿Morará mi corazón eternamente bajo la sombra de la viña, cerca a la tosca mesa, frente al esplendor del mar?

La curiosa palabra que se lee al dar la vuelta a la cotidiana  “Coffee-room”

A través de los brevísimos escolios de Gómez Dávila descubriremos nuevas formas de mirar al mundo, aquello que llamaba Chesterton “Mooreeffoc”, la originalidad que tiene para nosotros la realidad cuando la contemplamos de nuevo. Y, a la vez, Gómez Dávila, con su crítica y su mordacidad, nos hará despertar a los problemas a los que nos enfrentamos los católicos, ante los que muchos dormitan. Solamente un escolio, como una flecha ardorosa, inflamará nuestra alma para el fragor de la lucha eterna en la que el Bien tendrá su victoria definitiva.

 

Belén Gómez Carmena

 

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