Poemas épicos Laocoonte y sus hijos

nHeroicum enim Carmen dictum, quod eo virorum fortium res et facta narrantur. Nam héroes appellantur viri quasi aerii et caelo digni propter sapientiam et fortitudinem.

Se le llaman poemas épicos o heroicos porque en él se narran actos y gestas de los hombres fuertes. De hecho, se llaman héroes aquellos hombres casi “aéreos”, dignos del cielo por su sabiduría y fuerza.

Esto es lo que dice San Isidoro de Sevilla en sus Etimologías sobre los héroes y sus gestas. Efectivamente, el héroe es aquella persona capaz de sacrificarse, dar su vida o morir por un ideal que considera por encima de él mismo, ya sea este su patria, el prójimo más cercano, la salvación de los demás o incluso Dios. Y es por ello que en todas las literaturas tenemos poemas épicos; la elevación de un personaje, real o ficticio que, quizá no en toda su vida, pero sí en la mayor parte de ella fue testimonio del Bien y la Verdad.

El héroe es aquella persona capaz de sacrificarse, dar su vida o morir por un ideal que considera por encima de él mismo

Los héroes precristianos

En las civilizaciones anteriores a la Cristiandad, podemos encontrar por ejemplo, la Odisea de Homero; en la que se habla de Ulises como el “héroe paciente” o “el rico en ingenios”, epítetos épicos que le darán la fama de este personaje cuyo logro será reencontrarse con los suyos y volver a su hogar después de 20 años de guerra y de obstáculos. El poeta latino Virgilio tomará esta epopeya, y la Ilíada en el año 40 d. de C. para conformar la suya propia, la Eneida.

También, un extenso poema de la literatura india terminado de estructurar en torno al siglo II d. C. es el Ramayana. Narra las hazañas del rey Rama, desterrado con su esposa Sita por una acusación injusta. Los demonios raptarían a Sita en una isla, de donde la salvaría su esposo tras una heroica lucha sin cuartel. El relato termina con el reinado feliz de los esposos.

Los textos heroicos de la Cristiandad

Es en la época medieval donde hay una gran proliferación de textos épicos: Beowulf es un ejemplo, una historia que se escribió hacia el año 800, mezcla de elementos morales y cristianos con las leyendas tradicionales germánicas. En él el guerrero godo coronado rey muere heroicamente tras luchar y matar a un dragón que infestaba su país, salvando así a sus súbditos. Tenemos dentro de esta tradición también El Cantar de los Nibelungos. En el resto de Europa tendremos unos cantares de gesta más realistas, como el Cantar de Roldán en Francia o el Cantar del Mío Cid en España; ambos ambientados en la lucha contra los sarracenos que habían llegado hasta casi los Pirineos en sus conquistas.

En el Renacimiento y el Barroco se desarrollaría la épica culta: obras como Orlando furioso en Italia, la Francíada en Francia, el Paraíso perdido en Inglaterra, Los Lusíadas en Portugal. En España habrá muchos poemas épicos cultos bastante desconocidos en torno a la conquista de América y también la batalla de Lepanto; como es el caso de la Austríada, de Juan Rufo; cuyo héroe es, por supuesto, Don Juan de Austria. En él se narra, en octavas reales, y de manera realista y bastante fidedigna a los hechos, cómo la Santa Liga consiguió vencer a los turcos en tal memorable batalla.

Actualmente los personajes “excesivamente” buenos se consideran poco realistas; como si la bondad o poner en riesgo la propia vida por una noble causa fuera completamente imposible

La desaparición del héroe en la Modernidad

Sin embargo, a partir de la Ilustración y el Romanticismo, la llegada de la Modernidad y el desmoronamiento del Antiguo Régimen por causa de la Revolución Francesa, los poemas épicos van decreciendo hasta casi desaparecer. ¿A qué se debe esta paulatina desaparición de la heroicidad? En la época actual los personajes “excesivamente” buenos o heroicos se consideran poco realistas o mal construidos; como si la bondad absoluta o poner en riesgo la propia vida por una noble causa fuera completamente imposible.

Sin embargo, los cristianos sabemos que esta hipótesis es falsa en su mayor parte: ¿no estuvo en nuestra tierra el Santo de los Santos, el que se sacrificó por el perdón de nuestros pecados? ¿No le cuidó la mujer más perfecta de la historia? ¿No tenemos una tradición extensísima de santos y mártires, héroes de nuestra fe cuya bondad les hizo despreciar esta vida para alcanzar la Vida Eterna? Efectivamente no habrá héroes ni santos en la literatura si los escritores y la sociedad en la que se muevan se han olvidado o han rechazado la fuente de la Bondad: Dios mismo. Los cristianos tenemos esa esperanza: que la fuerza de Dios es la nuestra. Y que la Verdad, la Bondad y la Belleza son posibles en Su Presencia. Acudamos a Él, que si los sufrimientos de Cristo rebosan sobre nosotros, gracias a Cristo rebosa en proporción nuestro ánimo.

Belén Gómez Carmena

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