Roosevelt, Churchil y Stalin tras la destrucción de Europa

Cuando quiero saber qué siente una persona por Europa, lo primero que hago es informarme sobre la opinión que le merece la Unión Europea: si la defiende con entusiasmo, si la respeta, si se siente un ciudadano de ella o si luce su bandera, reconozco de inmediato a un enemigo de Europa. Este método me ha servido durante muchos años, y hasta ahora no ha dado señales de imprecisión.

Europa ha nacido y crecido alrededor de esa fe como una enredadera milenaria, ha sido grande mientras ha reconocido su apoyo y ha llegado alto mientras la fe sostenía su vuelo 

Europa, mucho más que un continente

Es cierto que gran parte de las personas que apoyan a la Unión Europea no son conscientes de estar apoyando la destrucción de Europa. Como no pueden concebir que haya diferencia alguna entre ambos conceptos, usan un nombre u otro indiferentemente, y creen que al defender la Unión Europea no hacen más que defender Europa. Pero es todo lo contrario, y para hacerlo ver es preciso aclarar la confusión. El error fundamental de los unioneuropeístas es creer que Europa es sólo una extensa localización geográfica. Ellos conciben perfectamente que Europa es un continente, pero no se les ha ocurrido pensar que esa misma palabra nos habla de un contenido, y que mientras no estemos de acuerdo en ese contenido, en vano coincidiremos en llamar continente a aquello que lo abarca.

Europa, o es una comunidad de países próximos entre sí vinculados a una misma fe, y como tal compartiendo un mismo fin espiritual, o bien no es nada en absoluto. Ella ha nacido y crecido alrededor de esa fe como una enredadera milenaria, ella ha sido grande mientras ha reconocido su apoyo, ella ha llegado alto mientras la fe sostenía su vuelo con unas profundas y sobrenaturales raíces. Es tan imposible que Europa sobreviva sin la fe cristiana como imposible es que una enredadera no se desmorone cuando lo hace el muro que trepaba.

Es realmente triste, para todo aquel que conoce la realidad, ver a los seres queridos de la víctima amando al autor del crimen

El verdugo de Europa

Pues bien: el liberalismo (teológico primero y existencial y económico después) ha combatido esa fe con todas sus fuerzas y ha logrado así, a proporción que la ha disminuido, la destrucción de Europa. Lo que queda es el continente, pero está vacío.

La Unión Europea no es más que el verdugo de Europa disfrazado con el vestido de su víctima. Es el materialismo y el liberalismo (ejusdem farinae) haciendo creer a los hombres, aquellos que han nacido en el lugar del patíbulo, que todavía es Europa quien los une y es por ella por quien luchan. Si se imagina a un asesino que, después de matar a su víctima, lograra hacerse pasar por ella, hacerse amar por sus familiares y amigos, aprovecharse de sus honores y disfrutar de sus bienes, se tendrá una idea, aunque a escala reducida, de lo que ha hecho la Unión Europea con Europa. Es realmente triste, para todo aquel que conoce la realidad, ver a los seres queridos de la víctima amando al autor del crimen.

La Unión Europea ha conseguido presentar sus ataques a Europa como derechos conquistados por el pueblo

Acabar con todo lo bello que Europa representa

Ese liberalismo que ha destruido Europa es el que hoy se halla encarnado en la Unión Europea. Sus leyes, sus planes, su agenda, sus decretos, todo parece formar parte de un programa para destruir cuanto de bello y verdadero ha contenido Europa. Si otra potencia se propusiera nuestra destrucción, no elegiría medios diferentes de los que utiliza la Unión Europea para conducirse. Matarían a nuestros hijos en el seno de sus madres, a nuestros ancianos en los hospitales, y corromperían a los niños y a los jóvenes haciéndoles amar la perversión sexual.

Eso mismo es lo que hace la Unión Europea con el aborto, la eutanasia y las leyes de género. La única diferencia, y no precisamente a su favor, es que la potencia que quisiera destruirnos no podría ocultar sus intenciones y sería imposible no juzgar sus ataques como actos de guerra, mientras que la Unión Europea, mucho más sutil, ha conseguido presentar sus ataques a Europa como derechos conquistados por el pueblo, y una vez ha conseguido que los hombres exijan su propia desgracia como un privilegio colectivo, no ha tenido más que ofrecérsela.

Lo más terrible de su agresión es que se ha servido de los propios europeos como huestes contra Europa

El mayor enemigo de su historia

La Unión Europea no es un enemigo cualquiera de Europa, sino que merece considerarse como el mayor que haya tenido. El número de sus víctimas no puede ser igualado por ningún otro enemigo convencional que hayamos tenido, si se tiene en cuenta el factor proporcional por la duración de su ofensiva, y el Protestantismo y la Revolución Francesa, que pueden considerarse como los dos mayores enemigos de Europa, quedan en un segundo lugar ante un organismo que participa del espíritu de ambos.

Pero lo más terrible de su agresión es que se ha servido de los propios europeos como huestes contra Europa. Esa circunstancia no sólo la hace única y sin ejemplo en la historia, sino que además nos da una idea de nuestra indefensión. Europa desaparecerá en la medida en que los unioneuropeistas crean defenderla, y así el número de sus equivocados protectores sólo nos indicará el cómputo de los que participan en su destrucción. Puede que no lo sepan, pero lo que ondean no es la bandera de Europa, sino su mortaja.

Alonso Pinto

 

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