Nota editorial 

No es ánimo ni motivo de esta revista incidir en el amarillismo propio del actual periodismo de opinión, ni seleccionar llamativos titulares sacados de contexto. Por desgracia, no es necesario seleccionar o malinterpretar las opiniones vertidas sobre la propia Iglesia para dar con el fondo de críticas que ya no son veladas.

No son pocos los que encuentran en la música, los videojuegos o la sátira minas de oro digitales en las que crecer, personal o profesionalmente. El Chojín descubrió en Youtube una forma de medrar en el panorama musical. Más concretamente, en el rap. Y no es el único: miles de cantantes desarrollan composiciones independientes en esta red social, estableciendo sinergias mutuas. Incluso los sacerdotes. Es el caso de SMDani. O al menos lo fue en un principio.

Actualmente, el sacerdote rapero SMDani está enfocado en las entrevistas y trata temas de actualidad de la Iglesia, ya sea desde la opinión, en conversación con otros youtubers o en análisis propios desde su canal. Entrevistado por El Chojín, éste le preguntó al polémico sacerdote por la alta jerarquía de la Iglesia, destacando la animadversión que generalmente se siente “por todos esos señores que van tan finamente vestidos, que llevan esos coches, que toman decisiones políticas”. “¿Qué es la Iglesia? ¿Lo de arriba o lo de abajo?”, preguntó.

Ante una pregunta sesgada ideológicamente y plagada de imprecisiones, la respuesta no lo fue menos. “Hace poco, un hermano de mi congregación me dijo: Dani, la Iglesia es una prostituta, pero es tu madre”. Ante la sorpresa del entrevistador, el sacerdote continuó: “Lo escuché como alguien que ha gastado la vida en amar, y la verdad es que lo siento un poco así. Lo que tú dices es prostitución, seguir a Jesús y poner en el centro el dinero, el poder, las influencias, es prostitución”.

A nadie se le escapa que no se puede servir a dos señores. Es de primer curso de catecismo, como quien dice. Pero es la laxitud en el hablar; el poco celo por quien te pueda escuchar o lo que se pueda deducir de tus afirmaciones; la ligereza al tratar temas de semejante relevancia o mismamente pensar que la conversión se produce por acercarse a lo políticamente correcto,  lo que genera aprecio por muchos, pero también escándalo en no pocos que siguen este tipo de canales. Alonso Pinto, colaborador habitual de Revista Hispánica, pretende dar en las siguientes líneas “un testimonio de nuestro agradecimiento” al respecto en estas páginas que siguen: “que los seglares ayudemos a aquellos sacerdotes que se encuentran en peligro y seducidos por el siglo”

Cura de humildad para Dani

Todo esto pasará. Los aduladores, los aplausos, los seguidores, la fama. Por muy firme que te parezca todo esto ahora, no pasa un solo momento sin que se aleje de ti, sin que te abandone, y mientras escribo está quedando atrás para ser recuerdo primero y olvido un momento después. No quedará rastro de lo que ahora tienes ante tus ojos, de lo que ahora te parece la única luz; por lo tanto, si tu esperanza está puesta en eso que se corrompe, en breve tampoco quedará rastro de tu esperanza misma, y también ella se corromperá como su objeto.

No eres el primero que se ha dejado seducir por la popularidad ni serás el último. Todos estamos expuestos en mayor o menor medida a la vanidad, ese rescoldo que a la menor ráfaga de viento se enciende y nos quema. ¿Cuántas personas te habrán dicho que se han convertido gracias a ti? Sin duda es una ráfaga potente.

Sin embargo, ten presente que es Dios quien convierte, y que los hombres que intervienen en una conversión sólo lo hacen en cuanto instrumentos, y éstos en ningún modo quedan justificados por haber sido utilizados. Piensa en Judas Iscariote, que bautizaba como los demás apóstoles. El bautismo que llevaba a cabo era bueno, pues es Cristo quien bautiza realmente, pero no por ello Judas fue bueno ni quedó justificado.

Muchos señalan el motivo por el que se convirtieron o el hombre que participó en esa conversión pero muy pocos saben identificar a los que les separan de Dios

Por otra parte, ¿Cuántos se habrán perdido por tus palabras? ¿Cuántos se habrán confundido y se perderán a partir de ellas? Muchos señalan el motivo por el que se convirtieron o el hombre que participó en esa conversión, pues es un recuerdo grato, pero muy pocos saben identificar a los que les separan de Dios.

Todo esto pasará. Los aduladores desaparecen cuando desaparecen los intereses que motivaban sus palabras. No se despiden, no anuncian su retirada: un día se les busca y fingen que no te conocen. Un vacío terrible se extiende entonces a tu alrededor, y a tu llamada sólo acude solícito tu propio eco. Tu corazón, que se había acostumbrado a la presencia de los aduladores, se siente desengañado, incompleto, y la desesperación quiere aprovechar la ocasión para ganarte para sí y perderte para Dios.

Los aduladores desaparecen cuando desaparecen los intereses que motivaban sus palabras

Todo esto pasará. Los aplausos duran muy poco y su estela no tiene valor. El silencio que dejan a su paso se hace insoportable para el hombre que los ha recibido, que desde ese momento buscará la forma de volver a suscitarlos continuamente. De esta manera, poco a poco llegará a hacer cualquier cosa, por indigna o ruin que sea, por reducir esos intervalos de silencio. Es lo que te ha llevado a afirmar que estabas de acuerdo con quien dijo que la Iglesia es una prostituta. Pero los aplausos, que nos indican con su sonido intermitente lo volubles que son, ya no serán para ti, ya tendrán otro objetivo, y como queda en ridículo quien inicia un aplauso que no es secundado, así quedarás en ridículo esperando un aplauso que nunca llegará.

Todo esto pasará. Los seguidores se pierden tan insensiblemente como notoriamente llegaron; se anuncian con trompetas a la llegada, se marchan deslizándose en la noche. Cuando intentes reclamar su atención, cuando les exijas sutilmente que vuelvan a seguirte, se reirán de ti, negarán haberte seguido alguna vez, y ese último intento patético por tu parte no hará más que aumentar su vergüenza por haberte admirado un día.

Los seguidores se pierden tan insensiblemente como notoriamente llegaron

Todo esto pasará. La fama se prostituye sin ningún pudor, y no deja de hacerlo porque alguien se enamore de ella. Crees que contigo será diferente, que podrás enseñarle a ser constante, pero sólo serás otra víctima más como cualquier otra a lo largo de la historia. Ahora te encuentras fascinado por sus encantos, sus caricias despiertan tu amor propio y piensas que tus méritos la han atraído, pero en cuanto no tengas nada nuevo que ofrecerle, en cuanto no te quede con qué pagar, no volverás a verla si no es abrazada a otro.

Es tan cierto que todo esto va a ocurrir si continúas poniendo tu amor en cosas tan inconstantes y quebradizas, que lo único incierto es el momento preciso en que ocurrirá. Un año más o un año menos es lo único que puede variar, pero la eternidad que sacrificarás por ese mísero tiempo no cambiará nunca. Por lo tanto, puesto que lo perecedero te va a abandonar para tu condena, abandónalo tú antes para tu salvación. Como tu homónimo el profeta Daniel, vive en medio de Babilonia sin contagiarte de sus impurezas y manteniéndote firme frente a sus halagos; como él, confiesa a Dios tus pecados y los de tu pueblo, por mucho que esos pecados se hayan naturalizado y hasta sean una señal de distinción.

Como tu homónimo el profeta Daniel, vive en medio de Babilonia sin contagiarte de sus impurezas y manteniéndote firme frente a sus halagos

Cierto; sólo soy un seglar, y no me pertenece a mí sermonear a un sacerdote. Pero después de tantos siglos en que han sido los sacerdotes los que han ayudado a los fieles que se encontraban en peligro, amonestándoles cuando pecaban, despertándoles cuando se abandonaban a la tentación, mostrándoles el camino correcto; después de tantos siglos, digo, me parece una excepción necesaria y hasta un testimonio de nuestro agradecimiento el que los seglares ayudemos a aquellos sacerdotes que se encuentran en peligro y seducidos por el siglo.

Al fin y al cabo, es con la misma doctrina y las mismas enseñanzas morales que hemos acumulado gracias a su ministerio con las que queremos rescatarlos cuando abandonan la Tradición de la Iglesia católica. Sólo restituimos lo que les pertenece, sólo les recordamos lo que se han olvidado de predicar, sólo reconducimos hacia ellos el caudal de doctrina que nos hicieron llegar.

Un testimonio de agradecimiento, que los seglares ayudemos a aquellos sacerdotes que se encuentran en peligro y seducidos por el siglo

Por todo ello, ante el triste espectáculo que supone ver a un sacerdote capitular ante todas las ideologías modernas, con el peligro consiguiente para su alma y para el alma de todos los fieles que se dejan guiar por él, no podemos más que recordarle quién es, cuál es la dignidad de su ministerio y qué responsabilidad conllevan sus palabras y sus actos. Pero ante todo recuerde, porque es la verdad, que la eternidad nos espera, y que todo esto pasará.

Alonso Pinto

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