Constitución española entrevista

En su documento Constitución sin Dios para un pueblo cristiano, Monseñor José Guerra Campos afirmó en 1978 que «el proyecto de Constitución ha suprimido toda referencia a Dios y a la inspiración cristiana de la sociedad». Este y otros argumentos referidos principalmente a la existencia de ambigüedades de cara a la vida del no nacido, la ausencia de garantías para la educación cristiana o la más que posible entrada del divorcio en España fueron suficientes para que ocho obispos españoles pidiesen el voto desfavorable a la Constitución española. El 6 de diciembre de 1978, la Carta Magna fue aprobada con casi el 88% de los votos favorables en un país donde el 90% de la población se declaraba católica, pese a la alerta de aquel puñado de obispos.

Eduardo Gómez Melero es doctor en Ciencias Económicas, Empresariales y Jurídicas por la Universidad Politécnica de Cartagena. Columnista habitual del blog Religión en Libertad y apasionado investigador de la aplicación de la Doctrina Social de la Iglesia al ámbito económico y empresarial, dedica parte de su tiempo libre a la lectura de los hispanistas clásicos y a meditar sobre lo que considera «la única comunidad reconocible en la historia de España»: «La que era núcleo de la Hispanidad y que nació mucho tiempo atrás». Esta diversificación le permite abordar desde una perspectiva múltiple el actual estado de la cuestión de la Constitución española en su 42º aniversario.

—Este día 6 de diciembre se celebra un nuevo aniversario de la ratificación de la Constitución española. ¿Qué implica participar de esta celebración?

A estas alturas, implica participar en el proyecto de una España no hispánica, disuelta en el magma europeísta, sometida al yugo del globalismo y con enormes problemas internos sin solución a la vista.

—La RAE define la constitución como la «ley fundamental de un Estado, con rango superior al resto de las leyes, que define el régimen de los derechos y libertades de los ciudadanos y delimita los poderes e instituciones de la organización política»… ¿Qué opinión le merece?

La RAE es una institución al servicio del discurso oficial. Esa definición se ajusta lamentablemente muy bien a la Constitución española, como lo que en realidad es; un  artefacto legislativo de mayor rango que el resto, sin apenas ningún carácter aglutinador, y que de manera forzada y rebosando ambigüedades trata de crear una unidad patriótica de juego de mesa: para entendernos, repartiendo cartas. La definición de la RAE  se trata por tanto de una definición  que se ajusta poco a lo que debería ser el texto constituyente del ser de una nación.

Celebrar la Constitución implica participar en el proyecto de una España no hispánica

De españoles y ciudadanos

—¿Cree que representa y defiende a todos los españoles?

Representa y defiende a los ciudadanos, concepto que representa una abstracción política…una de tantas. Es difícil saber qué significa ser español acudiendo a la Constitución, y eso ya dice mucho. No se puede defender aquello que no se divisa con un mínimo de nitidez. En ese sentido, la Constitución es un remedo de  memorándum francorrevolucionario; defiende al hombre en cuanto ciudadano, no en cuanto hombre, menos aún al español.

Por eso, no es casual que haya parlamentarios que equiparen el patriotismo al sistema métrico decimal de los ciudadanos libres e iguales, o a la sanidad o educación públicas; eso es tanto como decir que lo que singulariza a las ovejas es el cuadrupedismo. Similar error hemos comprobado en el pueblo llano, convencido de que salir a los balcones a aplaudir a los sanitarios era un ejercicio de unidad patriótica.

—Por poner un caso, el de la educación hoy tan cuestionada. ¿Cómo contempla reclamar el cumplimiento del artículo 27.1 de la Constitución para su defensa? Podríamos decir lo mismo de la vida o de la unidad de España…

¿Qué es la educación?, hacer de un hombre o de una mujer, gentes de bien. La Constitución no dice nada de eso, solo suelta consignas etéreas con cierta musicalidad moral. La educación es un derecho en cuanto que es un bien: en España y en la Europa globalista ocurre exactamente lo contrario; si algo se convierte en un derecho automáticamente queda bendecido, adquiere la categoría de bien público y  otorga a sus portadores la condición de especie protegida. Lo cual desde el punto de vista de la legitimidad jurídica (como estamos viendo) es un arma de envenenamiento masivo.

Dicho esto, la enseñanza es una cosa y la educación otra. Sócrates (según Platón) decía que no había cosa sobre la que deliberar más santa y divina que la educación de un hombre y su familia. Ahí es nada. Pero instruir se puede instruir en cualquier cosa, hasta en el ejercicio de lo más abyecto.

Yendo al meollo del asunto, el artículo 27.1 es fuego de artificio, ahí cabe todo, y, como suele decir mi padre, «lo que es de muchos no es de nadie», es decir, se habilita a los padres a instruir a sus hijos en cualquier cosa, al son de la sacrosanta libertad, y la posición antagónica es lo que tenemos hoy día: un Estado granjero que quiere tratar a los padres como gallinas que simplemente ponen los huevos, que el propio Estado va a arrebatar en su rol usurpador paternalista.

Al quedar la educación como un éter sin definir, el Estado y los politicastros pueden sacar su propio vademécum cuando quieran. En otras palabras, si la educación no equivale a unos principios bien definidos, cualquier estatólatra puede enarbolar aquello de “ los hijos no pertenecen a los padres”.

No ha habido en la historia reciente de España palabra más dañina que esa: consenso. Alude al nivel de integridad al que va renunciar cada una de las partes para mantener un determinado statu quo político

Consenso y Constitución

—¿Es la actual descomposición comunitaria debida a la constitución vigente o desarrollada pese a ella?

La constitución ha sido el portaaviones, luego ha habido una serie de actores del consenso que han hecho el resto. No ha habido en la historia reciente de España palabra más dañina que esa: consenso. Un consenso alude al nivel de integridad al que va renunciar cada una de las partes para generar o mantener un determinado statu quo político. A mi modo de ver, si fuimos capaces de llegar al punto de ese engendro constitucional, es que el mal de fondo era previo, los males que trajo la Constitución ya estaban tomando posiciones en el Reino de España, tiempo atrás, lo que nos llevaría a otro intenso debate de fondo :¿qué le ocurrió a España? y ¿por qué?

—En su artículo “La Verdadera Constitución” se refería a la Carta Magna como «la norma por antonomasia capaz de pervertir un país al antojo de sus hacedores». ¿Es posible el desarrollo de constituciones que potencien espiritual y materialmente las naciones?

Si, lo es, siempre que una constitución represente un desarrollo de la nación fundacional, es decir, que exista una armonía entre las raíces fundacionales de la patria y eso que llaman nación política, y no una ruptura camino a ninguna parte que convierta la comunidad política en una nación nihilista, que es la estación a la que nos acercamos peligrosamente.

La nación fundacional es la que genera un unidad orgánica, sin la cual el Estado tiende a crear un cuerpo mecánico, cuyos engranajes serán reemplazados o modificados a gusto del dignatario regente. En cambio los fundamentos, la sustancia de una nación, no queda sometida a criterio político. Cosa bien distinta es que haya sido fagocitada por intereses varios, como en el caso de España.

¿Hacia dónde?

—Mucho se habla de reforma constitucional, pero pocos se aventuran a definir el sentido u orientación de dicha reforma. ¿Reforma Constitucional? ¿Hacia dónde?

Reformar una cosa es darle continuidad mejorándola, si partimos de la base que la Constitución del 78 es una perversión, mejorar la perversión conduce a agudizar mas aún, los males que causa, o a engendrar otros. En el mejor de los escenarios, sería un parche temporal a los problemas que tiene España. Necesitamos una transformación muy grande de un calado prepolítico, que solo llegará si primero tiene lugar un despertar en el pueblo español.

—¿Qué futuro próximo le augura al ordenamiento político social en España?

O hay una catarsis, o se producirá una estabulación masiva dado el poder que el aparato político y mediático han adquirido sobre eso que llaman la opinión pública. El factor que paradójicamente tiene a su favor el despertar de la sociedad civil, es el factor tragedia, las cosas se van a poner muy complicadas para muchos españoles, dada la situación que atravesamos y la insondable incompetencia de los gobernantes.

Solo ha habido una comunidad reconocible, la que era núcleo de la Hispanidad y que nació mucho tiempo atrás. El rasgo diferenciador de aquella España fue la teología, que la convirtió en una comunidad metapolítica.

Núcleo de la Hispanidad

—¿Cuál es su paradigma de Comunidad en la historia de España? ¿Por qué?

Solo ha habido una comunidad reconocible, la que era núcleo de la Hispanidad y que nació mucho tiempo atrás. La España cuyo estilo explicitan Maeztu y García Morente, entre otros. Una España con una etopeya muy singular, cuya misión era dar gloria a Dios. Era algo más que una comunidad política, más que una nación, diría que fue un perfeccionamiento de dicha noción, o una ampliación si se quiere.

El rasgo diferenciador de aquella España fue la teología, que la convirtió en una comunidad metapolítica. Con todas las imperfecciones y errores que se le puedan atribuir, pero así fue. Se la ha querido encasillar en clasificaciones historicistas acerca de los imperios de aquí y de allá, pero es parangón del todo insuficiente: su  misión fue ante todo evangelizadora, la andadura imperialista era solo la vaina. Lo que caracterizó a la España hispánica por encima de todo, fue su particular interpretación del catolicismo como unidad de destino universal. Interpretación que marcó el estilo español durante muchos siglos y sin el cual la nación española no se entiende.

—¿Y los motivos que han llevado de ese paradigma al actual estado?

Luis Suarez tiene un gran libro que titula Lo que España debe a la Iglesia Católica. España defendió la fe hasta donde supo o hasta donde pudo. En ese sentido, en contra de un pensamiento nefastamente aceptado, el Carlismo tuvo un enorme mérito, sabía lo que defendía y porque lo defendía, recelaba al máximo de la implementación de las doctrinas liberales y de su potencial disolvente. La asunción de los idearios liberales ha sido la perdición de España a lo largo del tiempo, sobre todo por ser algo antagónico al estilo español. No tanto para otras naciones que a lo largo de su historia los asumieron con menos indigestión, porque el valor supremo de aquellas no residía en la teología.

Lo que caracterizó a la España hispánica por encima de todo fue su particular interpretación del catolicismo

Partitopública

—Entonces, desde estos parámetros del hispanismo clásico, ¿cuál considera que es el problema nuclear de la Constitución española de 1978?¿Porque es dañina?

Para oprobio del español, y con algunas honrosas excepciones, la política en nuestro país vive en un estado de canallería permanente, manejada por totalitarios, nihilistas, cismáticos, y equidistantes, todos cortados bajo diferentes patrones pero útiles para el globalismo, y su plan de disolución de las naciones.

Toda esta clase de sujetos ha emergido al amparo de un marco constitucional que propende (si se permite la expresión) a una partitopública, es decir, a la identificación de los partidos políticos con la cosa pública y con la opinión pública; la absorción por parte de los mismos, no ya de la democracia, sino de la sociedad civil. Eso, con la inestimable colaboración de unos medios de comunicación de dudosísima profesionalidad, ha institucionalizado el pensamiento gregario.

Este panorama es el legado genuino de la Constitución del 78 y de los tahúres que la instituyeron: una Constitución sin un perfil nacional, abierta a la indefinición política, a los juegos de poder, al chalaneo y al irenismo.

La asunción de los idearios liberales ha sido la perdición de España

—Mencionaba a Maeztu y García Morente. ¿Qué tendrían que decir, para concluir, los pensadores clásicos del hispanismo respecto de la actual constitución y estado de la situación?

Es complicado saber que cartas tomarían en el asunto. Apostaría a que tratarían de demostrar a los españoles que el estilo español nada tiene que ver con el constitucionalismo, que los males menores no existen en la vida, que es un bien mayor que la verdad sobre la Historia del Reino de España sea de dominio público, y que los españoles sepan que pueden y deben sentirse orgullosos de sus padres patrióticos, y de la Hispanidad. El día que se acabe con la amnesia nacional, España volverá a tener una oportunidad como comunidad política.

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