Chesteton y Belloc anunciaron el fin de la cultura occidental.

Son muchos los escritores y los pensadores que han proclamado el fin de la cultura occidental caracterizada principalmente por la religión cristiana.

El pensamiento filosófico grecolatino perfeccionado por nuestra religión hace mucho que ha sido sustituido por otras líneas cuya principal característica es la desconstrucción. Sin embargo, ¿cómo defender toda la tradición cristiana si la misma Europa se avergüenza de sus raíces? Es el momento de recordar y volver a valorar toda nuestra cultura.

Si [la fe cristiana] fuera un error, da la impresión de que difícilmente podría haber durado más de un día. Si fuera un mero éxtasis… no podría durar más de una hora. Ha durado casi dos mil años; y el mundo animado por esa fe ha sido más lúcido, más juicioso, más razonable en sus esperanzas, más sano en sus instintos, más divertido y alegre al enfrentarse con el destino y la muerte, que todo el mundo fuera de esa fe.

El hombre eterno. Chesterton

Christopher Dawson, historiador, en su libro La religión y el origen de la cultura occidental defenderá como la religión cristiana, desde su origen en el difícil paso del Imperio Romano al feudalismo, facilitó la aparición de la ciencia y permitió la conservación de la sabiduría protegiéndola de los bárbaros. Pero Dawson, fallecido en 1970, terminará este libro de una forma más que profética:

¿Qué hemos hecho con esta herencia? Al menos, la hemos tenido. Ha formado parte de nuestra carne y sangre y ha sido el lenguaje de nuestra propia lengua. Y la importancia de estos siglos de los cuales he escrito no debe buscarse en el orden externo que crearon o intentaron crear, sino en el cambio interno que produjeron en el alma del hombre occidental, cambio que nunca podrá destruirse íntegramente, salvo por la total negación o destrucción de este mismo hombre.

También Thomas Wood en su libro Cómo la Iglesia construyó la civilización occidental va analizando en los diferentes capítulos todo lo que debemos los occidentales a la Iglesia: desde cómo los monjes en los monasterios salvaron la cultura en los tiempos de los bárbaros, la fundación de las universidades en las que surgiría la filosofía escolástica, la arquitectura de las catedrales, el canto gregoriano y la pintura religiosa en el plano del arte, e incluso cómo ésta impulsó la ciencia, la economía y el derecho. La caridad y la luz de la sabiduría de Dios están en la base de todos estos acontecimientos.

¿Qué ha sido de la Vieja Europa, cuna de la Cristiandad, unida toda ella por una misma religión en defensa de la invasión, como en las Cruzadas o en la Batalla de Lepanto? ¿Por qué hemos dejado que las ideologías nos arranquen lo más profundo de nuestro ser? ¿Hay aún esperanza para ella, rota por el protestantismo, el liberalismo, los totalitarismos ateos del siglo XX? ¿Podremos recuperar lo que es nuestro? ¿Qué es lo que ha podido ocurrir a lo largo del tiempo para que la historia se cuente de otra manera? ¿Cómo es posible que en nuestras escuelas se enseñe la Revolución Francesa y la Ilustración como un avance? ¿Por qué se considera a la Edad Media como una época de oscuridad?

Al final de su libro Thomas Wood citará a Jude Dougherty, decano emérito de la Escuela de Filosofía de la Universidad Católica de América y amigo de san Juan Pablo II, para mostrar la relación profunda entre la filosofía antimetafísica moderna, (que no provoca otra cosa que la completa negación del hombre de la que hablaba Dawson) y la degeneración del arte actual:

Sin un reconocimiento metafísico de lo trascendente, sin el reconocimiento de un intelecto divino que es simultáneamente la fuente del orden natural y la culminación de las aspiraciones humanas, la realidad se construye en términos puramente materiales. El hombre se convierte en la medida de todas las cosas y queda eximido de responsabilidad ante el orden objetivo. La vida se vacía y carece de sentido. Esta aridez encuentra su expresión en la perversión y la esterilidad del arte moderno, desde Bauhaus hasta la posmodernidad, pasando por el cubismo.

Gabriele Kuby, socióloga alemana, por su parte, en su libro La Revolución Sexual Global, en la que analiza los orígenes del pensamiento posmoderno actual centrándose en la ideología de género; afirmará que a mayor moralidad, mayor nivel cultural, y viceversa.

¿Y qué moralidad se encuentra en la base del relativismo? ¿Quién defiende ahora la Verdad? También dirá Kuby que la nueva antropología, que ha sustituido a la cristiana, ataca en lo más íntimo de la esencia del hombre, en su naturaleza de hombre o mujer, destruyendo la base de la sociedad: la familia:

El cristianismo proporcionó la moralidad básica que se transmitía de generación en generación. La esencia de esta cultura son las decisiones de nuestros antepasados en aras de lo bueno y verdadero, decisiones que siempre exigieron la renuncia y el sacrificio por parte del individuo. […] Los regímenes de terror son reconocibles como opresores y pudieron eliminarse tras doce o sesenta años, según el caso. Ahora el ataque apunta a la estructura moral íntima de la persona, la que la capacita para ser libre. El hacha se dirige ahora a la raíz.

Tenemos por lo tanto un gradual alejamiento de Dios en Europa que va conformando la propia historia de manera errónea y sesgada. Y esta pérdida del Padre Eterno tiene serias consecuencias en todas las obras que salen de las manos del hombre: artísticas o éticas; y el pensamiento dominante ahora es promocionado desde lo alto del poder político, imponiéndolo incluso.

Desde la misma Europa hemos rechazado nuestros propios orígenes, hasta el punto de llegar a negar aquello que nos identifica y lo que mejor podemos dar al resto del mundo.

Hemos sido los mismos europeos los que, perdiendo a Dios de vista en diferentes épocas de la historia europea (la vuelta al gnosticismo en el Renacimiento, la diosa razón de la Ilustración, el superhombre creador de sí mismo en los tiempos del Romanticismo), hemos conformado nuestra propia destrucción.

En la época actual no solo es expresa la inexistencia de Dios en la sociedad, al que se recluye al ámbito privado; sino que las mismas leyes se han pervertido y atentan contra la vida de los más débiles de entre nosotros, llamando al Bien mal, y al mal Bien.

La pérdida de Dios ha resultado destructiva para el mismo hombre. Pues todo sin Él se desmorona, a pesar de todos los esfuerzos que hagamos. Cómo el barco ebrio de Rimbaud, Europa avanza a la deriva por los mares de los tiempos; ha olvidado que su tierra de origen es la misma tierra a la que va; pues es en la Contemplación del Rostro del Dios Vivo donde se encuentra nuestro Hogar, el lugar al que siempre hemos pertenecido. Pongamos en Sus Manos el timón de nuestra embarcación y afrontemos junto a Él las fuertes tormentas, pues Él es el único que realmente puede calmarlas con su Gracia.

Quisiera terminar con la famosa cita de Hillaire Belloc, de su libro Europa y la Fe:

En esta encrucijada permanece la verdad histórica: que nuestra estructura europea, construida sobre los nobles fundamentos de la antigüedad clásica, se formó sobre, existe por, está en consonancia con y se mantendrá solamente dentro del molde de la Iglesia Católica. Europa volverá a la fe o perecerá. Europa es la fe y la fe es Europa.

Belén Gómez Carmena

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