Millones de madres están actualmente salvando al mundo

Durante las últimas décadas hemos estado viviendo la reivindicación de la mujer en múltiples aspectos, al mismo tiempo que desde el movimiento feminista se da una lucha constante por “igualar” la mujer al hombre.

Pero, ¿es realmente feminista un movimiento que ataca la verdadera naturaleza de la mujer y su especificidad negándole aquello que la hace única: la maternidad?

Precisamente el feminismo radical al lado de la llamada ideología de género, no protegen la identidad femenina sino que quieren conseguir, mediante la lucha de sexos marxista y el pensamiento constructivista un mundo sin diferencia sexual en el que las nuevas personas no lleguen al mundo como fruto del amor generoso y querido por Dios sino por medios completamente artificiales. Esto es, un mundo  en el que las relaciones sexuales no sean más que un mero entretenimiento y un intercambio egoísta de placer y no el reflejo de la mutua entrega de los esposos.

Esta sociedad contradictoria que se dice inclusiva, en la que se exalta el voluntariado, las ONGs, la participación de las personas discapacitadas en el mundo laboral… ¿Es coherente con el crimen del aborto que se realiza clínicamente todos los días?

El feminismo, promotor del principal crimen contra la maternidad, el aborto; es decir, matar al hijo de tus entrañas, promueve el egoísmo. ¿En qué quedará una sociedad en el que aquellas que van a ser madres priman sus propios intereses (carrera, trabajo, realización personal), a la vida de la inocente y débil persona que crece dentro de ellas? En esta sociedad contradictoria que se dice inclusiva, en la que se exalta el voluntariado, las ONGs, la participación de las personas discapacitadas en el mundo laboral… ¿Es coherente con el crimen del aborto que se realiza clínicamente todos los días sin que nosotros (¡cristianos católicos!) hagamos nada?

Una voz se oyó en Ramá, llanto y lamento grande. Es Raquel que llora a sus hijos y no quiere ser consolada, porque ya no existen…  (Jeremías 31, 15. Mateo 2, 18). Este Herodes, este dragón de Babilonia que quiere devorar a nuestros hijos, en cuerpo y en alma, debemos combatirlo mediante nuestras mejores armas: acudiendo a la intercesión de la Madre por excelencia, aquella que recogerá en sus brazos todos los niños inocentes, la Virgen María.

Porque es ella, expresión de la Perfecta Feminidad y Maternidad, la que nos ayudará en esta cruenta batalla. Ella es la que aplasta la cabeza al dragón, y por eso es por lo que este se revuelve y ataca allí donde puede hacer más daño: la mujer como madre, fundamento de la familia, y por extensión, de toda la sociedad. Pues se verá continuamente pisado cuando millones de madres hagan de su hogar un santuario de paz, amor y vida en Dios. Se verá continuamente pisado cuando millones de madres preparen un exquisito pastel de cumpleaños para celebrar la venida al mundo de su quinto o sexto hijo. Se verá continuamente pisado cuando millones de madres besen a sus hijos al acostarlos y les enseñen a rezar confiados a su Padre del Cielo. Se verá continuamente pisado, en fin, cuando, millones de madres, con su entrega sencilla, escondida y generosa enseñen al mundo lo que es el Amor. Millones de madres están actualmente salvando el mundo.

Esta suma veneración de la maternidad es debida a la consoladora promesa que le fue hecha a la primera mujer cuando fue expulsada del Paraíso: a ella y a su descendencia le fue encomendada la misión de aplastar la cabeza de la serpiente. Conducir la lucha contra el mal y educar para ello a la descendencia ha sido la vocación específica de la mujer desde el momento del pecado original hasta la llegada de la Madre de aquel Hijo que superó la muerte y los infiernos; una misión semejante habrá de ejercerla la mujer hasta el fin del mundo. Afirma la Santa Edith Stein en sus estudios sobre la mujer.

¿Hemos olvidado donde está el verdadero heroísmo? ¿Por qué se premia a mujeres emprendedoras, científicas, etc. y no a las madres que han dado su vida felices por la felicidad de sus hijos? ¿Hemos olvidado acaso que cualquier acto, por pequeño que sea, si es realizado con Amor, tiene un valor incalculable? ¿Hemos olvidado la belleza escondida de las pequeñas cosas?

El misterio de la feminidad se manifiesta y se revela hasta el fondo mediante la maternidad, como dice el texto: “la cual concibió y dio a luz” dice San Juan Pablo II en sus catequesis sobre el amor humano. Toda mujer tiene por vocación la maternidad, el don de sí misma, ya que solamente ella está capacitada para hacer espacio dentro de sí misma a otra persona. Y esta maternidad puede concretarse de diferentes maneras según el plan de Dios para cada una: maternidad física y espiritual o maternidad solamente espiritual.

Defendamos pues con todas nuestras fuerzas este don inmenso de Dios que da a las mujeres, y no nos conformemos con ir siguiendo la corriente del mundo. Alcemos los ojos al Cielo, nuestra Esperanza, y, con la ayuda de Nuestra Madre, todos los santos y el ejército celestial, con Cristo mismo a la cabeza; estamos seguros de nuestra victoria.

 

Bibliografía

La Sagrada Biblia. (1989) Editorial San Pablo.

SAN JUAN PABLO II: Hombre y mujer los creó. Catequesis sobre el amor humano. (2017) Ediciones Cristiandad.

STEIN, E.: La mujer. (1998) Ediciones Palabra.

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