La lógica acorde con la caridad

En su colosal obra El Criterio, Jaime Balmes exponía en el capítulo VIII la evidencia existente entre la lógica y la caridad, la relación palpable entre lo natural y simple en cualquier proceder y la ley divina del amor al prójimo. Este libro pretendía justamente lo que afirma con inteligente simpleza el título del libro: tener criterio.

Es evidente que en la época actual, fruto de una era moderna abrumadora, el criterio del hombre brilla por su ausencia. Bien es cierto que para tener criterio, en no pocas ocasiones ello depende de las dotes recibidas de lo alto, pero en otras ocasiones se debe al trabajo firme de los hombres, y aquí reside el problema.

Una degeneración social causada por varias décadas de democracia y otras tantas de ausencia de pastoreo católico tienen como consecuencia una sociedad ignorante y atemorizada, y esto ha resaltado en la pandemia vivida. Dicha afirmación se debe en gran parte a la vida cómoda en la que se vive hoy, todo está a nuestro alcance y esto degenera al hombre en poco esforzado y por ello débil. A modo de afirmación inicial: La debilidad es la causante del miedo y la ignorancia actual.

Todo está a nuestro alcance y esto degenera al hombre en poco esforzado y por ello débil. A modo de afirmación inicial: La debilidad es la causante del miedo y la ignorancia actual

Un debate a raíz de la pandemia

Curiosamente se analiza en cada sujeto de hoy que aparte de tener inclinaciones al miedo y de no esforzarse en conocer la verdad, se visten con una capa de soberbia intelectual y moral causada por el relativismo que acomoda a dicho sujeto en una posición de supuesta superioridad sólo por ser el defensor de esa opinión propia, y es precisamente esa capa la que cubre sus defectos principales ya expuestos. Esta actitud tan vista en creyentes y no creyentes es la que dificulta a los católicos una tarea primordial, la de evangelizar el mundo.

Un debate surgido a raíz de esta pandemia es el de la comunión en la boca o en la mano que ha resultado ser vencido por los enemigos de la civilización cristiana con rotundidad. Algo completamente lógico porque imperan el miedo y la ignorancia en el pueblo católico acomodado de hoy.

Los argumentos que se exponen a continuación para tratar de formar un criterio común contra todos los ataques que recibimos son, por una parte los relativos a la doctrina católica y por otra, argumentos morales; y por ello acordes a la Santa Ley, pero  además son acordes a la lógica de toda cabeza con criterio.

Argumentos de fe

Comenzando por los argumentos de fe, es obligado afirmar a partir del Concilio de Trento el dogma de la Iglesia Católica: La presencia eucarística de Cristo comienza en la consagración y dura hasta que permanezcan las especies eucarísticas. Por otro lado, el Catecismo Romano recuerda que «no sólo en las especies sino en cada partícula de ellas se encuentra la presencia real de Cristo»: Afirmación segunda: Cristo está en la Hostia.

Recordando la terrible escena de La Pasión de Cristo de Mel Gibson en la que acaban de ensañarse con Nuestro Señor Jesucristo en la flagelación, tuvo a bien el director de cine -con frialdad extrema pero necesaria-, acaparar con las cámaras todo el entorno del castigo recibido.

En dicha escena me llamó personalmente la atención como Jesucristo tendido y extasiado en el suelo con su cuerpo ensangrentado hasta la última parte, le rodeaba a su alrededor un rodal de sangre inmenso, fruto de la ira de aquellos desalmados, mientras la Virgen María y María Magdalena, cansadas de dolor lloraban, más tarde recibieron de manos de Claudia Prócula los paños limpios para recoger la Divina Sangre Redentora.

De esta escena -de la película en general- se pueden obtener infinidad de comparaciones reales, metáforas poéticas y reflexiones que cambiarían el rumbo de cualquier alma.

En relación al debate que se vive hoy, y siguiendo el Catecismo Romano, si en cada partícula de las especies está Cristo y dichas partículas se depositan en nuestras manos al recibir la Hostia, lo más normal es que estas después se repartan por cualquier lugar allá a donde vaya nuestras manos, ¿No es, por tanto, una comparación válida la sangre extendida escandalosamente en la flagelación del Señor con la comunión en la mano?

Pedía el Padre Cué a Jesucristo en una poesía titulada Manos Sacerdotales, que le atase las manos para que encerraran el aroma de la unción que en sí guardaba. Pedía con pasión poética que se las atase para después cuando las abriera ofreciese el oro de la espiga. Y seguía pidiendo con devoción ejemplar que se las atase para purgar las libertades de otras almas esclavas.

Esas manos que, para rematar el muy aficionado a la tauromaquia y a la Semana Santa sevillana Padre Ramón Cué Romano: saben, sin tocar, hacer las cosas para entrar al alma por las misteriosas puertas que no conocen los sentidos. Esas manos sacerdotales que son las únicas que tienen permiso para tocar la Sagrada Forma por estar consagradas.

Grandes fueron en la historia de nuestra fe los que se negaron en rotundo a esta profanación de comulgar en la mano

Argumentos morales

Entonces, ¿por qué quieren los fieles de hoy tocar con la mano la Hostia?, ¿Tienen miedo de que unas manos consagradas contagien?, ¿pues dónde está la fe?, ¿desconocían que las manos sacerdotales estaban consagradas?, ¿cómo profesas una fe de la cual no conoces sus dogmas fundamentales?, ¿si comulgas de la mano eres tú mismo quien te da la Comunión o el sacerdote? Uno de los pilares principales del protestantismo es la relativización de la Iglesia y todo lo relacionado con sus enseñanzas, ¿comulgar en la mano no es un acercamiento a la herejía protestante? Afirmación tercera: el pueblo de hoy no tiene fe.

Continuando con la argumentación moral, el hombre católico de hoy tan moderno y tan seguro de sí, imbuido también en los trasiegos autosuficientes del liberalismo reinante, debería ejercer un acto de humildad y reflexionar, porque grandes fueron en la historia de nuestra fe los que se negaron en rotundo a esta profanación de comulgar en la mano.

Grandes en la historia se negaron

San Pío X que en su lecho de muerte en aquel agosto de 1914 se negó a recibir al Señor en la mano porque así estaba establecido por la férrea doctrina católica, ¡Un Papa!, ¡Un Santo!; El Padre Pío que en la vida recibió (porque los sacerdotes tampoco debían comulgar en las manos) ni dispensó la Sagrada Forma en las manos. Porque, ¿Quién soy yo, simple humano que repta por el suelo como repetía Santa Teresa a sus monjas para tocar al cielo mismo con mis manos cuando en la misma consagración, toda la corte celestial se arrodilla ante tan grandioso milagro?.

Tal vez no haya fe verdadera en ello o no se conocía; aun existiendo una persona de una pulcritud y limpieza extremas, son las manos la parte del cuerpo que más patógenos adquiere, ¿Con esas manos, con o sin gel viscoso, tengo el valor de tocar a Aquel que murió por mí?, ¿Así se lo agradecemos?

La Eucaristía debe ser tratada con fe, no estamos en un supermercado afirmaba el Cardenal Sarah ante el comportamiento de muchos fieles en esta crisis sanitaria. Porque, ¿no se asemeja la comunión en la mano a una dispensa de galletas mientras tocan guitarras de alegría y andan como pases de modelos luciendo el palmito?, ¿Este es nuestro gesto de agradecimiento a la Redención?, o mejor, ¿Sabíamos que Él vino a redimir nuestros pecados?

Pareciese que Jesucristo en su mensaje nos preveía de ser caritativos para no caer en acciones ilógicas de lo cotidiano porque la mente humana no era capaz de razonar con criterio, por tanto, si no se quiere conocer hoy las verdades de nuestra fe, sólo por caridad se debería comulgar con dignidad y respeto máximo.

Nunca será mi intención primaria la de crear discordia sino la de defender la verdad, pero si defender la verdad acarrea conflictos y discusiones es porque algo se ha removido en las conciencias de los receptores. Si además se nos permite exponer argumentos en defensa de la verdad en nuestra organización de Estudio y Acción, no seré yo quien pierda esta oportunidad y aprovecharé para incitar a todo hermano en la fe a que siga exponiendo argumentos en favor de la verdad. Hay mucho material, hay muchas personas buenas en el mundo que se niegan ante tal atrocidad pero se les silencia o ningunea, ¡Apoyémoslos!, ¡Defendamos la verdad!

Nacho Giner Ruiz 

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