En los últimos días he estado reflexionando acerca de la deriva moral de mi querida Patria ¡Ay, España, cómo me dueles! Y cuando me preguntó qué sucederá en los próximos tiempos; llegué a la angustiosa conclusión de que no sucederá nada. Continúen leyendo y comprenderán.

Desde 2015 tenemos como diputados en el Parlamento Nacional a miembros de Bildu, que como ya es de todos sabido, es sinónimo de ETA. ¿Alguien entre ustedes ha visto la más mínima cara de sonrojo entre el resto de miembros de la Cámara Baja? Servidor, desde luego no. De hecho he visto más bien cómo un traidor era capaz de dar el pésame por el suicidio de una alimaña etarra en prisión. Y no pasa nada.

Nos gobierna un psicópata con ínfulas de dictador (y encima tiene como vicepresidente a un comunista chavista) que miente casi por naturaleza, y sume a España en la ruina social y económica. Y no pasa nada.

Se calcula que en España se realiza un aborto (es decir, un ser humano es asesinado cuando aún se está gestando en el útero materno) cada 5 minutos, dando lugar no sólo a una de las mayores ruinas morales que conocerá la Historia, también al peor invierno demográfico en siglos. No tendremos relevo generacional. No habrá quien pague nuestras pensiones ni quien nos tome de la mano cuando ya vayamos a partir de este mundo. Y no pasa nada.

Al tiempo que se prodigan las bondades del laicismo estatal, se promociona la Islamización de España, obligando incluso a que esa falsa religión se enseñe en colegios e institutos, en aras de una “concordia universal”

Se impone en las escuelas la mayor perversión filosófica e ideológica que el hombre ha conocido, que es la ideología o perspectiva de género. A miles de niños (de no más de 10 años) se les enseña que han de explorar, no su sexualidad, lo cual sería ya aberrante, sino su misma identidad, confundiéndolos y creando masas de individuos sin raíces ni principios, de tal forma que sean auténticos y meros medios de producción al servicio del omnipresente Estado, cuando no unos completos inútiles mantenidos por las ayudas públicas, y por tanto totalmente serviles al político que más prometa. Y no pasa nada.

Al tiempo que se prodigan las bondades del laicismo estatal, se promociona la Islamización de España, obligando incluso a que esa falsa religión se enseñe en colegios e institutos, todo en aras de una “concordia universal” que más recuerda a la traición de D. Oppas, la cual nos llevó a ocho siglos (se dice pronto) de dominación musulmana en la Península. Pronto tendremos barrios, si no ciudades enteras, bajo la ley de la Sharia. Y no pasa nada.

Llevamos padeciendo un régimen liberal partidista desde 1978 que hundido política, económica, social y moralmente a España, Dando cabida a separatismos (el propio régimen autonómico ha favorecido la disgregación y la ruina económica), a todo lo que el progresismo y las élites financieras dictaban, y todo ello con la tibia connivencia tanto de casi toda la Jerarquía eclesiástica (que siempre ha jaleado al que probablemente sea el mayor culpable, por ser “la derecha católica”, que es el Partido Popular) como de gran parte de laicos. Y nunca ha pasado nada.

Es nuestro deber reaccionar, ya desde el catolicismo o desde el más elemental sentido común si no se es creyente, contra esta vorágine que amenaza con destruir todo cuanto amamos y es bueno y verdadero. El riesgo de que ocurra es real, ya hemos perdido demasiado tiempo en tibiezas y falsas prudencias, es el momento de contraatacar o perecer sin remedio.

Pese a todo esto, servidor está tranquilo, pues la Justicia Divina siempre llega, y siempre en el momento oportuno. Cada cual sepa de qué ha de arrepentirse y cómo enmendar su vida ahora que aún tiene tiempo. Por mi parte, daré, desde mi insignificante posición, la batalla por la Verdad y la Justicia, por el Bien y la Belleza, por la Paz y la Libertad.

Quizá este mensaje lo acaben leyendo los más de 50 millones de personas que vivimos en España; aunque así fuese, creo que tristemente, no pasará nada.

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