Educación católica

Podríamos afirmar sin miedo a equivocarnos que la educación está abocada a la extinción. No en su sentido amplio sino en aquel significado genuino de la promoción de la virtud en el alumno, con todo lo que esto implica. Con la Ley Celaá, si bien se sigue el camino preparado por legislaciones precedentes, se han traspasado los límites que, hasta ahora, ninguna otra había cruzado en su oposición a la educación católica.

La Fundación Educatio Servanda es una institución sin ánimo de lucro dedicada a la promoción de la educación católica en España desde 2006. Con una actitud de servicio a la sociedad y a las instituciones, ha sufrido en no pocas ocasiones continuos ataques por su modelo educativo y de negocio: promocionar la educación católica. Tras la aprobación de la Ley Orgánica de Modificación de la LOE –más conocida como Ley Celaá– se posiciona como garante de este modelo. Oscar Rivas, Director de Comunicación y Relaciones Institucionales de la Fundación, expone en Revista Hispánica el estado del actual contexto político y educativo tras la aprobación de la ley.

—En España podría decirse que el turnismo político afecta por igual a lo educativo, perdiéndonos en multitud de leyes de signo diverso. ¿Representa la LOMLOE algún peligro a nivel educativo?

—Si después de cuarenta años, no ha sido posible llegar al deseable pacto de Estado educativo, no se ha debido tanto a la falta de capacidad de los partidos políticos, como a su falta de voluntad. En especial por parte de las izquierdas, cuyo gramscismo cultural e ideológico se ha preocupado siempre más por adoctrinar que por enseñar.

Sin embargo, la LOMLOE, o Ley Celaá –es importante identificar a su responsable– representa la expresión educativa del proceso revolucionario emprendido por Pedro Sánchez e Iglesias desde el minuto uno de la legislatura. Una ley liberticida, de consecuencias dramáticas para las futuras generaciones. Un martillo que aplasta el Derecho a la Educación y la Libertad de Enseñanza.

La ministra sabía lo que decía cuando afirmaba que los hijos no son de sus padres. Cierto es que los totalitarios no tienen por costumbre reconocer su totalitarismo. Pero no pueden impedir que sus hechos comuniquen lo que son. Como es el caso.

“No hay una sola razón, salvo un malintencionado sectarismo ideológico, que pueda justificar la persecución que el Gobierno ha emprendido contra nosotros”

10 motivos para oponerse

— ¿Qué cambia la ley Celaá respecto a la legislación previa?

— Puede decirse que la LOMCE, promovida por el PP, aunque con matices, no dejaba de ser una versión actualizada de la LOGSE. Hace tiempo que en el ámbito educativo, como en tantos otros, rige la hegemonía político-cultural de la izquierda. Pero la nueva ley va mucho más allá; retoma la LOE de Zapatero y la lleva a unos extremos de fanatismo inadmisibles:

  1. La Ley Celaá es una ley oportunista: porque el gobierno aprovechó el estado de alarma que sumía a España en el confinamiento domiciliario.
  2. Es dictatorial: porque por primera vez en la historia de nuestra democracia, un gobierno expulsa a la comunidad educativa del proceso legislativo.
  3. Es clasista: porque su agresión a la enseñanza concertada condena al adoctrinamiento ideológico a las clases medias y trabajadoras.
  4. Es liberticida: porque, al eliminar la demanda social, pone fin a la libertad de las familias para elegir la educación de sus hijos. Los padres ni siquiera podrán elegir colegio.
  5. Es inhumana: porque, desoyendo el clamor de las familias afectadas, condena a su desaparición a la enseñanza especial que posibilita a las personas con discapacidad la atención y la enseñanza personalizada que precisan.
  6. Es endofóbica: porque atenta contra la nación al eliminar el castellano como lengua vehicular.
  7. Es cristianófoba: porque sentencia a muerte a la enseñanza de Religión, privándola de valor en la nota media y dejándola sin alternativas.
  8. Es adoctrinadora: porque crea la asignatura de “Educación en valores cívicos y éticos”, una versión corregida y aumentada de la “Educación para la Ciudadanía” de Zapatero.
  9. Es antisocial: porque 4 millones de familias perderán su derecho a elegir la educación de sus hijos, más de 9.300 centros concertados podrán cerrarse, y más de 260.000 profesionales podrán perder su trabajo.
  10. Es elitista: porque se trata de una ley de ingeniería social diseñada por y para las élites, en contra del bien común de la sociedad que gobiernan.

“El Estado ocupa en el campo de la educación un papel fundamental que no se puede pasar por alto. Ahora bien, bajo ningún concepto debe suplantar a las familias como educadoras”

 “Toda libertad es hija de la verdad”

— ¿Qué beneficios proporciona la existencia de una educación concertada?

—Por encima de todo, la presencia de la escuela concertada aporta a la educación y a la enseñanza un altísimo grado de pluralidad que se deja ver en diferentes esferas. La oferta educativa que reciben los padres se multiplica de modo exponencial y permite responder a la diversidad que compone el tejido social de nuestra época.

Dicha pluralidad abre, a su vez, el cauce a amplios espacios de libertad que sin ellas no existirían. Frente al corsé que pretende imponernos el monolitismo estatalista, la libertad que nace de las familias.

Y qué decir de la financiación. Cada alumno de la concertada supone un ahorro del 50% para el Estado sobre el coste total. No hay una sola razón, ni una sola, salvo un malintencionado sectarismo ideológico, que pueda justificar la persecución que el Gobierno ha emprendido contra nosotros.

—Uno de los eslóganes que más se escuchan estos días en la concertada es “la defensa de la libertad de los padres para elegir la educación y centro de sus hijos”. ¿Por qué? ¿Es esta libertad absoluta?

—El derecho de los padres a educar a sus hijos es un derecho original, primario e inalienable y el Estado debe garantizarlo, así como su libertad a elegir la educación que desean para ellos. Y no al revés, como pretende la Ley Celaá. ¿Qué significa esto? Que el Gobierno social-comunista se apropia del Estado para hacer volar por los aires los derechos que debe proteger.

En cuanto a los límites de la libertad, toda libertad es hija de la verdad. A más verdad, más libertad. Cuanto más conocemos la verdad sobre algo, más libres somos sobre la decisión que tomamos sobre ese algo. Lamentablemente, la deriva totalitaria del Gobierno pone de manifiesto su nulo interés por la verdad. No se plantea hasta dónde puede llegar o no la libertad de los padres, sino su abolición.

“El Gobierno está más cerca que nunca de imponer la educación única, estatal y laica”

Educación católica

—Hablemos de la Ley Celaá y educación católica. Según cifras de Escuelas Católicas, de sus casi 2.000 centros educativos en España, la mayoría tiene algún nivel concertado. ¿Qué está en juego realmente, la educación concertada o la educación católica?

—Desde luego, cabe la posibilidad de que tras la agresión de Ley Celaá contra la enseñanza concertada pueda subyacer un componente anticatólico. Hay quien así lo piensa. Son muchas las ocasiones en que los sectores más ultras de este Gobierno se han pronunciado sobre esta cuestión. Y a menudo lo han hecho en un sentido inequívocamente cristianófobo. Así que no sería sorprendente. Un ejemplo es el castigo que imprime a la asignatura de religión.

Por otra parte, el 82% de los colegios que integran la enseñanza concertada son de signo católico. No podemos afirmar que el gobierno ataque a la enseñanza concertada con el ánimo de dañar a la educación católica. Pero es palmario que cuando el Gobierno daña a la concertada, está dañando también a la enseñanza católica. Eso es irrefutable.

Sí, está en juego la educación católica, en la misma medida que lo está la concertada. Es evidente que el Gobierno de Sánchez e Iglesias está más cerca que nunca de acabar con la pluralidad educativa e imponer esa educación única, estatal y laica que siempre ha anhelado la izquierda y que nuestra fundación lleva años denunciando.

—En este sentido, Educatio Servanda y sus colegios han optado por posicionarse frontalmente por la educación católica. Desde el plano de la fe, ¿cómo se contempla en su Fundación la misión educativa?

—Todos nuestros colegios son católicos. Lo proclamamos abiertamente, sin ningún tipo de complejos. Todos ellos son también concertados. Pero nuestra esencia reside en la catolicidad. Para ello partimos de la convicción de que una escuela verdaderamente católica ha de reunir tres características: radicalidad, apostolado y testimonio.

Radicalidad: pues en su etimología alude a esencia, si perdemos nuestras raíces perdemos también nuestra razón de ser. Puesto que la raíz de la escuela católica reside en Jesucristo y le debe fidelidad, todas las ideologías que contravengan este modelo antropológico deben quedarse fuera.

Apostolado: nos referimos a los maestros. Ellos deben ser apóstoles, faros que iluminen a sus alumnos. Si no lo hacen, los alumnos, que son expertos en detectar incoherencias, nunca se lo perdonarán.

Testimonio: la escuela católica como institución, y sus miembros, a título personal, han de dar testimonio público de fe, reivindicar su misión y su papel en la sociedad.

“Nuestra esencia reside en la catolicidad. Una escuela verdaderamente católica ha de reunir tres características: radicalidad, apostolado y testimonio”

Las familias, primeras educadoras

—Quizá la intervención estatal de las últimas décadas ha sido tan perjudicial en su trasfondo educativo que hemos asumido que el problema es el Estado, independientemente de su carga moral. ¿Es lo público sinónimo de empobrecimiento educativo y lo privado garante de su enriquecimiento?

—Es claro que un Estado que niega toda norma moral está condenado a la ruina.  Lo estamos padeciendo. Sin embargo, más allá de su contenido moral, es claro también que un Estado bajo ningún concepto puede pretender ser totalidad. De serlo asfixiaría a la sociedad a la que ha de servir, hasta anularla.

Pero si la omnipresencia del Estado no resulta deseable, tampoco lo resulta su inexistencia. El Estado ocupa en el campo de la educación un papel fundamental que no se puede pasar por alto. Ahora bien, bajo ningún concepto debe suplantar a las familias como educadoras. No concebimos lo público y lo privado como conceptos antagónicos, sino como realidades complementarias que se necesitan y se nutren mutuamente.

—Por poner un caso, en Polonia, el 95% de la escuela es pública, mientras que el 3 y el 2% restantes integran la privada y concertada, respectivamente. En España, la diferencia es grande: un 69% de la escuela se adscribe a lo público, con un 28% y 3% que lo hacen a la concertada y privada. Si el Estado se nutriese de pilares morales sólidos, ¿tendría cabida la concertada?

Me gustaría realizar una precisión terminológica que me parece de calado. A las izquierdas, que saben bien de la importancia del lenguaje, les gusta oponer la enseñanza pública a la concertada. De esta forma, distinguen tres modelos de enseñanza: la pública, la concertada y, por último, la privada. Esta distinción no es exacta.

La realidad es que la enseñanza pública comprende, la enseñanza estatal, por un lado, y la enseñanza de iniciativa social –concertada–, por otro. Tan pública es la concertada, como la estatal. Tal vez esto no sea del agrado para las izquierdas, pero el hecho de que no les guste, no puede alterar la verdad. Es esencial dar la batalla en el campo del lenguaje. Por tanto, si partimos de esta premisa, de acuerdo con la comparativa que planteas, entre la enseñanza concertada de iniciativa social y la estatal, la esfera de lo público en España alcanza el 97%, un resultado exacto al de Polonia.

—No podemos olvidarnos de la cuestión del idioma. El filósofo Pedro Insua lo mencionaba así: «no es cuestión de libertad de elección de los padres; el español es una lengua que todo español tiene el deber de conocer y el derecho a usar». ¿Es hoy la educación un ariete ideológico más, también en el aspecto idiomático?

—Totalmente de acuerdo. Insua es una de las escasas mentes lúcidas que le quedan a la izquierda. Tan lúcida que prácticamente todo lo que dice resulta transgresor a nuestros oídos tan acostumbrados a escuchar lugares comunes.

El castellano es la segunda lengua materna más hablada en el mundo, con 480 millones de personas. Algunos de los libros más bellos de la historia se han escrito en castellano. Es un tesoro inigualable que debiera enorgullecernos. Tal vez el mayor de cuantos nos legaron nuestros antepasados. Sin embargo, lejos de cuidarlo con el mimo que merece lo sometemos cada día al escarnio de nuestra ignorancia. La paradoja, triste paradoja, es que lo que debiera constituir inequívoco elemento de cohesión lo utilizan como eje disgregador que hay que enterrar a cualquier precio.

“Con Más Plurales ha nacido un movimiento social de resistencia que reclama libertad y que no está dispuesto a transigir con el totalitarismo. Y no ha hecho más que empezar”

Perspectivas de futuro

—Por concluir, ¿cuál es entonces el ámbito de actuación actual? ¿Alguna perspectiva alentadora?

—Vivimos tiempos difíciles, pero también apasionantes. Tiempos que nos exigen lo mejor de nosotros mismos. En frente nos encontramos con un gobierno que persigue dinamitar libertades que costaron décadas de conquista, entre ellas la libertad educativa.

Con este fin, el de decir stop a la Ley Celaá, nacía Más Plurales, la plataforma que agrupa a diferentes instancias del mundo educativo. Educatio Servanda fue, a través de LibresParaElegir.org, una de sus impulsoras. A mí me ha tocado formar parte del equipo de movilización. Sabíamos que si no nos movíamos, la Ley Celaá nos pasaría por encima con la impasividad de un tanque soviético.

En este tiempo Más Plurales ya supera el millón y medio de firmas. Miles de familias se concentran cada semana en colegios de toda España. Nos manifestamos, también semanalmente, frente al Congreso. Todos hablan de la marea naranja que el día 22 llenó de coches las calles de toda España. Con ella ha nacido un movimiento social de resistencia que reclama libertad y que no está dispuesto a transigir con el totalitarismo. Y no ha hecho más que empezar. 

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