El deber de resistir a la modernidad.

Nos tocan tiempos difíciles. Son muy pocos los católicos que realmente están comprometidos a seguir la voluntad de Dios, pero hay que seguir firmes.

En la tranquilidad de las tardes estivales, ya sean marineras o camperas, cuando ya las brisas finales del día calman el ánimo, nos unimos más con lo creado, es ahí donde reside ese momento de reflexión que todos necesitamos. Es necesario estar parados un tiempo, organizando nuestro pensamiento, reforzando nuestra alma, consultando y conversando entre nosotros, pero siempre con el ánimo sosegado y preparado, preparado para lo que estar por venir.

Mantenerse firmes, o cómo resurgir en medio de la crisis

En uno de esos ratos de calma que Dios nos dispone, un servidor ha tenido a bien reflexionar a través de una gran obra, la cual auguro de gran ayuda para el porvenir, Resurgimiento en medio de la crisis, de Peter Kwasniewski.

En el prefacio se cita a Dom Paul Delatte, O.S.B., con una aportación magnífica, cómo digo, para ver las cosas futuras con la mayor calma que Dios pretende:

La paciencia realiza un trabajo perfecto, y su trabajo es mantener en nosotros, a pesar de todo, el orden de la razón y de la fe. Hagamos un gran esfuerzo de coraje, abracémonos a esta bendita paciencia de una manera tan apretada y fuerte que no haya nada en el mundo capaz de separarnos de ella: patientiam amplectatur.

Estos no son tiempos para lamentaciones, para excusas, para disputas. No hubiéramos sido salvados si el Señor hubiera rechazado el sufrimiento. Son tiempos para poner los hombros y cargar la cruz, para hacer todo lo que Dios quiera y por el tiempo que El quiera, sin cansarnos ni rezagarnos por el camino […]

No hay futuro espiritual sino para quienes pueden mantenerse así de firmes. Cuando nos hacemos el propósito de resistir y soportar hasta que pase la tormenta, terminamos por desarrollar un gran poder de resistencia.

¿Atacar o resistir?

Tremendo. Estás palabras deberíamos leerlas cada mañana al levantarnos. Así de fácil, y así de duro, pero es el único camino. Pero, si es el único camino ¿por qué no vivirlo con alegría, sometiéndonos verdaderamente a la voluntad de Dios con la entrega que El merece, espera y nos donó en capacidades?

El doctor angélico, Santo Tomás, enseña las virtudes de manera sublime y a la hora de hablar de la fortaleza, explica perfectamente, utilizando a los mártires de ejemplo, cómo es más fuerte el que resiste que el que ataca. Atacar al final es una reacción a algo que no agrada, en cambio resistir es soportar el dolor.

Con esto no quiero decir que atacar sea algo malo, no. Hay veces que se debe atacar para ganar terreno en la evangelización, ahí está el ejemplo de las conquistas españolas del Siglo de Oro, todo para mayor gloria de Dios.

Solo en el resistir está el amor verdadero

Pero resistir es realmente lo que fortalece nuestra alma y templa nuestro ser entero. Resistir cultiva la paciencia y focaliza las alegrías en el porvenir, por lo que nos dirige siempre a la esperanza. Resistir hace a las almas humildes, porque al ver que por nuestras fuerzas no podemos hacer nada, confiamos en la protección divina. Y ambas, la paciencia y la humildad, crean un ánimo alegre y un alma de fe, porque sólo en el resistir está ese amor verdadero.

Cuando uno resiste demuestra su amor por una empresa. Al hilo del Aquinate, si un mártir resiste el sufrimiento es por amor verdadero a la religión católica; si un joven resiste a la tentación carnal, es por amor a Dios, a su noviazgo, y a sí mismo; si un hombre resiste a las desgracias de la vida que siempre acuden, también indica amor, ya sea a su propio ser, a su familia o a ambas, siempre dependiendo de cómo sean esos sufrimientos.

Sentar las bases de la resistencia a la modernidad: la oración

Lo que está claro es que si uno resiste a esos sufrimientos, si dirige su mirada a lo alto, y lanza una súplica, ese sufrimiento comienza a ser sagrado en cuanto a ofrenda, y aquello adquiere un ambiente de ascesis que eleva nuestros actos, y los dignifica, en una palabra: los diviniza, de ahí la semejanza con Dios Creador.

No soy quién para dar consejos ni guiar a nadie, pero sí que es cierto que en nuestro deber de enarbolar la bandera de la verdad, me veo en la obligación de -aun siendo criatura pecadora-, romper una lanza por lo que creo que tenemos que hacer hoy por hoy: rezar y resistir, ya habrá tiempo de atacar.

Creo que Dios nos ofrece ciertas épocas de la historia para purgar nuestros pecados, para hacer de la necesidad virtud y santificar nuestra vida con cada acto.

El hereje de la división frente a la santa de la raza: Lutero y santa Teresa

Si la Iglesia anda sin fijeza, también ocurrió en otras épocas de la historia, y fue justamente cuando afloraron santos. Por ejemplo, cuando murieron nuestros primeros hermanos a manos de judíos y romanos, Tertuliano lo definió muy bien: la sangre derramada por los mártires, es semilla de nuevos cristianos; Santa Catalina de Siena mantuvo el lazo tenso de cartearse con el Papa Gregorio XI (1329-1378) pidiéndole con el santo descaro, que volviese a Roma, después del conflicto de los dos papas Aviñón-Roma.

El fue el último Papa que residió en la Provenza francesa. Lo consiguió; cuando a finales del siglo XV la Cristiandad se partió en dos, un hereje, Lutero, recriminó a su madre, la Iglesia, hasta sembrar la división luciferina. En cambio, en la agreste estepa castellana, una santa, la Santa de la raza, dio un aire fresco (no progresista sino recordando las verdades) a la fe verdadera. Y Santa Teresa, con la única guía del amor a Nuestro Buen Jesús, con fatigas y trabas (hasta dentro de la misma Iglesia) reformó el Carmelo descalzo, siendo lugar indispensable para el amor a Dios.

Manual de combate frente a la tiniebla del mundo moderno

No son épocas de división, trato de expresar, sino de aguantar hasta el final, hacernos amigos fuertes de Dios, formar noviazgos y familias fuertes, y vocaciones invencibles, para qué, cuando Dios llame a filas, haya soldados de Cristo preparados.

No es utópico lo que escribo, es real y palpable, pero debemos tener mucha paciencia y mucha sed de Dios, por ello es necesario tomar un plan de oración firme. El rosario y la comunión diarios, formación intelectual y de piedad, cultivar las buenas amistades, corregir nuestras malas inclinaciones del diario, y sobre todo ser muy alegres, porque así es como predicamos, con el ejemplo.

El mundo está necesitando de esa visión sobrenatural de las cosas, y ahí reside nuestro combate, en dar bien por mal, y sonrisas por tristezas. Así es como Jesucristo quiso hacer ver aquella parábola de la otra mejilla, porque para que nos peguen debemos estar, y si no estamos (aunque seamos pocos), se perderá el bien, y reinará la tiniebla fétida y podrida del demonio, que es el mundo moderno.

¡Y mientras a cantar y bailar, que es la mejor manera de resistir, porque Dios guía el barco!

Ignacio Giner Ruiz

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