Ante los acontecimientos recientes, muchos jóvenes católicos nos vemos asaltados por multitud de cuestiones en torno a la pobreza, cuestiones difíciles de entender y cuya respuesta parece volverse variable y mutable según qué referente nos la proporcione. ¿Qué es la pobreza, qué tiene que ver con nosotros, cómo debemos posicionarnos ante ella? ¿En qué manera la Iglesia vive de esta realidad?

Mucho puede decirnos la literatura cristiana de los últimos siglos, concretamente autores como Dostoievski, Bernanos, o León Bloy, cuya genialidad literaria nos presenta y dibuja, sin llegar a desentrañar, los grandes misterios de la fe.

¿Qué es la pobreza?

Como respuesta a la primera de las cuestiones, Bernanos entiende que la pobreza, lejos de ser una realidad social que el católico ha de cambiar y erradicar, es uno de esos lugares misteriosos donde se cumple el misterio de la gracia; infancia, pureza y pobreza son conjuntamente la esencia de las bienaventuranzas.

De ahí que el autor afirme de manera contundente que los pobres salvarán al mundo, y lo salvarán sin quererlo, contra su voluntad, y sin pedir nada a cambio, por desconocer el precio del servicio que habrán prestado. Más aún, no vacila en denunciar el desprecio que el mundo moderno profesa contra la pobreza evangélica, pues en ella se puede entrever el misterio de lo sobrenatural que las sociedades modernas niegan con tanto empeño,

Me atrevo a escribir que una sociedad sin pobres es cristianamente inconcebible, y si ya nadie tiene ya valor para escribirlo después de mí, considero que no habré vivido  en vano. ¿Queréis una sociedad sin pobres? Pues no tendréis más que una sociedad inhumana, o, más bien, la tenéis ya… El mundo moderno tiene dos enemigos, la infancia y la pobreza. ¿Qué no tenéis más necesidad de pobres que de santos, decís? Bien. Vais a ver, estáis viendo ya lo que podrá ser mañana una sociedad sin santos y sin pobres. Por cada pobre menos, tendréis cien monstruos, y por cada santo menos tendréis cien mil monstruos.

La pobreza como virtud

Así, los cristianos están llamados a defender y proteger la pobreza que proclaman las bienaventuranzas, junto con el espíritu de pureza y de infancia, pues dibujan el rostro de Jesucristo y describen su caridad. Bernanos es incansable a la hora de acusar y recriminar la tibieza de esos “bien-pensantes” que prefieren optar por el silencio cobarde antes que custodiar la promesa revelada.

No buscando la superación de la miseria, sino su aceptación, el cristiano, lejos de promover el progreso y asentar una sociedad construida únicamente sobre el bienestar, –con motivaciones mucho más profundas que las de lograr un intercambio y enriquecimiento cultural– se abre a la comunión en el sufrimiento de los hombres con un fin redentor.

Algunos de los personajes de Dostoievski encarnan perfectamente este misterio de la expiación de las culpas de los demás, tomando sobre sí la pobreza y la miseria de otros: Sonia, a través de su sufrimiento, salva a Raskolnikov y el príncipe Michkin, al final de la obra, haciendo suyo el pecado de Rogochin, se sume en la más profunda “enfermedad” de manera irreversible.

La belleza de la pobreza

De igual modo, la Iglesia se entrega a este acompañamiento y abnegación en la pobreza. Su discreta intervención, que va más allá de actuar como intermediaria para extinguir el odio y las desigualdades entre los pueblos, revela y pone de manifiesto el misterio de la Redención, pues, como indica Bloy, sabido es que ese Maestro se escondió a menudo entre los indigentes (…)

Es el mismo San Pablo quien nos enseñó que siempre hay algo que le falta al sufrimiento de Jesucristo, y que se algo tiene que realizarse en los miembros vivientes de su cuerpo. El misterio se completa en la Iglesia, perfectamente reflejada en la figura de la protagonista de la obra: La mujer pobre de Bloy, Clotilde, retrato y modelo de la verdadera pobreza,

De tanto sufrir, esta cristiana llena de vida y de fuerza ha comprendido que (…) no existe más que un medio de estar en contacto con Dios, y que ese medio, enteramente único, es la Pobreza. (…) la pobreza difícil, indignante y escandalosa a la que es preciso socorrer sin ninguna esperanza de gloria y que no tiene nada para dar a cambio. Afiliada a todas las miserias (…), su continua plegaria es una antorcha que ella sacude contra los poderosos.

Y es que es la Pobreza es capaz de mostrarnos el rostro de la única Belleza capaz de salvar al mundo.

Pilar Gallego

Otros artículos de Pilar Gallego: La Belleza, única esperanza ante la Nada https://revistahispanica.com/wp-admin/post.php?post=2344&action=edit

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

You May Also Like