El problema de la ficción en el mundo posmoderno

El problema de la ficción en el mundo posmoderno

Jorge Luis Borges, escritor argentino, en su relato Tlön, Uqbar, Orbis Tertius, dentro de su colección de cuentos Ficciones; imagina un grupo de personas que a modo de logia masónica deciden poner por obra un ambicioso proyecto: la creación completa de un planeta imaginario. Por ello escriben La Primera Enciclopedia de Tlön, la cual contendría todos los saberes (idioma, filosofía, botánica) propiamente suyos. El relato finaliza con la hipótesis de que este mundo se acabará por convertir en Tlön puesto que los seres humanos lo preferimos a nuestra realidad.

El planteamiento de Borges no es tan descabellado. En la descripción de la cultura de Tlön, tenemos unos seres cuyo lenguaje está tan lejos de la realidad que es imposible el desarrollo de la ciencia, la filosofía no busca la Verdad sino que hace muchas elucubraciones válidas todas por sí mismas y el único conocimiento posible es a través de la psicología.

El principal problema del mundo postmoderno es efectivamente este: el considerar la realidad como mera ficción

Posmodernismo: entre la realidad y la ficción

¿Podríamos decir que no nos estamos aproximando a Tlön? Muchos filósofos ya hablan de la incapacidad del lenguaje de acercarnos a la realidad, como Nietzsche; para quien el lenguaje al completo estaba basado en metáforas, o Wittgenstein. Este desligamiento con la Verdad o la realidad capacita al hombre para romper todos los límites en su creación o en su comportamiento moral.

El principal problema del mundo postmoderno es efectivamente este: el considerar la realidad como mera ficción. Esto entronca con la naturaleza teleológica del hombre, si no crees en el Bien, en la Verdad; si no crees que después de la muerte te espera la Vida Eterna; difícilmente podrás encontrar esa Verdad en el mundo terrenal. Si por ello piensas que la muerte es caerte en la nada, tus actos se vaciarán de sentido, tu vida será un mero constructivismo de ti mismo puesto que careces de naturaleza y puedes “malear” la realidad a placer.

Esto lo comprendió Segismundo al declamar este monólogo: que los actos de esta vida son trascendentes en relación con el Mundo Venidero

La vida, ¿es sueño?

Qué es la vida? Un frenesí.

¿Qué es la vida? Una ilusión,

una sombra, una ficción

y el mayor bien es pequeño; 

que toda la vida es sueño,

y los sueños, sueños son. 

                                                                                                                                                                La ficción de, por ejemplo, Calderón de la Barca en La vida es sueño –todos recordaremos los versos finales del segundo monólogo de Segismundo–, es bien diferente a pesar de las apariencias. Tiene relación con la teoría neoplatónica de que este mundo es solamente un sueño y la muerte será el despertar a la Vida Verdadera, a la Vida Eterna.

Esto lo comprendió Segismundo al declamar este monólogo: que los actos de esta vida son trascendentes en relación con el Mundo Venidero. Por ello deja su comportamiento salvaje y decide, rompiendo cualquier pronóstico de las estrellas, cumplir con la justicia al final de la obra teatral.

Si ya no confiamos en la relación significado-significante, si no buscamos la Verdad con nuestro lenguaje, con nuestra alma y con todo nuestro ser, ¿no caeremos en un lenguaje contradictorio, que ya no tiene lógica consigo mismo?

El error del pensamiento moderno es creer que el lenguaje es esencialmente contradictorio

El error del pensamiento moderno

El error del pensamiento moderno es creer que el lenguaje es esencialmente contradictorio, pero porque han caído en la trampa: al no buscar a Cristo, la Verdad, el lenguaje realmente se hace contradictorio… Y si seguimos así quizá este mundo si se convierta en Tlön.

Ya nos previno Chesterton en su acertada alegoría de La esfera y la cruz, que en el momento en el que pusiéramos la esfera (que representa al mundo) por encima de la Cruz (Cristo), el mundo se vendría abajo cayendo por propia lógica. Porque el orden natural, en el que solamente puede el mundo puede progresar es poniendo la Cruz como cumbre y corona de la esfera.

Quisiera terminar citando a otro escritor argentino, Leonardo Castellani, que creo que condensó todo esto en pocas palabras:

El que no respeta mucho las palabras no respeta mucho las ideas. El que no respeta mucho las ideas no respeta mucho la Verdad. Y el que no ama enormemente la Verdad, simplemente se queda sin ella. No hay peor castigo.

Belén Gómez Carmena

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