Cardenal Sarah al servicio de la verdad.

Desde hace años, se ha instalado un nuevo clima eclesial en que se transigen los pecados graves de algunos sacerdotes mientras se persigue la fidelidad y virtud de otros. Bajo esta tesis, defendida por Robert Sarah en Al servicio de la Verdad (Palabra), el cardenal guineano ha publicado unos ejercicios espirituales orientados a sacerdotes con un objetivo: retomar el verdadero significado y contemplación de la Misa.

Sin ser algo exclusivo de la actualidad, que hoy existe una acentuada “dejadez en la liturgia” es algo evidente para el cardenal. Algo que refleja, entre otras cosas, una grave “enfermedad espiritual del sacerdote”.

¿Por qué está causada esta dolencia? Afirma Sarah que “hoy hay usos y medios, al menos en el mundo occidental, que facilitan el pecado”.

Entre ellos enumera “la educación religiosa insuficiente –incluso en las familias católicas–”, y la costumbre de no pocos sacerdotes de “ver la televisión, jugar con el ordenador, pasar mucho tiempo con el móvil o salir a discotecas”.

Pero sobre todos estos factores, hay uno especialmente grave para Sarah: la escasa preparación teológica y litúrgica que se da en medio de una “gran batalla” en torno a la Misa.

Cardenal Sarah Al servicio de la verdad.

Las dos conversiones de la Liturgia

Explica Sarah que el sacerdocio “no es un trabajo como los demás. Es una misión que dura toda la vida en la que el sacerdote es –y no hace de– ministro de Dios y representante de Cristo”.

Como parte de esa misión, la Liturgia representa una extraordinaria ayuda para la conversión y santificación. “El deber primordial del hombre es orientarse hacia Dios”, lo que “siempre implica dos aspectos: hay que girarse físicamente hacia el Señor para celebrar el divino Sacrificio de la Misa, y volverse figuradamente, esto es, convertirse cada vez más a Cristo”.

“Estos dos aspectos de la misma palabra se contraponen a menudo en la mentalidad reciente, cuando deberían ir siempre juntos, por ser inseparables, según el pensamiento de la Iglesia”.

La liturgia debe orientarse a Dios

En defensa de la verdad” advierte de que asistimos a una “gran batalla desencadenada en torno a la liturgia”, en la que la orientación de la acción litúrgica es “uno de los temas más debatidos”.

Citando el Concilio de Trento, Sarah explica que la Iglesia ha instituido los ritos litúrgicos por ser “una madre amorosa, que conoce las dificultades de sus hijos y desea ayudarles”. Los hombres, señala el concilio, difícilmente “logran orientarse a la contemplación de las realidades eternas. Por eso la Iglesia, estableció los ritos litúrgicos como ayudas para la elevación del alma a la contemplación de las cosas eternas”.

Es por ello que eliminar, alterar o disminuir los signos –también los relativos la orientación litúrgica– “es un error fatal, porque a menudo daña el camino de conversión”.

La liturgia, prosigue, “es devolver a Dios la primacía y adorarlo de rodillas”, tomando ejemplo de la Iglesia triunfante, “en todo instante vuelta hacia el Señor y no hacia sí misma”.

En una época en que ciertos obispos dejan en sus puestos a sacerdotes de los que no ignoran sus pecados, se está dispuesto a remover a un sacerdote por hacer una cosa buena: celebrar cara al Señor

Y no solo no ocurre, sino que se persigue

Y en lugar de ello, “en la mayoría de los casos, estamos acostumbrados a ver al sacerdote a celebrar de cara al pueblo”. El problema, explica, no es solo que no se celebre `ad orientem´, sino “el clima eclesial por el cual, si un sacerdote celebra vuelto hacia el ábside, es considerado cismático”.

Para el cardenal, parece que “basta esta postura litúrgica para hacer de un sacerdote alguien que no estaría en comunión con la Iglesia”.

No hablemos de la celebración por el uso antiguo de la misa, cuya prohibición, añadió Sarah en otra ocasión, “solo puede estar inspirado por el demonio que desea nuestra asfixia y muerte espiritual”.

Tal y como explica en Al servicio de la verdad, “celebrar de cara al pueblo dificulta más estar en presencia del Señor, mantenerse recogido en Dios” y hace “decaer el carácter simbólico de la orientación teocéntrica y cristocéntrica de la Liturgia”.

Y ocurre, paradójicamente, que “hay obispos que, a un sacerdote que quisiera celebrar cara al Señor, le impondrían bajo mandato de obediencia celebrar cara al pueblo y hasta cesarle de sus cargos”.

Es una muestra más de cómo, “en una época en que ciertos obispos dejan en sus puestos a sacerdotes de los que no ignoran sus pecados, incluso graves, se está dispuesto a remover a un sacerdote de su plaza por hacer una cosa buena: celebrar cara al Señor”.

La pérdida del celo por la salvación de las almas, la desafección hacia los obispos, las polémicas de los sacerdotes en redes sociales o “la dejadez en la liturgia” son, para Sarah, distintas caras de un mismo problema, que se puede conocer mejor –junto con algunas de sus causas y propuestas para su resolución– en Al servicio de la Verdad, publicado por Ediciones Palabra.

Puedes adquirir aquí el libro del cardenal Sarah Al servicio de la Verdad.

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