Cuadro cocina mamá antigua

Si hay algo que envidio de otros idiomas es que en su léxico de uso habitual hay un término que en español cada vez vamos utilizando menos, hogar. El hogar era el lugar en torno al cual se reunían las familias, donde se trataban desde los asuntos menos importantes hasta las grandes cuestiones de la vida, siempre fueron la primera escuela del individuo. Su importancia llegó a tal punto que fue una medida de población en muchos lugares durante la Edad Media.  Junto a este siempre ha habido una figura que aunque ahora se desvirtúe y nos quieran hacer creer que no es importante, que es cosa del pasado, que puede ser asumida por cualquiera, las madres.

Hoy ya no hay un fuego en torno al cual nos reunimos, pero sí que por pequeña que sea hay otra estancia en las casas que nos atrae a todos, la cocina. No es por el olor, porque sea más bonita que las demás, o porque tenga mejor luz, sino porque es el lugar donde está mamá.

No es capricho que sea una de las primeras palabras de los niños. Es el primer amor que conoce todo ser humano, incondicional y desinteresado. La que pone rostro a la entrega y voz al amor. Es allí, con ella, con quien se aprende a hablar, a caminar, y al caer a levantarse.

Su cocina es el lugar donde firmamos nuestro primer tratado de paz y las primeras alianzas, la zona neutral de toda familia. Donde mientras fermenta una masa madre, se fomentan aficiones. Allí ningún problema es demasiado grande para no superarlo ni hay logro pequeño por el que uno no merezca ser felicitado.

La cocina de mamá es ese lugar donde por pequeño que sea el espacio siempre hay un sitio para uno más. Pero no es solo donde se aprende el arte de servir y compartir una buena comida: Es hospital, biblioteca, capilla y escuela.

La cocina de mamá es el corazón del hogar, desde donde se bombea cariño y unión, donde se ordenan los afectos, se fortalece la familia y se ennoblecen las almas.

Ahora que nos venden que incluso un hombre puede ser madre hay que recordar que madre no puede ser cualquiera porque madre solo hay una. Cómo de importante la consideró Dios que incluso a su Hijo le buscó una.

Bárbara Ruiz Lucini

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