Mayo del 68: un punto de inflexión.

Muchos de los pensadores actuales que estudian el desarrollo de las ideas en los últimos siglos afirman que las revueltas ocurridas en París en mayo del 68 fueron un punto de inflexión; con un marcado antes y después. Más bien, muchos corroboran  que fue el punto en el que la ideología moderna pasó de las élites intelectuales a la masa popular.  Y esto lo confirman tanto pensadores en contra de esta ideología (Gabriele Kuby, Roger Scruton, Fabrice Hadjadj), como los que están a favor. Más bien, las consecuencias de esa revuelta las podemos ver ahora mismo en nuestro mundo posmoderno.

En plena Guerra Fría, los estudiantes de la Universidad de París decidieron tomarla en una protesta pseudo-marxista que gritaba en un deseo de hedonismo y de rebeldía ante la sociedad de consumo y la burguesía. Los estudiantes pintaron en las paredes los famosos lemas de la revuelta: “La imaginación al poder”, “Seamos realistas, pidamos lo imposible”, “Mis deseos son la realidad”, “Abramos las puertas de los asilos, de las cárceles y demás facultades”, “Ya no digas Señor profesor, di: ¡muérete  cabrón!”, “Viva lo efímero”, “Gozad aquí y ahora”, “Yo decreto el estado de felicidad permanente”.

Mayo del 68 fue el punto en el que la ideología moderna pasó de las élites intelectuales a la masa popular

Pero, ¿qué ideas estaban en la base de estas revueltas y cómo han podido calar de tal manera en nuestra sociedad de manera que hayan minado tan enormemente el pensamiento occidental tradicional? El conjunto de la influencia de la ideología marxista con la Escuela de Frankfurt, los seguidores de Freud y el ambiente de las vanguardias artísticas como el surrealismo dieron lugar a un campo de cultivo en la mente de los alumnos que estalló de esta manera, sus gotas siguen empapando las mentes de nuestros contemporáneos, y la onda se expande cada vez más en el pantano de la posmodernidad.

La ideología marxista basada en la lucha de clases fue reinterpretada por pensadores como Gramsci o Marcuse y llegó al plano de lo cultural, de las ideas, la verdadera revolución consistiría en cambiar y subvertir lo más profundo del espíritu del hombre. También Michael Foucauld, siguiendo a Freud extenderá la idea de que todo tipo de jerarquía y orden en la sociedad es opresor, considerando que esta establece lo que es normal y lo que no lo es. Querían un igualitarismo exacerbado que al carecer de criterio y valor de unas cosas sobre otras caía en un nihilismo y en la llamada “época del vacío”: si todas las ideas son igual de válidas, entonces no existe ninguna que sea Verdadera. Esto sería el paradigma de la posmodernidad, en contra del pensamiento occidental tradicional y judeocristiano: hay Una Verdad y esta no es otra que Cristo.

Pasa otro tanto con la identidad del hombre, que acaba siendo esclavo de sus deseos:

… la persona deja paso a un yo desnudo, despojado de su espiritualidad, una suerte de resorte psíquico, con afectaciones y estados patológicos o equilibrados, expuesto a los requerimientos que la pulsión consigna, pero desligado de las fuentes de su sentido, desterrado del suelo nutricio de la cultura, de la verdad, del bien. (Mayo del 68, claves filosóficas de una revuelta posmoderna)

¿Cómo estos planteamientos han llegado a ser populares de manera que incluso desde los gobiernos y la ONU se difunden y se implantan? Gracias a los medios de comunicación dirigidos por ellos han acabado impregnándose teniendo como vía la cultura. El materialismo capitalista y burgués sobre el que se rebelaban los jóvenes del 68 ha dado lugar a otro tipo de materialismo hedonista y posmoderno; que los gobiernos aprovechan para tener a la población “satisfecha”; al modo del soma de ese mundo que tanto se va pareciendo al nuestro y que Aldous Huxley bien reflejó en su libro.

Pero, ¿realmente la población está satisfecha? ¿Es feliz el mundo en el que vivimos? ¿O los jóvenes de nuestro tiempo, como los de mayo del 68, gritan sedientos por el agua que sacia eternamente? ¿Alguien les ha hablado alguna vez de Verdad, Bien, de Belleza? ¿Tienen esperanza en la Vida Eterna? ¿Qué hay de ese Amor, el Único que llenará el vacío de sus corazones y que brota como un rayo de luz del costado abierto del Rey de Reyes? ¿Qué hay de la trascendencia; la que llenará sus días si los inclinan siempre hacia el Bien?

Se trata de una solución espiritual, pues el hombre, olvidándose de Dios, se ha dejado arrastrar por doctrinas complicadas y extrañas. Sólo cuando se haga criatura otra vez, se haga pequeño, o se quite el sombrero, podrá pasar por la Puerta que le llevará a la Felicidad Verdadera donde nunca más tendrá sed.

Belén Gómez Carmena

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