Fundación Universidad de La Habana

La Fundación de la Universidad de la Habana el 5 de enero de 1728 representa un hito más del proceso de expansión cultural desarrollado en América como influjo de la acción conjunta del trono y altar en la Hispanidad. La conmemoración de la fundación de esta universidad en 1728, –efeméride muy cercana al comienzo de actividad en la Universidad de San Marcos (Lima) el 2 de enero de 1553–, confirma las palabras del catedrático Fernando Betancourt, al afirmar como hecho indudable «que los pilares básicos sobre los que se apoyó la gesta civilizadora de España en el Nuevo Mundo fueron los colegios y las universidades».

La fundación de universidades en la Hispanidad

La Fundación de universidades en América fue una de las constantes de la Hispanidad desde los mismos orígenes de su expansión en el Nuevo Mundo. Es el caso de la primera universidad hispanoamericana, la Santo Tomás de Aquino, fundada en Santo Domingo en 1538. Le siguieron las universidades de México y Lima (1551), Santiago de la Paz en Santo Domingo (1558) o Bogotá en 1580 para cerrar el siglo XVI.

Tan solo un siglo después, con menos de 10 millones de españoles en la América virreinal, eran más de veinte los faros de cultura universitarios presentes en la Hispanidad. La fundación de universidades se mantendría ininterrumpida hasta las independencias, alcanzando las 33 universidades en 1824, destacando San Gregorio (Quito, 1704); Santa Rosa (Caracas, 1721); San Felipe (Santiago de Chile, 1738) y por último, en 1827, la San Agustín (Perú). La efeméride que  se celebra hoy, 5 de enero, pero de 1728, fue la fundación de la Universidad de La Habana, en San Jerónimo.

Nos encontramos ante un proceso cultural que, lejos de ser endogámico, y de contener en si una grandeza de corte arqueologista en la Hispanidad, representa la continuación de la labor cultural comenzada en España siglos atrás. Como explica Furlong (1969), se comete un error al remontar la tradición universitaria americana a los siglos XIX, XVIII, o incluso XVII: «las universidades americanas no nacieron en tierras americanas sino que vinieron en plena madurez, desde Salamanca, Alcalá, Valladolid o Barcelona».

La fundación de universidades se mantendría ininterrumpida hasta las independencias, alcanzando las 33 universidades en 1824

La Universidad de La Habana: Orígenes, historia y protagonistas

La Fundación de la Universidad de La Habana encuentra en el 5 de enero de 1728 una fecha fundamental. El 12 de septiembre de 1721 Inocencio XIII concedió a los dominicos de Santo Domingo de La Habana la autorización para fundar su universidad. El documento,  Aeternae Sapientiae. Un breve que permitió continuar el proceso el 5 de enero de 1728 con el Auto de Fundación, al que asistieron autoridades civiles y los primeros docentes, dominicos graduados en la Universidad de Santo Domingo.

Sin embargo, La Habana tendría que esperar hasta 1735, cuando comenzaría la actividad académica tras un largo proceso: La redacción de los estatutos definitivos (22-12-1732), su aprobación por Felipe V (26-7-1734), su llegada definitiva a la Habana y entrada en vigor, en agosto de 1735.

Los Estatutos de 1734 continuaron la transmisión escolástica de la educación desde la península a la América virreinal. Por ello, La Habana se compartimentó en cinco facultades: la menor, de Filosofía o Artes, y las cuatro mayores de Medicina, Leyes, Cánones y Teología. También existían las cátedras independientes de matemáticas y gramática. Los pilares intelectuales y académicos de cada una de las facultades fue la filosofía aristotélica; Avicena (Medicina); la compilación de Institutas de Justiniano (Leyes);  las decretales de Gregorio IX, Graciano y Clemente V (Cánones); y por último, Pedro Lombardo y Melchor Cano (Teología).  La doctrina aristotélico-tomista permeará, no obstante, todo el desarrollo de cada una de las facultades y cátedras.

Este programa intelectual se mantendrá, con algunos cambios accidentales, hasta la secularización de la Universidad a partir de 1841, durante el gobierno de la isla por Jerónimo Valdés Moriega y Sierra, auditor de la aplicación del nuevo programa educativo peninsular.

«Las universidades americanas no nacieron en tierras americanas» (Furlong, 1969)

¿Cómo ingresar en la Universidad de La Habana?

Para el acceso a la universidad, era práctica común la presentación por el aspirante de un testigo que corroborase mediante juramento la limpieza de sangre del interesado, así como la buena vida, fama y costumbres del mismo. Algunos de estos requisitos se materializaban en no haber sido castigados por el Santo Tribunal de la Inquisición o profesar la religión cristiana.

Una vez admitido, el alumno comenzaba el curso escolar a mediados de septiembre y finalizaba en el mes de marzo. La costumbre peninsular era comenzar en San Lucas y acabar el 18 de junio, tal como recoge la Real Provisión del 3/8/1771. Los alumnos debían asistir a 3 clases diarias matutinas además de las Conferencias y disputas los sábados y días no lectivos.

La fundación de la Universidad de La Habana supuso un incremento notable en el desarrollo cultural de la isla. Según Carlos M. Trelles (1937), desde la fundación hasta comienzos del siglo XIX (1734-1800), se otorgaron un total de 410 títulos de doctorado en la Universidad de La Habana: 144 títulos de doctorado en teología, 110 en filosofía, 70 en derecho canónico, 38 en derecho civil y otros tantos en medicina, entre otros. Un éxito que confirmarían las auditorías a la universidad desde 1781, por los visitadores Urriza o Hernani.

Los Estatutos de 1734 continuaron la transmisión escolástica de la educación desde la península a la América virreinal

Supervisión y funcionamiento de la Universidad

La Real Orden del 15/12/1767 establecía una visita anual del Intendente, acompañado del Fiscal más joven de la Real Hacienda y un escribano. Un proceso desarrollado para levantar acta sobre el buen estado de la Universidad y configurar lo que hoy llamamos «estándares de calidad». Algunos de ellos eran las instalaciones materiales, la supervisión del trato entre maestros y alumnos, el cumplimiento de las obligaciones de los maestros o el número de alumnos. Don Juan Ignacio de Urriza, visitador entre 1781 y 1784, afirmó de La Habana su excelente estado de funcionamiento: «Nada encontré digno de corrección. Todo estaba en orden y método». Opinión secundada por su sucesor, Don Domingo de Hernani, quien se cercioró en 1789 «del buen servicio de las cáthedras y reparé que… tenían crecido número de estudiantes», según expone Amores Carredano.

Mención especial merece la Biblioteca de la Universidad de La Habana. La primera noticia de ella data del documento firmado por Alfonso Viana en 1794, el Reglamento de la Biblioteca Pública de La Habana. En 1800, la Sociedad Patriótica de La Habana dotará de relevantes fondos a la biblioteca, firmando el 9 de diciembre las cláusulas de funcionamiento. Entre las más relevantes, se establece la dirección de la misma por los Padres Predicadores, siendo nombrado bibliotecario Fr. Manuel de Quesada y el Pbro. Juan de O’Gavan su secretario.

La Habana es uno de los primeros casos de «Depósito Legal» en Hispanoamérica

La biblioteca de la Universidad de La Habana

La biblioteca de La Habana supuso un adelanto en la administración de las bibliotecas modernas. La Habana es uno de los primeros casos de «Depósito Legal» en Hispanoamérica, después de que en 1800 la junta solicitase la concesión de «utilidad pública» (Sánchez Baena, Chaín Navarro, 2007), recibiendo la biblioteca dos ejemplares de cada libro, papel o discurso impreso en La Habana. La solicitud sería concedida por el Marqués de Someruelos, gobernador y capitán general de la Isla.  Desde los primeros pasos de la biblioteca uiversitaria, esta contó con relevantes obras del momento, destacando a Herculano, Montfaucon, Moreri, Bayle o Picard. El buen desarrollo de la biblioteca fue prácticamente ininterrumpido hasta la independencia. Trece años después de las cláusulas de funcionamiento, la biblioteca almacenaba casi 3.000  volúmenes, ampliándose a los 7.000 durante los años 30 del XIX.

Pese a la buena marcha de la biblioteca, los fondos de que disponía eran de utilidad pública, y la titularidad pertenecía a la Sociedad Patriótica. La adquisición de la Sociedad Económica de un edificio propio para almacenar sus fondos residentes en la biblioteca de la Universidad motivó el traslado de casi toda la colección en 1844. A partir de este año, la Universidad de La Habana comenzó un largo periodo de captación de fondos.

Con tan solo unos cientos de volúmenes en 1844, la colección se amplió a 1.539 en 1890, siendo la última mención a la biblioteca de La Habana hispánica relativa a la proposición de compra de los volúmenes que restaban de la Historia General del Arte y del Diccionario Enciclopédico Hispano-Americano para la Biblioteca de la Escuela de Ingeniería (Sánchez Baena, Chaín Navarro, 2007).

José María Carrera

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