Más sangre y menos horchata de Jacobo Hernández Mora Berrendo en Cárdeno.
“No hay mejor marketing que la casta”. Esto rezaba una pancarta que ondeaba una soleada tarde en la Feria de San Isidro en el Tendido 7.
¿Qué es la casta? Brevemente hay que explicar que la casta es la capacidad de un toro de sobreponerse al castigo que se le presenta. En resumidas palabras, o más bien en una sola: emoción. Un toro encastado es aquel que consigue hacer vibrar al aficionado, el que al final, queda en la memoria.
Pongo unos rápidos ejemplos: Pastelero de Victorino Martín; Hebreo, de Jandilla; Agitador, de Fuente Ymbro; Capitán, de Hernández Plá; Mulillero de Adolfo Martín o Bastonito, de Baltasar Ibán. Por ende, son toros que cualquier aficionado recuerda.
Si cuando suena el clarín se presencia un desfile de animales que en vez de sangre tienen horchata, vamos de cráneo
¿Y a qué viene esto? Pues que se me ocurrió ver la “Corrida Guadalupana” que es, ni más ni menos, la corrida que tiene lugar cada 12 de diciembre en la capital mejicana en honor a la Virgen del mismo nombre, patrona de esa nación. Como día grande que fue, se tocó el himno nacional, hubo un minuto de aplausos, oraciones… Hubo actos de todo tipo; religiosos por la Virgen, y patrióticos por ser día nacional. Me parece estupendo y en su derecho están, pero… ¿Qué pasó en el ruedo? Sopor y tedio.
Antonio Ferrera levantó pasiones con un torillo indigno al cual se le pidió el indulto, pero el extremeño, con gran criterio, hizo caso omiso al público y lo mató.
Morante de la Puebla por su parte, hizo lo que pudo con otros tantos torillos flojos de solemnidad. Independientemente del resultado artístico de los toreros, ver esos ocho animales dóciles cual mascota doméstica fue insufrible. (Apunto que vi la primera parte y cuando Morante estoqueó su segundo toro, es decir, el quinto del orden de lidia, apagué y me acosté). Parafraseando a nuestro refranero, en vez de sangre, debían tener horchata. El estado del campo bravo mejicano es absolutamente desolador. ¿Por qué? Cada vez lo tengo más claro. El indulto en Méjico está a la orden del día: se perdona la vida a cualquier animalejo por noblón que sea, y eso es un error gravísimo. Más nobleza, más suavidad, más bondad… De generación en generación se aumenta todo esto en las diferentes ganaderías aztecas a base de constantes indultos y al cabo de unos pocos años, los toros carecen de emoción, de peligro… de CASTA. 
Se perdona la vida a cualquier animalejo por noblón que sea, y eso es un error gravísimo
Es constante, por lo menos desde que uso Twitter. Ahí es cuando de verdad me he dado cuenta de cómo está la situación allende nuestra tierra. Lo curioso del aficionado español que es abonado a Movistar, es que es como los seguidores del Atleti: sufridor. Me alucina (y admira) ver como desde mediados de noviembre hasta finales de enero, que es cuando tiene lugar la llamada Temporada Grande, cada domingo, los españoles abonados al Canal Toros, ponen la tele a las 11.30 de la noche (16.30 horas allá) y móvil en mano se disponen a comentar lo que ocurre en la plaza más grande del mundo. Invierno tras invierno, es leer Twitter durante ese rato y ver como empiezan a despotricar soltando sapos y culebras. Da igual quien toree, da igual quien lidie, allí están fieles al canal. Más arriba digo ocho toros (¿pero las corridas no son de seis toros?) si te has parado en este detalle, explicaré que en Méjico es habitual festejos de ocho toros y cuatro toreros en vez de seis animales y tres matadores como es lo tradicional. Además, en ese país es costumbre que los toreros regalen un sobrero sin motivo alguno, es decir, que hay corridas de siete toros o de nueve, según sea el caso. Horas y horas y horas de sopor, y claro, un domingo estar viendo toros a las tres y pico de la noche pues no es aconsejable si al día siguiente hay que madrugar. 
Lo curioso del aficionado español que es abonado a Movistar, es que es como los seguidores del Atleti: sufridor
El protagonista es el Toro. Eso debe ser innegociable. Podrá haber himno, desfile, izado de bandera, concierto musical mientras la gente ocupa su localidad y hasta baile de “cheerleaders” si me apuras. Lo que sea. No me preocupa. Pero si cuando suena el clarín se presencia un desfile de animales que en vez de sangre tienen horchata, vamos de cráneo. La culpa es de los ganaderos, son ellos los que tienen la responsabilidad de buscar la emoción, la casta, la fiereza… La espiral de indultitis en la que nos encontramos es frustrante. Y arrreglarlo, complicado. No por buscar una solución, que la hay, sino por querer de verdad hacerlo. ¡Basta de horchata, ya es hora!
Si los mejicanos están felices con que dure cinco horas un festejo taurino, allá ellos. Yo he visto finales de Wimbledon más cortas que una corrida de toros en la capital azteca. Una y no más, Santo Tomás. Lo tengo clarísimo. 
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