Hoy a primeras horas de la mañana (horario español) hemos presenciado la triste realidad de la aprobación en el Senado argentino de la ley por la cual se despenalizará el aborto en dicho país.

El resultado de la votación ha sido de 38 afirmativos, 29 negativos y 1 abstención.

Contrastan estos resultados con los obtenidos hace dos años, en 2018. En dicha votación fueron 31 afirmativos, 38 negativos y 2 abstenciones.

La presión mediática para la aprobación de esta ley ha sido realmente feroz, y la coacción de las organizaciones internacionales mediante “subvenciones” ha sido eficaz y ha subyugado a varios.

Esta ley inicua que hoy se aprueba, ni es ley, ni durará más de dos años si los católicos nos movilizamos como lo han hecho nuestros enemigos. Es de admirar la perseverancia para el mal que tienen los enemigos, y la inconstancia para el bien que tenemos nosotros. No deben estos resultados desanimarnos, sino hacernos reaccionar más eficazmente. El enemigo no descansó ni un día cuando perdió, ¿descansaremos nosotros caídos por el desánimo? Surjan nuevas estrategias y fortalezcan las convicciones para el bien, que el Altísimo está con nosotros y nos pide que combatamos, seamos muchos o pocos, que la victoria corre de su cuenta.

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